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Luis Mario Moncada y Otto Minera analizan la presencia del escritor en foros nacionales

La obra de Tennessee Williams, aún por ser descubierta en México

El último montaje profesional que se realizó fue Un tranvía llamado deseo, en 1996, recordaron los creadores escénicos

En marzo se conmemora el centenario de su natalicio

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La vida tormentosa de Tennessee Williams se encuentra íntimamente entretejida con su obra teatralFoto Archivo
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En 1996, la actriz Diana Bracho se convirtió en la única en México en interpretar a las dos hermanas protagonistas de Un tranvía llamado deseoFoto CNCA
 
Periódico La Jornada
Domingo 9 de enero de 2011, p. 2

No obstante ser reconocido como uno de los más importantes dramaturgos a escala internacional, por ser destacado representante del llamado drama sicológico-realista, autor de la afamada obra Un tranvía llamado deseo, el escritor Tennessee Williams (1911-1983) es muy poco traducido y rara vez se ha montado su obra en México.

Para los directores Otto Minera y Luis Mario Moncada, desde hace décadas son escasos los montajes que se hacen en nuestro país de las obras de Williams.

Desde los años 50 y 60 del siglo pasado, periodo en el que se registran con mayor frecuencia montajes de sus obras –sobre todo las más conocidas–, el teatro del dramaturgo estadunidense en México ha sido abandonado.

Salvo las obras más conocidas, como Un tranvía llamado deseo, dicho abandono se debe a que la mayor parte de las obras escritas por Williams no están traducidas en México, lo que a su vez genera que se pongan muy poco en escena, señaló Minera.

“Quizá el último montaje profesional –recuerda– se realizó hace cerca de 15 años.”

En 1996 se puso en escena Un tranvía..., lo cual permitió a la reconocida actriz Diana Bracho ser la única en México que ha interpretado a las dos hermanas protagonistas de la historia. Fue Stella en la puesta en escena que dirigió Martha Luna, donde Jacqueline Andere interpretó a Blanche, y fue Blanche en el montaje de Francisco Franco, donde Lisa Owen interpretó a Stella.

Por su parte, detalla Moncada, de la extensa producción dramática de Williams, “no pasarán de 10 las que se han estrenado en el país.

“Existen obras cortas muy interesantes que bien podrían ser puestas en escena, pero en su mayoría no se encuentran traducidas, y en el caso de que lo estén, se encuentran publicadas en ediciones tan viejas que hoy día son inalcanzables.

“Pese a que en algún momento el teatro estadunidense fue muy popular en México, éste sigue siendo muy escaso.

“En realidad no se tiene tanta obra traducida como se podría pensar de obras de autores como Eugene O’Neill o Arthur Miller. En el caso de Tennessee Williams ocurre lo mismo.”

A la escasez de traducciones se aunan otras cuestiones por las que no se monta actualmente en nuestro país, explicó Moncada.

En los años 50 y 60 fue uno de los autores extranjeros más puestos en escena en México, lo que marcó a una generación de dramaturgos mexicanos, casi en el momento en que Williams se convierte en una celebridad a escala internacional.

Tan es así que tras el estreno en Broadway de Un tranvía lalamdo deseo, en 1947, la obra se estrenó un año después aquí en México, con la dirección de Seki Sano.

Hubo un momento en que se convirtió en el dramaturgo estadunidense emblemático de aquella generación mexicana, que a su vez generó en el país un estilo propio y una distancia respecto de otros autores como Rodolfo Usigli.

Entre los autores mexicanos que más se vieron influenciados por Williams, en cuanto a estructuras y puntos de partida, fueron Hugo Argüelles y Emilio Carballido, abundó Moncada, aunque Argüelles fue quien más siguió la línea del teatro de Tennessee Williams al explorar en la sicología de los personajes con pasado sórdido.

“Mientras Carballido, si bien exploró las atmósferas y el origen provincial de las familias, como hizo el autor estadunidense, el dramaturgo veracruzano le dio cierto giro al encontrar un sentido más luminoso, hasta quizá más optimista; es decir, mientras Carballido evoca el lado entrañable de los personajes, Williams, evoca el más sórdido y pasional.

Pero aquella época pasó y el teatro de Williams fue abandonando, continúa Moncada. Quizá fue porque aparecieron otros estilos teatrales que calaron mucho más en la cuestión social que en la sicología de los personajes, de la que Williams era un maestro.

Otros autores que de alguna manera fueron influenciados son Sergio Magaña y Luisa Josefina Hernández. A quien no se incluye es a Jorge Ibargüengoitia, dice Moncada, pues estaba más cercano a Chéjov, autor prácticamente desconocido en la década de 1950.

Fue así, concluye, que el llamado drama sicológico-realista llegó a México. Por la vía del teatro estadunidense y no por el de Chejov, quien fue conocido a partir de los años 60.

Como pocos afamados dramaturgos de su tiempo, la vida tormentosa de Tennesssee Williams se encuentra íntimamente entretejida con su notable obra teatral.

En marzo de 2011 se conmemora el centenario del nacimiento del destacado representante del llamado drama sicológico-realista, cuyas obras El zoo de cristal, Un tranvía llamado deseo, La noche de la iguana y La gata sobre el tejado de zinc caliente, entre otras, alcanzaron durante los años 50 del siglo pasado renombre internacional.

Williams es autor de una dramaturgia que se distingue por sus ambientes sórdidos, por los conflictos que emergen de las pasiones no correspondidas, por el soterrado sentimiento de culpa y por la angustia ante el vacío y la soledad.

En sus Memorias (1975), describe las tensas relaciones con sus conflictivos padres, el cariño por su hermana Rose, a quien le practicaron una lobotomía, y se refiere de igual manera a sus enormes problemas con el alcohol y las pastillas para dormir, lo que deterioró paulatinamente su salud hasta su muerte. Además, se refiere de manera pública su homosexualidad.

En Estados Unidos es reconocido como el segundo dramaturgo más importante después de Eugene O’Neill, y tan destacado como Arthur Miller y David Mamet, quien consideraba a Williams como el más grande poeta dramático, incluso por encima de O’Neill.

Durante su existencia, Williams tuvo una vida atormentada, una fructífera etapa dorada creativa, a la que le siguió una lenta decadencia y varios fracasos, que aunados a su adicción al alcohol y los calmantes lo llevarían a morir solo en un cuarto de hotel, tras ingerir accidentalmente –según algunas versiones– un tubo de pastillas contra el insomnio.

Su verdadero nombre era Thomas Lanier Williams. Nació en Columbus, Mississippi, pero vivió su juventud en St. Louis, Missouri. Sus amigos universitarios lo llamaban Tennessee, por su marcado acento sureño.

Si la escritura es honesta no puede ir separada del hombre que la ha escrito y todo buen arte es una indiscreción, eran algunos de los aforismos que en su momento sentenció el autor.

Cuando se habla de Tennessee Williams, es referencia obligada hablar de su más conocida obra de teatro y puesta en escena en el mundo: Un travía llamado deseo. Sin embargo, previamente a ese reconocimiento internacional y con cerca de 20 obras escritas con anterioridad, lo que detonó su éxito como el más importante dramaturgo estadunidense de su tiempo fue el montaje en 1945 de la que muchos consideran su mejor creación, El zoo de cristal, considerada la pieza más autobiográfica, que lo llevó a ser, a los 34 años, una celebridad.

Elia Kazan, quien lo conoció y dirigió algunas de sus puestas en escena, expresaba: Todo en su vida está en sus obras y todo en sus obras se encuentra en su vida.

El zoo de cristal cuenta la historia de Tom y su hermana Laura, con discapacidad, quienes viven bajo el control de su madre, Amanda.

En la vida real, Williams sentía especial cariño por su hermana Rose, quien pasó la mayor parte de su vida adulta en hospitales mentales. En un intento por tratarla, sus padres autorizaron una lobotomía prefrontal. La operación la dejó en estado vegetativo, y Rose quedó incapacitada para el resto de su vida.

Ese hecho sería un duro golpe para Williams, quien nunca perdonó a sus padres por permitir aquella operación.

Dolorosa experiencia a la que se sumarían otras tantas, como fue en su momento la muerte de Frank Merlo, su pareja sentimental por más de 15 años, hecho que lo sumió en una profunda depresión.

En Nueva York, Williams ejerció diversos trabajos, desde mesero hasta portero de un edificio. Cuando Estados Unidos se involucró en la Segunda Guerra Mundial fue declarado no apto para enlistarse debido a su expediente siquiátrico, su homosexualidad, su alcoholismo y sus problemas cardiacos y nerviosos.

Muchas de sus piezas teatrales fueron llevadas al cine. Entre ellas se encuentran La gata sobre el tejado de zinc caliente y La noche de la iguana, ésta, filmada en Puerto Vallarta.

Asimismo, su más reconocida obra internacional, Un tranvía llamado deseo –por la que recibió el primero de dos premios Pulitzer–, puesta en escena por Elia Kazan, que marcó el debut del joven actor Marlon Brando, quien interpretó al memorable Stanley Kowalski, nombre real de un amigo de la juventud de Williams, a quien conoció cuando, obligado por su padre, tuvo que entrar a trabajar en una fábrica de zapatos.

En Un tranvía llamado deseo se pronuncia una de las más memorables frases dichas por la protagonista, Blanche Dubois: Yo he dependido siempre de la bondad de los extraños.

La rosa tatuada, De repente el último verano, Dulce pájaro de juventud y Propiedad condenada son otras obras que sobresalen de su extensa dramaturgia.

Para el director escénico Otto Minera, Tennessee Williams nunca pudo sobreponerse a la tormentosa vida que llevó. “Uno de sus grandes miedos era perder la razón al igual que su hermana Rose. Sin embargo, era sorprendente, porque nunca dejó de escribir.

Era realmente un poeta, no porque escribiera piezas de teatro con enorme intensidad y fuerza, sino porque logró que la prosa adquiriera una singular vibración poética. Incluso le da cierta sofisticación y glamur al texto dramático, con lo que instala un renovado temperamento.

Williams es de esa pasta de escritores en quienes la aventura, el alcohol, la búsqueda de los límites son experiencias vitales que van construyendo su propia personalidad, al tiempo que ponen de manifiesto su visión del mundo, expresa Moncada.

Ejemplo curioso de esa forma de vida y creatividad es el escritor Truman Capote, autor contemporáneo de Tennessee Williams; ambos llegaron a ser grandes amigos y cuya experiencia y destino coincidieron.

Capote era también de Nueva Orleáns y descubrió su homosexualidad muy pronto y al igual que Williams vivía al límite. Ambos fueron notables escritores precoces, celebridades desde el principio. Uno murió en 1983 y el otro un año después. Al final de sus vidas, los dos sufrieron una serie de fracasos literarios y murieron con un avanzado deterioro físico y por sobredosis. Sus carreras se desarrollaron de manera paralela, uno en la literatura y el otro en la dramaturgia.

Las obras de Williams, concluye Moncada, exhiben las grandes fisuras existentes en la condición humana. Retratan al hombre y a la mujer que se dejan llevar por sus pasiones, como destino y condición trágica del individuo.

Los más grandes directores cinematográficos de su generación, entre ellos Joseph L. Mankiewicz, Elia Kazan, Daniel Mann, Richard Brooks, Sydney Pollack y John Houston, llevaron a la pantalla grande la obra teatral de Williams. En sus cintas participaron actores de la talla de Marlon Brando, Vivian Leigh, Anna Magnani, Elizabeth Taylor, Paul Newman, Geraldine Page y Katharine Hepburn, entre otros.

Aunque es reconocido principalmente como dramaturgo, Tennessee Williams también escribió novelas, entre las que se encuentran: La primavera romana de la señora Stone (1950) y Moise y el mundo de la razón (1975), así como cuatro libros de relatos cortos: Un brazo y otros relatos (1948), Caramelo fundido (1954), Un empeño caballeresco (1969) y Ocho damas poseídas (1974). Su faceta de poeta es todavía menos conocida, en la cual se pueden encontrar los poemarios In the winter of cities y Androgyne, Mon Amour.