Opinión
Ver día anteriorSábado 11 de septiembre de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Los de abajo

Zona autónoma

C

ada vez es más difícil la construcción de espacios autónomos, culturales y autogestionados por jóvenes en la ciudad de México. Pero los hay, y la Zona Autónoma Makhnovtchina (ZAM) es una, aunque su futuro esté amenazado por una inmobiliaria que pretende usurpar la propiedad del edificio para fines de lucro.

Para los jóvenes que se plantean no ser absorbidos por el capitalismo, en una sociedad que les ofrece el individualismo, la competencia, el desempleo y la soledad como futuro, el espacio no sólo representa un lugar para actividades de ecologismo, talleres de software libre y computación, charlas de carácter político y cultural, exposiciones de arte en resistencia, muestras de video, conciertos y fiestas solidarias. Para ellos es, sobre todo, una forma de vida y libertad.

El nombre, señalan sus integrantes, “está inspirado en el ensayo Zonas autónomas temporales, del autor Hakim Bey”. Es un homenaje a las comunidades anarquistas ucranianas, que a inicios del siglo XX lucharon por su autonomía resistiendo a los tiranos zaristas y más tarde la centralización del poder por los bolcheviques creando la Makhnovtchina como espacio liberado y en resistencia”.

En el contexto de las recientes amenazas de desalojo, la ZAM dio a conocer sus líneas de trabajo: movimiento punk como propuesta de vida y lucha alternativa; zapatismo, difusión y apoyo a las comunidades autónomas; software libre como herramienta para el hacktivismo, la seguridad informática y la creación de medios de comunicación libres, y ecologismo reivindicando un modelo de vida basado en la permacultura y el reciclaje.

La zona se localiza en un edificio que fue del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Posteriormente, lo que era el estacionamiento se convirtió en imprenta de materiales de apoyo a los zapatistas y luego fue cedido al grupo de jóvenes que actualmente lo mantienen vivo.

En la ZAM funciona o se proyecta una galería de propuestas artísticas de lucha; un espacio de cómputo con hardware reciclado y software libre; una pequeña huerta donde se practique la agricultura orgánica; equipo para imprimir playeras, estampas, publicaciones, carteles y propaganda, y una distribuidora de textos políticos y diversos materiales relacionados con la cultura punk.

La mejor crítica al sistema dominante se hace mediante las propuestas de cambio. No sólo criticamos, sino vamos creando la vida que queremos, afirman promotores e integrantes de este espacio en una ciudad en que los jóvenes son cada vez más excluidos.