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Un valioso acervo, subastado

El instituto tiene $100 millones para adquirir obra, dice

Sotheby’s y Christie’s, posibilidad no explorada del INBA: Ana Garduño
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Anita Brenner, espalda desnuda, 1925, de Edward Weston
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Tres ollas, 1926, de Edward Weston, se vendió en 60 mil 750 euros
Mónica Mateos-Vega
 
Periódico La Jornada
Jueves 9 de diciembre de 2010, p. 4

Por disposiciones administrativas, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) tiene restringido participar en subastas nacionales o internacionales, así que adquirir obras en las ventas que realizan casas como Sotheby’s o Christie’s es una posibilidad no explorada en su programa de adquisiciones de 2010, afirmó la investigadora Ana Garduño.

En septiembre pasado, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) dio a conocer que se cuenta con 100 millones de pesos para que el INBA adquiera alrededor de mil 900 obras de arte que enriquezcan, actualicen e incrementen los acervos visuales de sus museos.

Autoridades de ese instituto informaron a La Jornada que el proceso de compra aún no concluye. Será en 2011 cuando se den detalles y se presente una muestra con una selección de las piezas adquiridas, las cuales, obviamente, serán incorporadas al patrimonio público.

Fueron los propios directores de los museos del INBA quienes presentaron alrededor de 2 mil propuestas para comprar pinturas, fotografías, esculturas y algunas instalaciones, entre otros objetos.

El Consejo para la Adquisición de Obra con Valor Artístico seleccionó entre mil 900 y mil 950 piezas que se incorporarán a las colecciones de los museos de Arte Moderno, Nacional de Arte, Rufino Tamayo, Carrillo Gil, Nacional de la Estampa, Diego Rivera, Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, del Palacio de Bellas Artes, así como al acervo de la Coordinación de Literatura.

De acuerdo con información proporcionada a la prensa hace tres meses, el INBA ha adquirido algunas piezas en galerías como la de Arte Mexicano, en la López Quiroga, en la Labor, la Arte Actual de Monterrey, con coleccionistas privados y directamente con algunos artistas.

Las dos grandes compras de arte que anteriormente había realizado el gobierno federal por medio del INBA fueron en 1974, con una partida presupuestal específica para adquirir 14 obras, y en 2008, con una inversión de 9 millones 879 mil 980 pesos, cuando se consiguieron 54 obras y un lote de 49 fotografías destinadas a fortalecer el fondo iniciado por Manuel Álvarez Bravo, según informó la presidenta del CNCA, Consuelo Sáizar (La Jornada, 7/9/10).

Ana Garduño, maestra en historia del arte por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien asesoró al INBA en su programa de adquisiciones de este año, dijo en entrevista que en todos los acervos de los museos del país se padecen carencias de obra de todos los periodos artísticos, lo cual se acentúa cuando se trata del arte contemporáneo, y esto no sólo ocurre en México.

El principal obstáculo para mantener al día los acervos son los precios de las obras, a veces muy altos, y el hecho de que “los museos no acostumbran correr excesivos riesgos institucionales en el sentido de que, aunque se interesan por fomentar la producción de arte contemporáneo, tradicionalmente prefieren documentar las obras de autores prestigiosos, de mediana carrera o de larga trayectoria.

Generalmente no se eligen creaciones artísticas sin la mínima distancia temporal, que impida asegurar que se trata de una fase o una pieza especialmente representativa de un autor o un contexto. Por otra parte, los museos estatales siempre se han caracterizado por resguardar-exhibir el arte del pasado y con dificultad se han ocupado de coleccionar arte, objetual o no, del presente. ¿Es conveniente borrar el punto crítico de los museos de arte contemporáneo que exhiben lo que se está creando, siempre en formatos temporales, pero no lo coleccionan?

Arte realizado en México, la preferencia

La especialista agregó que el perfil actual de los museos del INBA indica que la mayoría prefiere tener arte realizado en México, “claro, con excepciones notables, por ejemplo, el Museo Nacional de San Carlos y el Museo de Arte Internacional Rufino Tamayo.

Tanto el sistema de museos del INBA como los bienes culturales que hoy conforman sus colecciones artísticas fueron constituidos de manera aleatoria, esporádica y circunstancial, sin obedecer a un plan maestro ni a un programa definido para la construcción de una red de museos estatales, con acervos heterogéneos y distribuidos, en muchas ocasiones, también de manera azarosa.

Garduño reiteró que desde la fundación del INBA (1946-1947) a la fecha, la reconfiguración del sistema de museos se ha efectuado, por lo general, ante la inminencia de nuevas instituciones museísticas o una serie de fundaciones (como ocurrió entre 1960-64 y 1994-2000), cuando se realinearon los perfiles y vocaciones de los recintos existentes a fin de incorporar a los recién creados:

“Reformarse sin planeación ni diseño previo, como reacción a una inevitable coyuntura, ha sido, desafortunadamente, una de las bases del sistema de museos en México.

En diversas coyunturas se ha procedido a la realización de compras aisladas de obras de arte o a la aceptación de donaciones específicas, sin que se hayan instrumentado lineamientos básicos acerca de los contornos deseados de los acervos ni un programa, potencial o real, de crecimiento sostenido.

Por tal motivo, recomendó al INBA proyectar un plan de adquisiciones (a aplicarse a corto, mediano y largo plazo) “como proceso complementario al del diseño de un programa de reforma y adecuación del sistema de museos. Son asuntos capitales ya históricos que seguirán en el rubro de pendientes. Los considero fundamentales a la hora de definir y proponer una estrategia de incremento de bienes artísticos, más allá del ejercicio presupuestal 2010”.

Reflexión para seleccionar

Propuso también que, en lugar de intentar adquirir la mayor cantidad posible de piezas de arte en diversos formatos, “la reflexión podría tender hacia la pertinencia de dedicar un porcentaje alto del presupuesto a seleccionar objetos significativos, emblemáticos, que aún no están incorporados a instituciones museísticas y sobre los cuales prevalece cierto consenso de que se trata de ‘piezas de museo’”.

Además, dado que no se cuenta con presupuestos abundantes, capaces de garantizar por sí mismos la formación de conjuntos representativos, si se opta por la apertura de nuevas rutas para las colecciones, la estrategia de adquisiciones institucionales deberá complementarse con un robusto programa de donaciones a cargo de un patronato o una fundación, para evitar que se trate de compras aisladas, con serias dificultades para generar discursos estéticos o para historiar procesos.

Un punto clave que Garduño sugirió al INBA fue que, en la medida de lo posible, se busque la repatriación de aquellas obras clasificadas como relevantes dentro del panorama del arte mexicano que se encuentren en el extranjero.

En septiembre pasado el CNCA informó que se habían ya adquirido las siguientes obras: Paisaje urbano, de Frida Kahlo; una imagen del Palacio de Bellas Artes, de Guillermo Kahlo, así como fotografías de Lola Álvarez Bravo, Armando Salas Portugal, Héctor García, Nacho López, Kati Horna, Gabriel Orozco, Pablo Vargaslugo y Francis Allÿs.

Además, piezas de Diego Rivera, Saturnino Herrán, Agustín Lazo, Pedro Friedeberg, Julio Galán y Gunther Gerzso.

Del Fondo Gráfico Pérez Escamilla se compraron más de mil 500 piezas que documentan el desarrollo de la gráfica en México del siglo XIX y principios del XX. Al acervo de la Coordinación Nacional de Literatura se destinará el Fondo Xavier Villaurrutia, que reúne manuscritos, cuadernos de notas, dibujos, fotografías y una máscara mortuoria del autor de Nostalgia de la muerte.