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Muestran miles de piezas que pasaron décadas en sótanos del Museo Etnológico de Hamburgo

Se exhibe en Alemania uno de los acervos más completos de la cultura maya

La exposición comprende objetos que han llegado a la colección desde 1878 hasta este año

 
Periódico La Jornada
Domingo 7 de noviembre de 2010, p. 5

Hamburgo, 6 de noviembre. Miles de objetos de la cultura maya han pasado décadas enteras en los sótanos del Museo Etnológico de Hamburgo, varios metros debajo de las espaciosas salas que albergan testimonios de los cinco continentes.

Pero a partir de mañana el público podrá ingresar al mundo de este pueblo precolombino a través de El corazón de los mayas, una de las colecciones más completas de la actualidad.

Las primeras piezas de arte maya llegaron a Hamburgo procedentes de Guatemala en 1878, años antes de la fundación de este museo, explica Bernd Schmelz.

Debido al café, las relaciones entre hamburgueses y guatemaltecos son muy estrechas y aún más antiguas. Ya en 1828, numerosos maestros y comerciantes alemanes se establecieron en Guatemala, señala el director científico de la institución.

Este contacto fue intensificado a nivel cultural por Franz Termer. Durante un viaje de investigación entre 1925 y 1929, quien más tarde se convertiría en el segundo director del museo hamburgués comenzó a coleccionar no sólo piezas arqueológicas, sino también objetos de arte y artículos que formaban parte de la vida diaria de uno de los pueblos más fascinantes de la humanidad.

Termer fotografió y filmó a los mayas durante sus quehaceres diarios y ceremonias. El etnólogo se convirtió en experto en su cultura y se interesó en especial por la producción textil de los mayas.

La colección del museo se enriqueció en la última década del siglo XX mediante una donación de mil textiles, entre ellos coloridos huipiles y trajes para ceremonias con complejos trabajos de bordado y telar.

Entre 2003 y 2010, el museo redobló los contactos con los mayas que habitan en territorio guatemalteco, a fin de preparar esta muestra tan particular, que armoniza el gran pasado precolombino con la fascinante vida contemporánea de este pueblo, sintetiza Schmelz.

En la exposición, que comprende un sector histórico y un área que muestra la vida de los mayas durante los últimos 100 años, no faltan una vivienda con sala, su temazcal y una cocina donde cohabitan el fuego a leña, un artefacto a gas y un horno microondas, sobre el que descansa un teléfono móvil.

Entre las culturas precolombinas, los mayas ocupan un lugar muy especial, agrega Schmelz. Combinan continuamente lo heredado de sus ancestros con la tecnología moderna.

El recorrido continúa por un gabinete que representa el aula de una escuela bilingüe, un taller de máscaras, una puerta con orificios de bala en referencia a la guerra civil guatemalteca, un taller de instrumentos musicales y un mercado donde se ofrece café a los visitantes.

Cierra la muestra un recinto dedicado a la religiosidad de los mayas, con elementos de ofrendas, del culto a los santos católicos y de las cofradías, hermandades que regulan los comportamientos de las comunidades.

El corazón de los mayas latirá en el norte de Europa hasta finales de 2012. No porque creamos que entonces se acabará el mundo, como afirman muchos, aclara Schmelz.

Según el calendario maya, el 21 de diciembre de 2012 en verdad culmina un ciclo. Pero el final de un ciclo significa el comienzo de otro. Este tiempo de transición es difícil para los mayas, implica la posibilidad de cambiar para bien o para mal. Al igual que muchos mayas, el museo cree en un cambio para bien y quiere festejarlo con un cierre brillante de la exposición.