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Bajo la Lupa

La guerra de las divisas y los Rothschild

Alfredo Jalife-Rahme
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Un anciano y un joven toman un descanso en la capital de China, el 18 de agosto pasadoFoto Ap
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ntecedentes: China ha pasado a una contraofensiva literaria de carácter doméstico con un género de libros de corte financierista que exponen aspectos relevantes de sus investigadores que no puede expresar la cúpula del Partido Comunista, entre los cuales se encuentran La conspiración Goldman Sachs (ver Bajo la Lupa, 29/8/10) y La guerra de las divisas, de hace tres años, del economista Song Hobing –con venta de más de 200 mil ejemplares– quien predijo la crisis global de 2008.

Las tormentosas relaciones de las dos principales superpotencias geoeconómicas del planeta –EU y China– se reflejan en su reciente literatura económica nacionalista –de la que, por cierto, está sobresaturado EU que se pasa viendo la paja en las retinas ajenas.

China aún no cuenta con la sofisticación y la sincronización de los multimedia de EU, especializados en la mendacidad instantánea y en la desinformación permanente gracias a su control del cibernético dominio (en el doble sentido posmoderno de la palabra) de Internet, mediante el cual ejerce tanto la agenda global como la guerra sicológica contra sus pletóricos adversarios, a los que ha agregado su fobia religiosa al Islam como su abominación racial a los mexicanos.

El concepto de La guerra de las divisas nos atrajo desde nuestro libro de hace 14 años, censurado por la fauna zedillista, que resultó exageradamente premonitorio –Guerras geoeconómicas y financieras: el petróleo del golfo Pérsico al Golfo de México (que, junto a otros libros agotados, pronto estará en nuestra página alfredojalife.com)–, porque aplica los conceptos bélicos y geopolíticos al dominio de las finanzas globales, que abrazamos con el término de geofinanzas.

Hechos: La guerra de las divisas, de Song Hobing, devino en el obligado libro de cabecera de la elite gobernante china, cuya teoría fundamental sentencia que los países occidentales del G-7 –ya no se diga sus colonias tropicales sojuzgadas como México– están controlados por un grupo de banqueros privados que gobiernan sus bancos centrales, lo cual no tiene nada de original y hemos expuesto desde hace mucho como la desregulada globalización monetarista centralbanquista.

Song, vilipendiado por los palafreneros y blogueros del sionismo financiero global como adicto a las teorías conspirativas, aduce que el principal banco central del planeta, la Reserva Federal (Fed), un banco insólitamente propiedad de la misma banca de Wall Street, es quien ejerce el mayúsculo control financiero global.

¿Cuál es la novedad? Song identifica a un grupo de banqueros israelíes (¡extrasupersic!) como controladores de los países occidentales, en general, y de EU, en particular, quienes usan la manipulación de las divisas al otorgar créditos a los países en vías de desarrollo para luego apabullar sus divisas mediante el concurso de los derivados financieros, como sucedió con la década perdida de Japón, la crisis financiera asiática de 1997 y la crisis latinoamericana, es decir, el pionero efecto tequila (ejecutado por Goldman Sachs y tolerado por el salinista Pedro Aspe Armella y el cordobista Zedillo), el efecto dragón, el efecto vodka, el efecto samba, el efecto tango sin tanga, etcétera, a los que, por cierto, hemos consagrado 14 años de investigación.

Su impactante revelación versa sobre el papel cupular en la pirámide del poder financiero global por los Rothschild, los legendarios banqueros esclavistas (The Financial Times dixit), quienes detentan una impresionante fortuna dinástica de 5 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) frente a la fortuna de 40 mil millones de Bill Gates, 125 veces menor. ¡Aquí el miserable Carlos Slim y sus triviales 60 mil millones de dólares ni pintan!

Los 5 millones de millones de dólares de los esclavistas banqueros Rothschild equivalen prácticamente al PIB nominal de China, el tercer lugar global (detrás de la Unión Europea y EU).

Destacan tres postulados de Song, quien trabajó 14 años en EU en las delicadas áreas de las telecomunicaciones y las finanzas: 1. Quien controla la emisión de moneda controla al país entero, lo cual coincide con la filosofía sanguinaria de Mayer Amschel Rothschild, fundador de la dinastía bancaria global del siglo XVIII: Dame el control de la moneda de un país y no me importa quien haga las leyes. ¡Pues sí!; 2. El sistema (sic) de la Fed de 12 bancos centrales regionales en EU está dominado en realidad por su principal filial, la Reserva Federal de Nueva York que, a su vez, está controlada por cinco bancos privados de Wall Street: Citigroup, JP Morgan Chase, Morgan Trust, Hanover y Chemical Bank, curiosamente, los principales apostadores de los ominosos derivados financieros. Aquí podemos discutir levemente y agregar, de acuerdo con nuestras investigaciones, a Goldman Sachs, Bank of America, Wachovia y la rama estadunidense de la banca británica HSBC, entre otros, lo cual no transforma mucho la infraestructura aludida de control privado, y 3. La asociación de George Soros con el circuito de los Rothschild lo convirtió en el líder del grupo financiero más poderoso y secreto (sic) del mundo. Pues ni tan secreto: hace mucho que lo expusimos en Bajo la Lupa, lo cual nos valió el hilarante cuan delirante anatema del sionismo financiero global y sus palafreneros locales y regionales muy bien lubricados.

¿Dónde queda el Inter-Alpha Group of Banks que controlan también y tan bien los esclavistas banqueros Rothschild?

Por extrañas coincidencias resulta y resalta que la Fed, el banco central literalmente controlado por la banca privada de Wall Street, haya sido gobernada durante 19 años por el israelí-estadunidense Alan Greenspan, malhadado y malvado inventor de los derivados financieros y timonel de la desregulada globalización monetarista centralbanquista, quien fue sustituido por Ben Shalom Bernake, también israelí-estadunidense, como los cuatro restantes del total de siete miembros de su consejo de administración: el vicegobernador Donald L. Kohn (quien acaba de renunciar seis años antes de tiempo); Randall S. Kroszner; Frederic S. Mishkin, y el mismo Greenspan: es decir, cinco de los siete miembros del consejo son israelí-estadunidenses. ¡Se les pasó la mano!

Song proclama persuasivamente que la camarilla (sic) de los banqueros le ha ganado la batalla a los gobiernos occidentales, por lo que aconseja al gobierno chino mantener la alerta ante una guerra financiera contra el yuan/renminbi por la banca de Wall Street y la City.

Conclusión: resulta muy extraña, para decir lo menos, la sucesión intercomunitaria en la cúpula de la Fed con una probable duración total e ininterrumpida de 33 años (la sumatoria de Greenspan y Bernanke), así como la integración aplastantemente sectaria de su consejo de administración.

Pero también puede reflejar una simple casualidad sin causalidad, si no existiesen otros datos apabullante y simbólicamente significativos que iremos desmenuzando sabrosamente para sustentar nuestra hipótesis operativa, de carácter weberiano y geopolítico financiero, sobre las redes y la omnipotencia del sionismo financiero global que controla también y tan bien a la cúpula del FMI y el Banco Mundial.

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