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Presentaron Las mujeres del alba, novela del fallecido narrador y poeta

Montemayor cumplió al recoger las voces femeninas, dice su viuda

Las admiraba por su capacidad de amor, de entrega y compañerismo, asevera Susana de la Garza

Hizo hablar a quienes, sin participar, sufrieron por el asalto al cuartel Madera: Jesús Vargas

Foto
Susana de la Garza, viuda de Carlos Montemayor, flanqueada por Jesús Vargas y Jesús Anaya Rosique durante la presentación del libro Las mujeres del alba en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas ArtesFoto Yazmín Ortega Cortés
Ericka Montaño Garfias
 
Periódico La Jornada
Sábado 9 de octubre de 2010, p. 3

La novela póstuma de Carlos Montemayor, Las mujeres del alba, es el resultado del reto que el autor –fallecido en febrero pasado– aceptó: escribir acerca del asalto al cuartel Madera, el 23 de septiembre de 1965, pero desde la perspectiva de las mujeres. Carlos consideraba que era su mejor novela, dijo Susana de la Garza, viuda de narrador y ensayista, durante la presentación del libro, el jueves pasado, en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.

Susana de la Garza compartió lo que fue el nacimiento de la novela. Un día, en Ciudad Juárez, Carlos presentó su libro Las armas del alba y al finalizar, la activista Alma Gómez le dijo que le parecía que era una novela machista, porque no hablaba de las mujeres y le dejó ver que le gustaría que hablara sobre las mujeres involucradas de alguna manera en ese hecho, que escribiera acerca de su sentir, de su participación.

Carlos, recordó De la Garza, se defendió y le respondió que efectivamente no había mujeres en esa novela porque el tema versaba sobre el día del asalto al cuartel Madera, y precisamente ese día, no había mujeres en el escenario. Aceptó el reto, ya que consideraba fundamental la acción de las mujeres en cualquier ámbito. En la mujer, admiraba la capacidad de amor, de trabajo, entrega, compañerismo, solidaridad. Sabía que era una tarea difícil, no tenía idea de cuánto tiempo le llevaría realizar su trabajo de investigación.

Valentía y dignidad

Montemayor entrevistó a las mujeres y las hizo protagonistas de la novela que inició en 2004 y terminó en 2009. Afortunadamente tuve la oportunidad de vivir, sentir y compartir con Carlos el entusiasmo con el que planeaba cada conversación, las dudas que se le presentaban al terminar la participación de cada personaje. A pesar de que la sensibilidad y la capacidad de observación lo caracterizaban, le preocupaba no ser suficientemente capaz de transmitir el sentir, la emoción, el miedo, el dolor, la tristeza, el amor, de todas y cada una de estas mujeres, que aunque diferentes, tenían algo entre sí: conciencia social, valentía, dignidad, y solidaridad para con sus hombres.

Narrar desde la perspectiva de las mujeres no fue nada fácil para él y en cada avance de la novela preguntaba : ¿Qué te pareció?, ¿suena real?, ¿les gustará a las mujeres del alba?, ¿qué opinarán los demás lectores.

Para él, Las mujeres del alba “fue su mejor novela y creo que tenía razón”, concluyó Susana de la Garza. Entre el público la acompañaron las hermanas de Carlos Montemayor, Eugenia y Martha, y Jimena, hija del escritor, y los protagonistas de la novela: Luz María Gaytán, don Salvador Gaytán –combatiente en el asalto al cuartel Madera–, Alma Gómez, Perla Gómez, Pablo Gómez y Trinidad, quien en la época en la que se ambienta la novela, apenas tenía un año de edad.

El editor Jesús Anaya, contextualizó Las mujeres del alba dentro de la literatura posterior a la de la Revolución. Para los años 50, resurge una nueva generación de luchadores como Salvador Gaytán, y en algunos estados de la República, en particular Chihuahua y Guerrero, recomienza una lucha con los mismos objetivos: cambiar las condiciones de vida de los olvidados y oprimidos de siempre, esa nueva generación que es completamente de idealistas, dispuestos a ofrecer su vida por los ideales por los que luchan. Surge este grupo en Chihuahua que fundó el Grupo popular guerrillero, que se creó en la cresta de una ola de movilizaciones y protestas populares.

De esta lucha, dijo el editor, todavía no tenemos una investigación histórica completa, acabada. Sin embargo, como en el caso de la Revolución ha producido varias grandísimas novelas y ese es el de Carlos Montemayor, quien fue “un enorme ensayista, gran cronista, y sus libros Rehacer la historia, La guerrilla recurrente y Violencia de Estado son fundamentales”.

Antes de adentrarse en el tema de Chihuahua, Montemayor decidió estudiar el caso de Guerrero, porque necesitaba esa distancia. Por eso fue en 2002 que nos entregó Las armas del alba, que es un recuento, la reconstrucción mediante la ficción de hechos que todavía no tenemos en el aspecto histórico. De ahí el valor de estos libros, que no son esos sesudos estudios académicos, que son aburridos.

No tenemos nada de eso sobre ese periodo, pero sí las novelas que son uno de esos grandes vehículos para la reconstrucción de la memoria.

Las mujeres... es un libro que no tiene ninguna retórica; los personajes, en pocas palabras, muy sencillas dicen qué es lo que se proponían estos guerrilleros, nada más que cambiar el mundo.

Nueva línea historiográfica

Jesús Vargas, de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y autor del epílogo de la novela, ofreció a su vez el contexto histórico que dio origen al asalto del cuartel Madera, que se remonta a 1876 y pasa por el latifundismo y la necesidad de los campesinos de obtener tierras. “Esa es en esencia la motivación que conduce a un grupo de 40 o 50 jóvenes y adultos a intentar tomar por asalto un cuartel pequeño, el de Ciudad Madera.

“De eso trata Las armas del alba, mientras Las mujeres del alba recupera el acontecimiento desde la perspectiva de ellas. Hasta ahora la historiografía sólo se ha preocupado de dar voz a los protagonistas hombres.

Casi nada se sabe de las consecuencias que produce en una familia la muerte de un padre, un hijo o un hermano. La historiografía se detiene en el momento en que el héroe es sacrificado, los guerrilleros del alba se preparan, piensan, analizan, están preparados para sufrir o celebrar las consecuencias de sus actos. Las mujeres no, ellas no opinan, no son consultadas ni convocadas a participar en las decisiones, si la decisión fracasa ellas tienen que asumir las consecuencias. Montemayor ha iniciado una nueva línea en la que hace hablar a las mujeres que no participan directamente en los hechos, pero que sufren las consecuencias.