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Ver día anteriorMartes 14 de septiembre de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Sí pero no
L

a frasecita no le salió mal a Jeffrey Goldberg: El modelo cubano no funciona ni para nosotros significa el modelo cubano no funciona ni para nosotros, eso dijo muy dueño de sí el periodista de la revista estadunidense The Atlantic. Hablaba, como todo mundo sabe, del significado de tal expresión, que recogieron cientos de medios de comunicación de todas partes y que, junto con Goldberg, siguen insistiendo en que la frase fue dicha por el Fidel Castro, tal cual.

Es verdad que Fidel Castro expresó tal cosa, pero también es verdad que él mismo hizo una aclaración diciendo que en la entrevista había dicho exactamente lo contrario. Fidel estaba divertido con la lectura de Goldberg y muchísimos más, sobre todo en Miami, de verse interpretado incorrectamente.

Fidel lo dice así: “Goldberg preguntó ‘si él creía que el modelo cubano era algo que aún valía la pena exportar’. Es evidente que esa pregunta llevaba implícita la teoría de que Cuba exportaba la Revolución. Le respondo: ‘El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros’”.

No es que la respuesta de Fidel sea transparente, pero Goldeberg evidentemente no entendió de qué hablaba Fidel.

Parece claro que Fidel habla acerca de esta frase: Es evidente que esa pregunta llevaba implícita la teoría de que Cuba exportaba la Revolución. Fidel parece decir en esa frase que Cuba no exportaba la Revolución, pero su respuesta en conjunto dice que sí había tal exportación: El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros, fue su respuesta a la pregunta de Goldberg. Todo quedó en penumbra en la entrevista, en la rectificación de Fidel y en la respuesta de Goldberg, pero Fidel estaba diciendo que lo que ya no funcionaría hoy ni para los cubanos es el modelo de hacer la Revolución: la teoría del foco cuya sistematización, extraída de la experiencia cubana, hiciera el Che Guevara. Esa es la revolución no exportable.

Fidel lleva razón. Ese modelo no es, en efecto exportable; más aún tampoco lo fue en el momento cúspide del régimen que surgió de la revolución cubana. Ese modelo no prendió en África, ni en América Latina, pese a los intentos voluntaristas a toda prueba del régimen cubano. Si Bolivia fue más visible que cualquier otro intento se debe al asesinato del Che por el soldado boliviano Mario Terán, en La Higuera. Pero los intentos de Cuba fueron más, entrenando latinoamericanos en su propio territorio, por ejemplo.

Fidel también lleva razón al decir: Lo real es que mi respuesta significaba exactamente lo contrario. Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos, ni para el mundo.

No obstante, el pasado 8 de agosto el presidente Raúl Castro autorizó una mayor apertura de pequeños negocios privados como parte de su plan para reubicar a un millón de empleados del Estado socialista, y descartó reformas de corte capitalista. En Cuba a ese millón le llaman empleados excedentes y representan entre 20 y 25 por ciento de su fuerza de trabajo. Por hoy sobran, y algo hay que hacer con ellos.

El mandatario cubano anunció la ampliación del trabajo por cuenta propia, la posibilidad de contratación de mano de obra y comercialización de algunas producciones, en una economía en la cual 95 por ciento es propiedad del Estado.

Se eliminan varias prohibiciones vigentes para el otorgamiento de nuevas licencias y la comercialización de algunas producciones, flexibilizando la contratación de fuerza de trabajo, manifestó el mandatario.

No se puede hablar de reformas, estamos estudiando una actualización del modelo económico cubano, donde van a primar las categorías económicas del socialismo y no el mercado, dijo ante su ministro de Economía.

Es inútil decir que no son reformas, sino actualización del modelo. Son reformas y precisamente de mercado, capitalistas. Lo que define al capitalismo es el trabajo asalariado y la actualización de Raúl Castro lo incluye, junto con producciones privadas y circulación mercantil.

Lo que Cuba intenta desde una situación extraordinariamente precaria desde el punto de vista económico, no es un desarrollo socialista –que no está en condición de llevar a cabo–, sino la incipiente construcción de un capitalismo de Estado. La situación de Cuba es tan extremadamente precaria que el debate referido es de importancia enteramente secundaria. Ojalá y esa actualización resulte eficaz y alivie la vida cotidiana de los cubanos.

El arroz está en el plato de todos los cubanos todos los días, pero deben importar 80 por ciento de su consumo, cuando tienen los recursos naturales y humanos para ser autosuficientes en este producto. Es una desgracia extrema contar con una fuerza de trabajo altamente calificada, pero no tener las condiciones para emplearla en la solución de sus múltiples problemas.

Por su parte, el capitalismo que conocemos no marcha más. No sabemos en qué irá a parar, estrangulado por los intereses por ahora inamovibles de los millonarios del mundo. El capitalismo se ha transformado muchas veces en el pasado, y cada vez ha salido más fuerte. Nada garantiza que en esta crisis ocurra lo mismo. Y de otra parte no existe el sujeto político capaz de llevar a cabo una transformación radical del mismo. Así estamos.