Opinión
Ver día anteriorLunes 24 de enero de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Cine francés en línea
Carlos Bonfil
L

os franceses son unos esnobs, pero tienen el primer festival mundial de cine en línea. Bajo esta premisa publicitaria, Unifrance, organismo encargado de la promoción internacional del cine francés, propone un programa, que cierra el 29 de enero, de 10 largometrajes, de la producción fílmica francesa más reciente. Las cintas pueden ser vistas gratuitamente por Internet en cualquier país de América Latina, y su costo es mínimo para otros países.

El propósito es contribuir a la difusión de cine francés mediante la red informática con la finalidad de contrarrestar las dificultades para distribuir una producción que en 2010 reunió 261 largometrajes. Francia, segundo exportador fílmico en el mundo, cuenta también con el mayor número de coproducciones (118 del total de cintas realizadas el año pasado).

Algo interesante en la iniciativa de promover este cine a través de internet es combatir también el mercado creciente de la piratería mundial, la invasión incontrolada de blockbusters estadunidenses que en muchos países ocupan la mayoría de las salas, y promover las cintas de autor que con dificultades logran colocarse en la cartelera comercial. Al respecto cabe señalar que Francia es el país que brinda mayor apoyo a las propuestas alejadas de los criterios de una rentabilidad inmediata.

Las cintas que pueden apreciarse en el portal www.myfrenchfilmfestival.com incluyen comedias románticas, thrillers y propuestas que se sitúan en una franja entre cine comercial y de autor, las llamadas películas del justo medio, una categoría que, se alega en Francia, ha empezado a imponerse en el gusto del público, desdibujando la división tradicional entre el cine de mayorías y el cine de arte.

Entre las películas seleccionadas para este festival destacan por su calidad y originalidad en la propuesta formal La familia Wollberg, de Axelle Ropert, el drama de un alcalde que asiste a la desintegración de su familia, mientras descubre que le quedan pocos meses de vida. Una película austera y anticomplaciente que acompaña su disección de los prejuicios morales y rutinas de la vida en la provincia francesa de una emotiva reflexión sobre la soledad y el presentimiento de la muerte.

Adiós Gary, de Nassim Amaouche, explora un territorio similar, pero se detiene en la experiencia de un adolescente casi autista que espera la llegada del padre desaparecido, a quien fantasiosamente identifica con la mítica figura del actor Gary Cooper. El registro de la lenta maduración sentimental de este joven se lleva a cabo con delicadeza y con una curiosa incursión francesa en la iconografía del western clásico.

Espías, de Nicolas Saada, y Cómplices, de Fréderic Mermoud, son dos buenos ejemplos de un cine de acción en deuda con las fórmulas del cine estadunidense, pero capaz de ahondar en las motivaciones morales de sus personajes y en la complejidad de relaciones afectivas marcadas por la traición y la simulación amorosa. Espías, en particular, es un estudio notable de las vicisitudes de un agente (Guillaume Canet) que para desmantelar una operación criminal se ve obligado a mentir compulsivamente y a destrozar su propia vida sentimental.

El salto narrativo más perturbador lo dan los cineastas Patrick Mario Bernard y Patrick Trividic en La otra, un relato incisivo sobre la dependencia amorosa, con una mujer de 50 años (Dominic Blanc) que persigue al hombre joven que ha decidido abandonarla y por quien llega al límite de la esquizofrenia.

Voces silenciosas, de Léa Fehner, es un relato coral de existencias desvalidas cuyos destinos se entrelazan en la sala de visitas de una prisión. En esta cinta y en Tête de turc, de Pascal Elbé, se ofrecen visiones ácidas de la vida cotidiana en la periferia parisina, ese concentrado de la Francia multirracial que el cine francés actual recupera como el espejo más elocuente y perturbador de la violencia y la descomposición urbanas.

Los títulos restantes, Bus palladium, de Christopher Thompson; El baile de las actrices, de Maïwenn, y Todo lo que brilla, de Geraldine Nakache y Hervé Mimran, tienen una distribución comercial garantizada, aunque con todas sus virtudes de entretenimiento no consiguen ser lo más estimulante en la programación propuesta.

Mayores detalles sobre el programa y la consulta de los filmes: www.myfrenchfilmfestival.com

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