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Republicanos pretenden canalizar en su favor el resentimiento contra todos los políticos

La derrota demócrata descarrilaría la agenda de Obama: analistas de EU

Una de las contiendas más observadas será la de Harry Reid, figura del partido en el poder y líder del Senado

El mayor entusiasmo por votar se ha detectado en simpatizantes del Tea Party

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Barack Obama en apoyo a la campaña de la demócrata Barbara Boxer al Senado, en Los Ángeles, California, en imagen del 22 de octubreFoto Reuters
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 2 de noviembre de 2010, p. 20

Nueva York, 1º de noviembre. Barack Obama y su Partido Demócrata, en espera de algún milagro, se preparan para una derrota en las elecciones intermedias de este martes que podría descarrilar la agenda política del presidente, provocar un cambio potencialmente drástico en el equilibro de poder en Washington y traer consecuencias negativas para inmigrantes, ambientalistas, sindicalistas y gobiernos progresistas en el hemisferio.

Ambos partidos realizaron intensas campañas en esta última etapa, y 24 horas antes del día electoral el esfuerzo se dedicó a promover el voto de sus bases, a veces para buscar suprimir el de sus contrincantes. Obama ofreció varias entrevistas radiales; su esposa, Michelle, y el vicepresidente, Joe Biden, viajaron a distritos claves para su partido, mientras los republicanos buscaron nutrir lo que las encuestas revelan como un amplio resentimiento contra casi todos los políticos electos, que pretenden utilizar para derrocar el control demócrata de Washington.

Parte de la clave está en cómo manipular mejor estas tendencias, donde el Congreso es reprobado por casi tres cuartas partes del electorado, y cuando 80 por ciento cree que ningún legislador merece ser relecto. Los estrategas de ambos lados buscan obrar ante esto para beneficiar a uno u otro candidato o partido.

La brecha de entusiasmo

Una encuesta de ABC News revela que entre votantes empadronados los demócratas gozan de mayor apoyo, 49 por ciento contra 44 para los republicanos. Pero para los votantes que han indicado que participarán en esta elección la tendencia es al revés: los republicanos gozan de una ventaja de 49 por ciento contra 45. Esta diferencia es lo que se llama brecha de entusiasmo entre las bases de ambos partidos, donde muchos demócratas simplemente no acudirán a las urnas. Por lo tanto, un factor clave será el nivel de participación popular. Será importante no sólo quién vota, sino también quién no.

En estas elecciones están en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes, hasta ahora controlada por mayoría demócrata de 255 por 179. Los republicanos necesitan un aumento neto de 39 curules para alcanzar las 218 que se requieren para conquistar la cámara baja, y el consenso entre los expertos es que lograrán ganar más de 50.

También está en juego un tercio del Senado (36 escaños de un total de 100), donde los demócratas han mantenido el control con mayoría de 59 contra 41 (incluidos dos independientes que suelen votar con ellos). Los republicanos necesitan aumentar en 10 su número actual, algo que los expertos ven difícil, aunque no imposible. El consenso entre expertos es que los republicanos ganarán entre siete y ocho escaños más, lo cual debilitaría a los demócratas pero mantendrían su mayoría.

A la vez, 37 de las 50 gubernaturas estatales están en juego, y aquí también se esperan avances republicanos. Por ahora, los demócratas gobiernan en 26 entidades.

Igualmente habrá una gama de iniciativas que se sujetan a una especie de referendo en varios estados. La más observada de este año será la Proposición 19 en California, referente a la legalización de mariguana para consumo personal.

Medios, expertos, analistas, estrategas y más observarán sobre todo la tasa de participación y de qué sectores. Se ha detectado mucho mayor entusiasmo entre bases republicanas, en particular la nutrida por el sector ultraconservador conocido como Tea Party, lo cual es un factor en los pronósticos electorales que favorecen a los republicanos. A la vez, sectores demócratas también realizan intensos esfuerzos para sacar el voto, y el éxito que alcancenpuede ser determinante en varias contiendas cerradas.

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Christine O’Donnell, del Partido Republicano, ayer en busca del voto para un escaño en la cámara alta por DelawareFoto Reuters

Agrupaciones latinas como el Proyecto de Educación y Empadronamiento de Votantes del Suroeste y la Liga de Ciudadanos Estadunidenses Unidos, (LULAC, por sus siglas en inglés) lograrán incrementar la participación latina. Y los sindicatos, que han invertido aproximadamente 200 millones de dólares en esta elección, según el New York Times, hacen un enorme esfuerzo por defender a sus candidatos y políticos. El sector afroestadunidense también tendrá un papel determinante en el futuro de los demócratas en esta elección.

Hay varias contiendas muy cerradas, pero entre las más observadas está la de Harry Reid, cuya derrota sería un gran triunfo tanto simbólico como real para los republicanos, por ser el líder del Senado y una de las figuras demócratas más poderosas en Washington. Su estado, Nevada, tiene la tasa de desempleo más alta del país (14.4 por ciento; la nacional es de 9.6 por ciento) así como la más alta tasa de embargos de viviendas por falta de pago. Su contrincante, Sharron Angle, es impulsada por el Tea Party, y entre otras cosas propone sacar a Estados Unidos de la Organización de Naciones Unidas y se opone a toda la agenda política de Obama.

Otra contienda muy observada, pero menos cerrada, será la del gobernador de Florida, donde el republicano cubano-estadunidense Marco Rubio está por coronarse, en parte por el apoyo del Tea Party, y se convertirá en una de las jóvenes estrellas nacionales de los republicanos.

Para el analista electoral Larry Sabato, entre otros, la desventaja demócrata no es sorprendente. Es el clásico giro de péndulo de una elección intermedia, declaró al Daily News, pero agregó: es más grande que la usual. Casi todo analista reconocido pronostica una derrota demócrata; la única disputa es en torno a qué tan grave será.

Las consecuencias de una derrota demócrata podrían poner en jaque la agenda política de Obama durante los últimos dos años de este periodo presidencial, sobre todo en torno de las perspectivas de reformas ambientales, laborales y de migración, entre otras, pero también podría limitar el efecto de las ya aprobadas. Los defensores de inmigrantes se podrían enfrentar con un incremento de legisladores y gobernadores antimigrantes. Los sindicatos, verían una elenco de nuevos legisladores que explícitamente han declarado que buscarán debilitar ese movimiento y diluir leyes y regulaciones laborales.

En torno a la política exterior, un cambio de liderazgo en la cámara baja podría resultar en la elevación de figuras como la representante cubano-estadunidense Ileana Ros-Lehtinen a la presidencia del Comité de Asuntos Exteriores, que se oponen tajantemente a cualquier cambio en la política hacia Cuba, que elogiaron el golpe en Honduras y que se han pronunciado en contra de gobiernos progresistas en América del Sur, sobre todo el venezolano. (Vale recordar que el partido que obtiene la mayoría en las cámaras automáticamente ocupa las presidencias de todos los comités legislativos).

En la elección intermedia más cara de la historia, este martes, se verá si el dinero o los votos son lo que determinan el resultado. Si la historia muestra algo, la respuesta a esto ya está depositada en las urnas.

Y claro, la conclusión de esta elección sólo marca el inicio de la contienda presidencial de 2012.

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