Sociedad y Justicia
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Cambio Climático

El Moon Palace más bien debería ser palacio de los lunáticos, dicen

Miles de campesinos, indígenas y jóvenes hacen oír su voz en Cancún
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Integrantes de Vía Campesina marchan rumbo a la sede de la COP 16, en CancúnFoto Carlos Ramos Mamahua
Luis Hernández Navarro
Enviado
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de diciembre de 2010, p. 47

Cancún, 7 de diciembre. Este martes se escuchó la voz de la calle en Cancún. Mientras en el complejo hotelero de lujo Moon Palace comenzaba el segmento de alto nivel de la 16 cumbre ambiental de Naciones Unidas, en las avenidas de este destino turístico miles de campesinos, indígenas, afectados ambientales y jóvenes realizaron una doble marcha de más de 10 kilómetros para hacer oír su palabra.

Las posiciones no podían ser más contrapuestas. En la reunión oficial Felipe Calderón lanzó un exhorto para concretar un paquete equilibrado de acuerdos relacionados con adaptación, mitigación y protección de los bosques. Fuera del recinto oficial, el agricultor vasco –de origen escosés– y dirigente de Vía Campesina, Paul Nicholson, aseguró que era mejor no alcanzar acuerdos que llegar a unos malos.

Resumiendo el sentir de los manifestantes, Nicholson dijo que era necesario volver a bautizar el Moon Palace con el nombre de palacio de los lunáticos. “Es que –aseguró– lo que están discutiendo allí los ministros nada tiene que ver con la realidad, con lo que realmente está pasando. Verdaderamente están en la Luna.”

El dirigente campesino mexicano Alberto Gómez estuvo de acuerdo con su compañero. Puso de ejemplo la posición de Estados Unidos. Tood Stern, representante de Washington, declaró a la prensa que se ha avanzado en Cancún, pero afirmó que no podrá haber un acuerdo vinculante. Afirmó tener muy buen entendimiento con China pero no siempre estar de acuerdo en sus puntos de vista. Sentenció que puede ver un resultado factible en las áreas más importantes de la conferencia, pero no supo decir si se alcanzaría un acuerdo. Declaraciones así –dijo Alberto– parecen salidas de un palacio de los lunáticos. ¿De dónde más si no?”

Bolivia en el centro

La marcha partió del gimnasio Jacinto Canek, a unos kilómetros del centro de la ciudad, para dirigirse a Moon Palace. Fue detenida por la Policía Federal en el kilómetro 15, antes de llegar al recinto oficial de la Conferencia, después de recorrer un trayecto en autobuses y 8 kilómetros más a pie.

La integraron cuatro contingentes. El mayoritario, formado por labriegos y agricultores de Vía Campesina, Unorca y Cnpa; una pequeña delegación indígena; afectados ambientales de todo el país, y jóvenes que hicieron de la protesta un gran reventón, con música de reggae incluida.

Señal de los tiempos, indicador de cómo la resistencia al neoliberalismo se ha trasladado del norte al sur, en las calles del Cancún popular, no sonaron ahora los acordes que se escucharon hace siete años durante las jornadas de lucha contra la Organización Mundial de Comercio, interpretados por la Infernal Noise Brigade, la banda musical estadunidense, con uniformes naranja y gris, similares a los usados por el Departamento de Limpia, en Seattle, Washington, que anima las protestas altermundistas. En su lugar se oyó la música de tambores, platillo y zampoñas (flautas andinas fabricadas con caña de carrizo y cuyas notas se distribuyen en dos hileras de tubos) de Fuerza Joven, grupo de música andina de aires marciales.

Y es que, la estrella en el firmamento de la movilización, fue la delegación boliviana. En lugar de estar en el Moon Palace, Nemesia Achacollo, ministra de Desarrollo Rural y Tierras, Bolivia, quien creció entre cultivos de arroz, maíz, yuca y cebolla, y dirige la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa, estuvo en las calles con 90 integrantes. Allí llegó también Pablo Solón, embajador de ese país en Naciones Unidas.

El embajador fue recibido con una de las consignas mas coreadas a lo largo de la protesta: Copenhague no, Cochabamba sí. El eslogan hace referencia a lo sucedido el año pasado en la capital danesa, cuando, en una reunión similar a ésta, se intentó aprobar en el último minuto un documento que significaba un grave retroceso a los compromisos pactados por los países desarrollados para reducir las emisiones de CO2. También al encuentro sobre cambio climático efectuado meses después en Cochabamba, Bolivia, del que emergió una propuesta alternativa impulsada por los movimientos sociales.

Al ser detenida la manifes- tación por un camión del ayuntamiento, activistas, algunos ligados al Bloque Negro, se desligaron del contingente principal para encarar a la policía federal que impedía el paso. Y a pesar de que la desproporción de fuerzas era avasalladora, con sarcasmo, los muchachos gritaron a los uniformados: ¡Ríndanse! ¡Los tenemos rodeados.... No se rindieron, pero tampoco se rieron...

El buen humor se mantuvo por buen rato. La policía se convirtió en parte de la escenografía para atraer la atención de la prensa. Una pareja bailó tango, un grupo de italianos protestó contra las bases militares, un Jesucristo prestado de alguna representación de Viernes Santo en Iztapalapa les dijo a los robocops ¡Perdónalos, Señor! ¡No saben lo que hacen!, y un indígena arengó contra REDD.

En el palacio de los lunáticos

Mientras la marcha transcurría, en la sede oficial del acto, Global Justice Ecology Project convocó a una conferencia de prensa con la participación de Vía Campesina, Asia Pacific Environmental Network, Indigeous Environmental y jóvenes.

Los voceros de los movimientos sociales criticaron las so- luciones falsas para el cambio climático promovidas en la conferencia por los países industrializados. Expresaron desacuerdo con que se quiera debilitar el Protocolo de Kyoto y los convenios que se negocian estén más cerca de los intereses del mercado y la lógica de la privatización de lo común, que de la magnitud de la problemática del calentamiento global. Rechazaron el mecanismo REDD, que sólo ponen énfasis en fortalecer los mercados de carbono y no en la reducción de emisiones. El problema es que el gobierno de México quiere sacar un acuerdo, pero no quiere disputar el poderío de Estados Unidos, dijo el delegado de Amigos de la Tierra.

La conferencia de prensa devino mitin dentro del acto oficial, y cerca de 40 asistentes fueron desalojados y trasladados en autobús fuera del Moon Palace. La pretensión oficial de evitar las protestas a kilómetros de distancia de donde se encontraban los delegados, fracasó. Hasta dentro del palacio de los lunáticos se coló el clamor de la calle.

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