Sociedad y Justicia
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Activista pide ayuda para salir del Sahara
 
Periódico La Jornada
Jueves 2 de septiembre de 2010, p. 41

A principios de agosto, el activista mexicano Antonio Velázquez, quien desde hace cinco años radica en Barcelona, decidió trasladarse a El Aaiún, ciudad de la República Saharaui, para realizar una investigación de la lucha por la autonomía que desde hace años mantiene ese pueblo contra el régimen marroquí.

Velázquez, junto con varios españoles, entre ellos su compañera Isabel Terreza (originaria de Cataluña), decidió convertirse en una especie de escudo humano para evitar más violencia contra los pobladores de esa tierra; sin embargo, las fuerzas militares de Marruecos tundieron a golpes a varios activistas. Ahora no tiene manera de salir, pese a que ha solicitado el apoyo de la embajada de México en ese país.

Oriundo de Jalisco, Velázquez denunció en entrevista telefónica que ha sido amenazado de muerte y no puede salir de la casa en que se refugia, porque está vigilada por policías y militares.

Estoy aquí como observador de los derechos humanos desde el 5 de agosto. Mi intención era saber cómo vivía la gente, realizar entrevistas y comprender su lucha. Pero encontré una guerra.

El 23 de agosto cinco refugiados saharauis, procedentes de Argelia, llegarían a la casa de Hmad Hammad –vicepresidente del Comité de Apoyo a la Autodeterminación del Sahara Occidental y Premio Internacional Derechos Humanos 2008, otorgado por el Ayuntamiento asturiano de Sier–, situada en El Aaiún, donde se encontraban varios observadores internacionales. Sin embargo, fueron interceptados por policías y militares marroquíes, quienes cercaron la casa seis horas antes. Los observadores salieron al rescate, pero también fueron agredidos. Nos propinaron una brutal paliza. A mí me lesionaron un brazo, cara y cabeza. He visto torturas y violaciones sexuales: les arrancan las uñas de las manos y hasta hacen que las personas se tomen la sangre de sus compañeros de celda mientras éstos se desangran.

Velázquez, quien tiene residencia española, contactó a María de los Ángeles Arriola, ministra de la embajada de México en Marruecos, para pedirle que los escolten a él y a su compañera al aeropuerto o al puerto para salir, pero no nos da una solución.

“Vivimos un arresto domiciliario de facto, la casa está rodeada y no podemos salir. Lo intenté el 28 de agosto, cuando llegó un grupo de españoles de Las Canarias, que también fue reprimido brutalmente, pero al salir los policías se lanzaron sobre mí. Sólo queremos regresar a casa a salvo”, concluyó.