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A la mitad del foro

Los hijos de Sánchez

León García Soler
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Es una vergüenza que en el país haya 7.5 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, dijo el rector de la UNAM en días pasadosFoto Marco Peláez
E

s una vergüenza que 7.5 millones de jóvenes no tengan empleo ni acceso a la educación, dijo el doctor José Narro, rector de la UNAM. Es una desgracia, una tragedia, pero antes que todo y por encima de todo, es un fracaso criminal del gobierno y sus valedores, los oligarcas. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer las cifras del desastre: 14.9 millones de jóvenes con edades de entre 12 y 29 años están en la pobreza. Y la desesperanza: en el universo total de jóvenes en la miseria los hay que tienen empleo, trabajadores cuyo salario no alcanza para comer.

Vamos a reunir a todos los notables y recitar parábolas evangélicas para insistir en que son muchos los llamados y pocos los escogidos. Vamos a escuchar arengas guerreras y la generosa concesión de debatir la posible legalización de la mariguana. Vamos a ver el cortejo de notables en el Campo Marte y dejar en suspenso las razones o sinrazones de la ausencia de representantes del Poder Legislativo. Vamos a recibir las bendiciones y recriminaciones de obispos y cardenales, a cuyos santos oídos llegan las confesiones de los malos a los que, dice el inefable Onésimo Cepeda, no se podrá excomulgar, pero sí a sus madrecitas, esposas e hijas. Vamos a integrar las policías en un solo y centralizado cuerpo: fascio, falange, o genízaros sin luna creciente como única concesión al laicismo.

Nadie se rinde, dicen los generales que combaten el crimen organizado sin órdenes de aprehensión, que establecen estados de excepción, porque la guerra es la guerra, y su jefe no ha tenido a bien solicitar autorización del Congreso para suspender las garantías individuales donde impera el narco. Aquí nadie se rinde y los cónclaves de las clases dominantes son repetición incesante de lo bizantino, del cómo y para qué hay que alcanzar la unidad en el combate. Aunque quede pendiente la unidad en lo político, en lo esencial, en el acuerdo para instituir una política social de Estado que atienda al universo de pobres: a 42.9 por ciento del total de jóvenes que hay en el país y en la pobreza; a la desigualdad que se acentúa en los de menor edad y exhibe las diferencias abismales entre las entidades de la Federación.

En Chiapas, 75.8 por ciento; en Guerrero, 67.4; en Puebla, 61.7; en Oaxaca, 61.2 por ciento de los jóvenes son pobres. En Nuevo León, donde los grupos Monterrey acumularon riquezas y poder, únicamente 19.4 por ciento de los jóvenes están en pobreza. ¿Les parece poco que uno de cada cinco del emporio norteño no tenga acceso a educación, atención médica, a una vivienda de calidad? Esto último es, desde luego, un eufemismo; otros dicen vivienda digna, y hubo una campaña nacional para poner pisos de cemento en casas con pisos de tierra. De estos datos, dice Ciro Murayama (La Crónica, viernes 13 de agosto de 2010), surge una conclusión que no puede pasarse por alto: Estamos construyendo una sociedad donde... más de ocho de cada 10 jóvenes están en situación de fragilidad por razones económicas.

Se diría que no hace falta traer a cuento la frase de campaña clintoniana y gritar: ¡Es la economía, estúpido! Pero los datos publicados por el Coneval provienen de encuestas hechas en 2008. Y vino de afuera la recesión; y en 2009 se perdió lo poco que se había salvado del naufragio de 1995, preámbulo de la alternancia y los seis años de incontinencia verbal y estulticia. ¿Cómo estará el infierno con la reducción de 6.5 por ciento del PIB, medio millón de empleos perdidos en la sólida, firme economía del orden fiscal, las reservas de 100 mil millones de dólares y en la que creció el número de trabajadores que gana menos de dos salarios mínimos y bajó el de los que ganan más de tres? Sí se va ganando la guerra. Pero se pierde el futuro. Ciro Murayama nos recuerda la fatalidad: la exclusión temprana se traduce en marginación permanente.

Los que hacen como que hacen política mantienen la atención fija en el vuelo de las aves, en el decir de los encuestadores; en las próximas elecciones. Desde luego, las de 2012. En los diálogos del Campo Marte hubo ocasión para la foto fija y para la graciosa huida. Jesús Ortega, el de las coaliciones con el PAN de la mano de César Nava, como en la canción ranchera, se agacha y se va de lado, tiende la mano a Felipe Calderón y ve al infinito. Marcelo Ebrard, ducho en maniobras palaciegas, supo llegar con los últimos acordes del Himno Nacional y huir graciosamente al iniciarse las despedidas. Juegos de niños, tensiones del infantilismo democrático. Pero a los diálogos mediáticos del presidente Calderón les atribuyen motivos electorales.

Y los procesos del año entrante ya empezaron con la designación de Manuel Añorve como candidato de unidad del PRI a gobernador de Guerrero. El PRD espera un milagro para preservar lo que nunca tuvo. Actúa como oposición al gobernador Zeferino Torreblanca, del PRD. Conversos a la ecología hegeliana, parecieran dispuestos a evitar que se haga realidad la presa La Parota. Por ahí, a lo largo de la cuenca del Balsas, hay presas construidas en el peregrinar del general Lázaro Cárdenas, abandonadas, sin concluir, sin equipos, sin uso ni utilidad, porque a la visión del michoacano siguió la ceguera de los mediocres. En Guerrero puede verse claramente el lindero de la miseria, la escasez de agua y las tierras flacas. Y ni así.

La vista en el vuelo de las aves, en lo que no cambió con la alternancia: el que se mueve no sale en la foto, decía Fidel Velázquez. Y los panistas inmóviles, atentos a un gesto de Felipillo santo, a que reverdezca la higuera. Fox delira y Espino espera el golpe del marro sobre el Yunque. Santiago Creel repite su monólogo timorato. A las puertas de Los Pinos, Beatriz Paredes escala en las encuestas y escucha la voz que desatendió Roberto Madrazo; en septiembre del bicentenario, Manlio Fabio Beltrones va a ser presidente de la mesa directiva del Senado, y al tiempo. Por ahora, las encuestas dan enorme ventaja a Enrique Peña Nieto, con el ya candidato Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard a distancia, casi en carrera parejera.

En eso estábamos cuando como en el son cubano: ¡Vino el comandante y mandó parar! Fidel Castro asegura que Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones en 2006, pero el imperio no le permitió asumir el mando. El tabasqueño no conoce a Fidel Castro ni ha estado en Cuba. Agradeció los elogios y la fuerza moral que le atribuye para cuando caiga el sistema y se derrumbe el imperio; las palabras de quien, esté uno o no de acuerdo con él y sus ideas, precisó el conductor de las izquierdas, es líder a la altura de Churchill, De Gaulle y una larga lista en la que aparece Ho Chi Minh y concluye con Nelson Mandela.

El gobierno de México puso el grito en el cielo: hizo votos para que el pueblo de Cuba pueda acudir pronto a elecciones libres y se respeten plenamente los derechos humanos. El enojo debió ser de Ernesto Zedillo: Un hombre realmente mediocre, celoso de la influencia política de Carlos Salinas, a quien Fidel Castro define: Sumamente hábil, sabía mover todas las fichas como un experto en ajedrez; con talento muy por encima de los que lo rodeaban. Y de 1988: No me constaba si había habido fraude... Sólo el corazón me hacía creer que le robaron a Cuauhtémoc la elección.

El esté de acuerdo o no, de López Obrador; la aquiescencia automática de Ebrard, podrían hacer más daño que la renovada campaña de la derecha. Caray, así se las ponían a mi general Obregón. Y ni con esas.