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Libro de Bob Woodward revela lucha intestina de Obama para fijar su estrategia en la guerra

Tiene la CIA 3 mil paramilitares en Afganistán para liquidar talibanes

Karzai no es un buen aliado; es maniacodepresivo, se asegura en la nueva obra del periodista

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En imagen de mayo pasado, Bob Woodward, uno de los dos periodistas que destaparon el escándalo Watergate en 1972, durante un reconocimiento en Nueva York que le brindó el Comité de Reporteros por la Libertad de Prensa, mismo que proporcionó la fotoFoto Ap
Afp, Dpa, Xinhua y The Independent
 
Periódico La Jornada
Jueves 23 de septiembre de 2010, p. 22

Washington, 22 de septiembre. El gobierno del presidente estadunidense, Barack Obama, enfrentó violentas luchas intestinas al elaborar la nueva estrategia para Afganistán en 2009, según reporta el periodista Bob Woodward en un libro cuyos extractos publicó la prensa este miércoles. Entre otras cosas, reveló que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) cuenta con un equipo de 3 mil paramilitares en Afganistán.

En esta obra, que saldrá al mercado el lunes bajo el título Obama’s Wars (Las guerras de Obama), el autor describe las divergencias dentro del equipo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca mientras Obama buscaba una solución al conflicto afgano, y afirma que estas diferencias persisten.

Woodward, de 67 años, se hizo célebre por haber desencadenado en 1972 el escándalo Watergate, que derivó en la dimisión del entonces presidente Richard Nixon, luego de que él y su colega, Carl Bernstein, revelaron el intento de escuchas ilegales ordenadas por el mandatario.

Golpes bajos, contratiempos, insultos

Las guerras de Obama recrea la agitada atmósfera en las altas esferas del gobierno, por ejemplo cuando el vicepresidente Joe Biden, partidario de que se redujera la presencia de las tropas en Afganistán, hizo declaraciones poco afortunadas sobre Richard Holbrooke, el enviado especial de Estados Unidos en el país islámico: Es el cabrón más arrogante que conozco.

Según Woodward –quien tuvo acceso directo al presidente y a otros funcionarios–, Obama consideró que no tendría el apoyo de la opinión pública por más de dos años sobre el tema afgano y se opuso a cualquier compromiso a largo plazo.

Debemos centrar todo en saber cómo llegaremos al punto en que podremos reducir nuestra presencia en Afganistán, explicó el presidente, según un extracto del libro publicado en el Washington Post, diario para el cual Woodward ha trabajado desde hace décadas.

El periodista describe a Obama como un hombre racional y analítico que debe elegir entre varias opciones, todas malas. No quiero que nos quedemos ahí diez años, no quiero hacer una reconstrucción nacional, no quiero gastar billones de dólares, le dijo una vez Obama al secretario de Defensa, Robert Gates, y a la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Es necesario que este plan determine cómo vamos a salir de Afganistán, agregó el presidente, citado en el libro.

El mandatario rechazó la petición del Pentágono de un refuerzo de 40 mil efectivos, escribió Woodward al relatar las reuniones de Obama con Gates y Clinton. El New York Times informa que el tema afgano mermó la proverbial sangre fría de Obama, quien era presionado por todas las partes para elaborar la nueva estrategia.

¡Basta de eso!, habría explotado, cuando el ejército le pedía por enésima vez que enviara más tropas a Afganistán. El diario resalta también que la fecha tope de julio de 2011 fue fijada en función de consideraciones de política doméstica.

Obama develó en diciembre su nueva estrategia, en la cual previó el envío de 30 mil efectivos más antes de iniciar la retirada en el verano de 2011.

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Portada de Las guerras de Obama, nuevo libro del comunicador, que fue facilitada por la editorial Simon & SchusterFoto Ap

No obstante, ante sus funcionarios el mandatario insistía en que se debía poner fin a la presencia estadunidense en Afganistán, o al menos fijar una fecha. No puedo dejar que esta guerra se perpetúe y no puedo perder a todo el Partido Demócrata, dijo Obama al senador republicano Lindsey Graham, según el extracto del libro citado por el diario.

Woodward afirma que la CIA cuenta con un grupo paramilitar de 3 mil efectivos en Afganistán. Se trata de equipos de elite con alta instrucción militar y agrupados en Equipos de Persecución Antiterrorista (Counterterrorism Pursuit Teams, CTPT, por sus siglas en inglés).

Su tarea consiste en ubicar a extremistas talibanes en Afganistán y Pakistán, y liquidarlos, según el libro. La CIA se apoyará en dichos equipos para destruir los refugios de la red Al Qaeda a lo largo de la frontera entre esos dos países. Dichos equipos, según Woodward, han contratado también a soldados afganos para estas labores.

Medios estadunidenses destacaron hoy que ya era conocido que el gobierno convierte a la CIA cada vez más en una organización paramilitar que lleva a cabo operativos secretos en África y Asia.

La novedad sería la magnitud de las operaciones descritas por Woodward. Críticos sostienen que poco a poco la CIA hace menos distingos entre soldados y agentes de inteligencia; estas misiones tienen la categoría de capturar o matar.

Según el diario británico The Independent, funcionarios afganos sostienen que para nadie es un secreto que la CIA cuenta con sus propias milicias, además de la cooperación del ejército afgano, para llevar a cabo operaciones que han resultado en la muerte de varios líderes del talibán, lo que ha perjudicado los esfuerzos del gobierno del presidente Hamid Karzai por entablar un proceso de paz con la insurgencia.

El libro de Woodward, por otro lado, señala que las relaciones entre el gobierno de Obama y el de Karzai son irregulares, lo cual se atribuye, en parte, a que el mandatario afgano está diagnosticado como maniacodepresivo. Esto lo dice Karl Eikenberry, embajador estadunidense en Afganistán, citado por Woodward. Algunas veces toma sus medicamentos y otras no, afirma el funcionario, quien opina que Karzai no es un aliado estratégico adecuado para Washington.

Casi 4 mil denuncias electorales

En cuanto a las elecciones legislativas afganas celebradas el sábado, la comisión encargada de investigar las infracciones cometidas anunció haber recibido, hasta este miércoles, casi 4 mil denuncias por irregularidades y posibles fraudes.

De otro lado, tres soldados murieron el miércoles al estallar una bomba al paso de un vehículo militar en la localidad Bara de Khyber, uno de los siete distritos tribales en el convulso noroeste de Pakistán, zona fronteriza con Afganistán, según fuentes locales. Unas 29 personas, incluidos varios presuntos talibanes, murieron por disparos de aviones no tripulados en la misma zona.

En Irak, un civil murió y 56 resultaron heridos al estallar varias bombas en un área residencial de Hilla, al sur de Bagdad.