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La fiesta, un total y absoluto desorden, afirma el legislador priísta

Gastos del bicentenario huelen a transa: senador Arroyo Vieyra

Lamenta Baeza Meléndez que no se haya construido obra para el festejo

 
Periódico La Jornada
Miércoles 22 de septiembre de 2010, p. 18

Francisco Arroyo Vieyra, senador del Partido Revolucionario Institucional, señaló ayer que es obligación del Congreso fiscalizar los gastos realizados de los festejos del bicentenario de la Independencia, sobre todo la adjudicación de contratos mediante Turissste para el espectáculo multimedia en Palacio Nacional, y otros eventos.

Dijo que huele a transa, camina como transa, grazna como transa y seguramente es transa, aunque justificó al secretario de Educación, Alonso Lujambio, en la comisión de las festividades, pues llegó al final e hizo lo que pudo.

Entrevistado en el contexto de la sesión ordinaria del Senado de la República, en la que se guardó un minuto de silencio en honor del ministro José de Jesús Gudiño Pelayo, fallecido recientemente, destacó que todo lo que tuvo que ver con el bicentenario ha sido un total y absoluto desorden. Resaltó que en Guanajuato vivimos el más grave derroche, no sólo por la cantidad de dinero que se gastó, sino por el mal gusto y la falta de arquitectura intelectual.

Puntualizó que la gestión de José Manuel Villalpando al frente de la comisión fue un fracaso, mientras se negó apoyo a intelectuales muy sólidos, como Rafael Tovar y de Teresa, y a figuras más arraigadas en la sociedad, como Cuauhtémoc Cárdenas. Tuvo que venir Lujambio a poner orden en medio de un mar de lodo, aseguró.

El priísta consideró que la mejor forma de celebrar hubiera sido con “obra pública. Ya hicieron su espectáculo, estuvo vistoso en la tele, retrató bien; fue lo único que hicieron. Eso y la galería nacional, también cara si tomamos en cuenta el número de piezas que son”.

De su lado, el senador priísta Fernando Baeza Meléndez lamentó que no se haya construido obra para festejar el bicentenario, como sí sucedió en 1910, y que las pocas que se hicieron no pudieron terminarse a tiempo, como el parque bicentenario de Azcapotzalco.