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Contra el establishment
En la disidencia cubana no hay sucesor para Castro: Farrar
Gerardo Arreola, corresponsal
 
Periódico La Jornada
Sábado 18 de diciembre de 2010, p. 29

La Habana, 17 de diciembre. La oposición en Cuba está dividida, dominada por personajes individualistas que trabajan mal en equipo, son blanco fácil de la manipulación de los servicios de seguridad, se interesan más en pedir dinero que en elaborar programas y no parece que puedan remplazar al gobierno, dice un diagnóstico de la oficina diplomática de Estados Unidos en La Habana, divulgado en Wikileaks.

Necesitamos mirar más allá, incluso dentro del mismo gobierno, para señalar a los posibles sucesores del régimen de (Raúl) Castro, estima la Sección de Intereses estadunidense, en un reporte interno.

Según el informe, hay jóvenes blogueros o artistas que tienen una actitud rebelde y mayor contacto con la gente, pero están estrechamente controlados por el gobierno, evitan la etiqueta de disidentes y no tienen aspiraciones de liderazgo.

El informe fue despachado el 15 de abril de 2009, bajo la firma de Jonathan D. Farrar, el jefe de misión. La evaluación es tan contundente como desconocida, viniendo de una sede diplomática que mantiene una fluida relación con los opositores cubanos.

El gobierno de Estados Unidos tiene un programa oficial de ayuda a la democracia en Cuba, que incluye fondos para la oposición. Sin embargo, una auditoria de la contraloría del Congreso, difundida en noviembre de 2008, mostró que la mayor parte de esos recursos se quedaba en manos de los intermediarios en la Florida, y en algunos casos hubo desvíos para fines personales.

Las autoridades cubanas describen regularmente a los opositores como mercenarios al servicio de Washington.

A pesar de la ríspida opinión que se desgrana en el reporte, la Sección de Intereses dice que mantendrá el respaldo a los opositores en sus demandas sobre derechos humanos y liberación de sus colegas presos.

El documento apunta que la actividad contra el gobierno es enormemente difícil, y cualquier acción fuera de reuniones caseras sería rápidamente reprimida.

Vemos muy pocas evidencias de que la primera fila de las organizaciones disidentes tenga resonancia entre los cubanos comunes. Sus líderes andan entre los 50 y los 60 años, no tienen un mensaje para los jóvenes y se les conoce más en las embajadas y en la prensa extranjera, que en el propio país.

Su atención, concentrada en los presos y los derechos humanos, no tiene que ver con el interés de los cubanos, que están más preocupados por tener mayores oportunidades para viajar con libertad y vivir cómodamente. Adicionalmente, añade el informe, los servicios de seguridad trabajan para reclutar disidentes e infiltrar sus organizaciones, promoviendo la discordia que ya existe.

Según los diplomáticos estadunidenses, el mayor esfuerzo es para obtener recursos que mantengan a los líderes y a sus principales activistas.

Cita el caso de un grupo que le dijo abiertamente a Farrar que necesitaba fondos para pagar salarios y le presentó un presupuesto, con la esperanza de que la Sección de Intereses pudiera cubrirlo.