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Huracán Karl
Convierten la desgracia de muchos en negocio de pocos

Fidel Herrera exige a comerciantes frenar avaricia y falta de sensibilidad

Damnificados tuvieron que desalojar sus viviendas sólo con lo puesto

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Damnificado del municipio veracruzano de La AntiguaFoto Reuters
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 21 de septiembre de 2010, p. 2

Veracruz, Ver., 20 de septiembre. Genoveva Camporredondo hacía visibles esfuerzos para que su voz sonara normal a los oídos de sus atentas hijas, de 11 y 9 años, así como ante su hermana y su tía. Relató cómo todas tuvieron que salir en un trascabo, auxiliadas por marinos y con lo puesto. Como ella, 3 mil damnificados de 10 fraccionamientos y colonias de esta ciudad se refugian en el World Trade Center (WTC) de Boca del Río desde hace tres días, debido al desastre que el huracán Karl dejó en Veracruz.

Si bien los negocios del centro histórico del puerto reabrieron desde el fin de semana para atender a los pocos turistas que decidieron quedarse después de la tormenta, en amplios sectores de la ciudad los estragos son visibles: no hay luz, teléfono ni agua, y decenas de árboles derribados por los fuertes vientos permanecen en las calles.

En los amplios salones del WTC, que tiene la plaza comercial más grande de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río –un albergue de lujo, como lo calificó el gobernador Fidel Herrera Beltrán–, amanecieron hoy 2 mil 500 refugiados más por la crecida del río Jamapa, que afectó sus viviendas, la mayoría ubicadas en fraccionaminetos nuevos, como Puente Moreno, Arboledas San Ramón, Arboledas San Miguel, Residencial Campestre, El Tejar y El Jobo. Estas colonias, de la zona conurbada, están con el agua al cuello. Algunos vecinos hicieron de sus azoteas albergues.

El auditorio Benito Juárez y el Club de Leones fueron seleccionados para la reubicación de damnificados, que comenzó esta misma tarde y causó nueva zozobra a los albergados: no sabemos dónde vamos a quedar. ¿Y ahora qué?, me pregunto, expresa Camporredondo, quien reprime el llanto y entorna los ojos, como pidiendo con la mirada que no le hagan más preguntas. Tampoco quieren que les tomen fotos.

Las historias aquí se repiten: Lidia González Ponce: mamita si llegas márcame. Atte: Paola; Marco Antonio Loyo o Fabiola Solano: Komunicate te keremos tu prima Iliana. Venimos por ustedes, son algunos de las decenas de recados a mano y pegados en la entrada del albergue del WTC, que dan puntual cuenta de la dimensión del desastre: familias enteras que a tres días de haber llegado aún no tienen comunicación con sus familiares o ignoran su paradero.

Si a este recuento se añaden los 6 mil damnificados de Tlacotalpan, que aún permanecen repartidos en tres albergues de Alvarado, y dos de la ciudad de Veracruz, se puede dimensionar la emergencia. El gobernador Herrera admitió anoche que la situación es crítica en los seis albergues de Cardel y en los habilitados de última hora en Paso de Ovejas y La Antigua.

Una estafa

Para muchos de los damnificados –que muy recientemente habían tomado posesión de sus casas– los conjuntos habitacionales construidos en terrenos bajos fueron una estafa.

Las casas nuevas de Puente Moreno y Arboledas San Ramón fueron las más dañadas. Este lunes, en el WTC, el gobierno estatal resolvió poner mesas de atención para activar el llamado Fondo Veracruz, que pretende restituir enseres domésticos y reconstrur viviendas. Cientos se formaron con copia de credencial y los pocos documentos que pudieron rescatar entre el agua, y que hoy dan cuenta de los daños materiales.

A pesar de los anuncios de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la implementación del Plan Marina, de la tercera Zona Naval Militar, en las madrugadas persiste aquí el pillaje en las tiendas de zonas siniestradas: los saqueadores no se llevan productos básicos –como agua, latería, leche o pañales–, sino cigarros, cervezas y licor.

El desorden se generaliza en tanto comienzan a escasear el agua, las tortillas, el pan, la leche para bebés, los pañales y la comida enlatada.

El gobierno estatal anunció severas sanciones para los saqueadores. Fidel Herrera pidió a los comerciantes detener a su vez la avaricia y la falta de sensibilidad que muchos han demostrado en las últimas horas al encarecer el agua embotellada, la leche y otros productos.

Un garrafón de agua, cuyo precio antes de la contingencia no superaba 25 pesos, este día en Veracruz se vende hasta en 370.

Para algunos la tragedia de otros es buen negocio. Muchas gasolineras no despachan litros completos. Las tiendas llamadas de conveniencia, como Oxxo, sólo hacen recargas de celulares por más de 300 pesos, y racionan las botellas de agua de un litro a dos por cliente. Ellos las racionan. Otros establecimientos ofrecen las botellas de un litro en 30 pesos.