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El fallecido investigador privilegió el diálogo sin fronteras y la pluralidad: Emilio Kourí

Firman convenio de colaboración el Centro de Estudios Mexicanos Friedrich Katz y el CNCA
Alondra Flores
 
Periódico La Jornada
Martes 19 de octubre de 2010, p. 5

Hay otro Chicago, además de los Chicago boys y ese es parte del legado de Friedrich Katz, afirma Emilio Kourí, director del Centro de Estudios Mexicanos que lleva el nombre del fallecido historiador austriaco. Es una escuela más antigua, más comprometida con México, más sólida intelectualmente, señala en entrevista.

El académico de la Universidad de Chicago está de visita en el país y firmó un convenio para sumarse a la Cátedra Cultura de México, proyecto del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), durante una ceremonia encabezada por su titular, Consuelo Sáizar.

El Centro de Estudios Mexicanos Friedrich Katz se fundó en 2004, en la Universidad de Chicago, pero desde la segunda década del siglo XX existe un antecedente en la preocupación por el estudio de nuestro país y brindar un espacio de diálogo entre especialistas de aquí y de Estados Unidos. Por ejemplo, en 1926 se creó una cátedra en la que los invitados fueron Manuel Gamio, Moisés Saénz y José Vasconcelos.

Katz y John Coatsworth ampliaron el espacio de discusión e incluyeron a investigadores latinoamericanos. En los años 90 del siglo anterior instauraron el Programa de Estudios Mexicanos y en 2004, cuando Katz se jubiló, luego de haber sido catedrático por 40 años en la universidad, el centro de estudios adopta el nombre del investigador.

Katz insistía en que la investigación sobre la historia de México tendría que llevarse en colaboración con estudiosos de esa nacionalidad, lo que no sucedía en los años 70 y 80 en centros de Estados Unidos. Por haber vivido en México, por su experiencia y por su vocación internacionalista, Katz tuvo el constante interés de invitar a historiadores para participar en coloquios, conferencias y como profesores invitados, expone Kourí.

El diálogo sin fronteras y la pluralidad son aportes de Katz, cuando eso no era común. Refuerza su idea de estudiar México más allá de las fronteras y tenemos el compromiso de repensar el país de una manera más amplia, comenta.

Fue un espacio siempre abierto a los mexicanos, de cualquier tendencia política. Incluso llegó a tener reclamos de los consulados, porque no les gustaba la gente que invitaba, muchos de izquierda, como Adolfo Gilly o Enrique Semo. No era fácil dar espacio a pensadores críticos.

Por el centro de estudios han pasado muchos historiadores, como Mauricio Tenorio, Lorenzo Meyer y Javier Garciadiego. Cuando en la efervescencia electoral de 1988 fue invitado Cuauhtémoc Cárdenas, Katz recibió un reclamo del consulado y decidió también invitar a Carlos Salinas, como muestra de la pluralidad.

“Chicago es una extensión del espacio mexicano y hay que asumirlo como tal, ver cuáles son las consecuencias intelectuales de esa realidad. Hay resistencia de ambos lados, en Estados Unidos, sobre todo en este momento hostil y del otro lado del Bravo, donde aún se ve a los migrantes como los de allá, pero esa es la realidad de la diáspora”, afirma sobre la migración, tema inevitable y del que destaca su marginación en las historiografía mexicana durante la primera mitad del siglo XX.

La firma del convenio entre el CNCA y la Universidad de Chicago se convirtió en un homenaje a Friedrich Katz, de quien Sáizar dijo fue un hombre comprometido con nuestro país. Julio Ortega, director del Proyecto Trasatlántico de la Universidad Brown, también firmó el convenio para participar en la Cátedra Cultura de México.