Opinión
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Nachig: de conflicto religioso a problema político
Carlos Martínez García
P

or no atender el asunto en sus primeras expresiones de conflictividad, las autoridades gubernamentales de Chiapas enfrentan hoy un problema que ha crecido en violencia.

Dos décadas atrás comenzaron las conversiones a la fe protestante. Entonces los primeros creyentes, debido a la hostilidad en su contra, debieron salir de Nachig, municipio de Zinacantán, para salvaguardar su integridad. Se asentaron en la colonia San Antonio del Monte, en la periferia de San Cristóbal de las Casas. Allí edificaron un templo, al que llamaron Príncipe de Paz.

En la década reciente se fue incrementando el número de evangélicos en el poblado zinacanteco. Al mismo tiempo las reacciones del cacicazgo tradicionalista se manifestaron en crecientes ataques, desde actos discriminatorios hasta golpizas y encarcelamientos. Hace casi dos años, el 4 de noviembre de 2008, el asunto tuvo un giro cuando varios evangélicos fueron encarcelados por negarse a desarrollar cargos tradicionales, por considerarlos incompatibles con una fe distinta a la que rinde culto a los santos e incluye un alto consumo de bebidas embriagantes.

El 15 de enero de 2009 el liderazgo tradicionalista corta a los evangélicos los servicios de agua y luz por cuatro días. Autoridades del gobierno de Chiapas negocian con el fin de que agua y luz sean restablecidos a los protestantes. Para ello, según los agredidos, funcionarios gubernamentales cubren 100 mil pesos por cuotas atrasadas de los hostilizados en la financiación de fiestas patronales católicas. Los líderes de los evangélicos en Nachig sostienen que el gobierno actuó incorrectamente al pagar la cantidad antes mencionada, que lo conducente era hacer valer las leyes y proteger a quienes se niegan a cooperar en festividades que son ajenas a sus creencias.

De poco valió el pago gubernamental, porque, al poco tiempo, de nueva cuenta los evangélicos de Nachig volvieron verse privados de agua, luz y teléfono por dos semanas. Entonces las autoridades chiapanecas buscaron que las partes establecieran acuerdos. Los agresores exigieron la firma de documentos en los que el grupo disidente se comprometería a guardar las tradiciones del lugar. Los evangélicos respondieron que estaban dispuestos a colaborar en el mejoramiento de Nachig, trabajando en la construcción de caminos y mejoramiento de las escuelas, por ejemplo, pero que por conciencia no podían aceptar labores en las que estuviese en juego su confesión religiosa. Es decir, manifiestan su rechazo a que se les obligue a participar en festividades católicas tradicionalistas.

A principios de diciembre de 2009 la agresión alcanza un nivel hasta ese momento inédito. Un piquete de tradicionalistas rapta al evangélico Mariano Pérez Jiménez y lo conduce a la agencia municipal. Enmascarados se burlan de él, y después con jaloneos y ofensas le rapan el cabello y las cejas. De la acción quedan imágenes que estrujan, porque los mismos agresores graban sus acciones con un teléfono celular. Para regodearse en su ataque, comparten la grabación con otros pobladores de Nachig hasta que una copia llega a manos de los evangélicos. Éstos se transmiten las imágenes y alguno de los jóvenes decide subirlo a YouTube. Los interesados pueden acceder al video y comprobar por sí mismos lo escrito (www.youtube.com/watch?v=5FoX9ON9qG0).

El episodio más reciente de la cadena de agresiones por parte de los católicos tradicionalistas tuvo lugar el 26 de junio. Después de haber asistido a un mitin para manifestar apoyo al candidato del Partido de la Revolución Democrática, porque éste externaba en su plan de gobierno que haría respetar la libertad de creencias en Nachig, los priístas los rodean y atacan con todo lo que tienen a la mano, incluso armas de fuego. Según informan los líderes del grupo evangélico, hubo dos muertos, uno de cada bando. Pero, de acuerdo con los agredidos, el deceso del católico tradicionalista ocurre por el fuego amigo que le alcanzó. Para incriminar a los evangélicos, a decir de su vocero, José Sánchez Pérez, las autoridades ministeriales falsearon pruebas. Es necesario agregar que los evangélicos debieron refugiarse en un local, desde su interior vieron cómo sus agresores prendieron fuego al mismo y a varias de sus propiedades. Calculan las pérdidas cercanas a los 4 millones de pesos.

Casi 500 protestantes huyeron de Nachig y se refugiaron en el templo Príncipe de Paz, del que dimos algunos pormenores en el inicio de este artículo. Las autoridades gubernamentales del estado intervinieron para buscar acuerdos entre unos y otros. Cuando lo conducente era hacer valer las leyes y brindar condiciones de seguridad a los agredidos, y no tratar de convencer a los atacantes de que tuviesen voluntad para permitir el retorno de los evangélicos.

El caso Nachig creció por la incapacidad para resolverlo del subsecretario de Asuntos Religiosos de Chiapas, Enrique Ramírez Coronado. Eso afirman el Coordinador de Comunicación Social Región Altos del Consejo Estatal de Iglesias Evangélicas del Estado de Chiapas, Antonio López Herrera, y la organización defensora de la libertad de creencias Puertas Abiertas. Entonces el asunto pasó al ámbito de la Secretaría General de Gobierno de esa entidad. Ciento cincuenta años después de que el indígena zapoteco Benito Juárez promulgó la Ley de Libertad de Cultos (4 de diciembre de 1860), a los indígenas evangélicos de Nachig se les regatea el ejercicio de ese derecho. Nota: al terminar este escrito me entero de que los indígenas protestantes han regresado a Nachig, excepto sus líderes. Los tradicionalistas se oponen al retorno de ellos.