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Revuelta en el mundo árabe

Apenas el 25 de enero Hillary Clinton dijo que el régimen era estable

Garantizar una transición creíble, demanda Obama al ejército egipcio
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La comunidad árabe y egipcia festeja en Queens, Nueva York, la caída de MubarakFoto Elizabeth Coll / Especial para La Jornada
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Miles de egipcios marchan en AlejandríaFoto Ap
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 12 de febrero de 2011, p. 25

Nueva York, 11 de febrero. El presidente Barack Obama celebró la caída de Hosni Mubarak, quien respondió al hambre del pueblo egipcio por el cambio, dijo, aunque no mencionó que esta insurrección civil derrocó un régimen que Estados Unidos apoyó durante tres décadas con miles de millones de dólares en asistencia militar.

El pueblo ha hablado, sus voces han sido escuchadas, y Egipto nunca será igual, declaró Obama. También elogió el comportamiento de los militares, aunque giró instrucciones de que garanticen una transición creíble, asegurando que se respeten los derechos de los ciudadanos, suspendan la ley de emergencia impuesta por Mubarak, revisen la Constitución y sienten el camino para elecciones libres e imparciales.

Afirmó que Estados Unidos continuará siendo un amigo y socio de Egipto y que su gobierno está listo para otorgar cualquier asistencia necesaria –y solicitada– para proseguir con una transición creíble a la democracia.

Afirmó que durante 6 mil años Egipto ha sido clave en la historia humana, pero en estas últimas semanas la rueda de la historia giró a un paso deslumbrante con el pueblo egipcio demandando sus derechos universales.

Alabó la rebelión civil, la nueva generación, la unidad entre gente de diferente fe y la solidaridad entre el pueblo, y hasta comparó el momento con el derrumbe del Muro en Alemania y el movimiento de Gandhi. Con referencias a un discurso del reverendo Martin Luther King, Jr., Obama afirmó que “este es el poder de la dignidad humana, y nunca puede ser negada. Los egipcios nos han inspirado al revelar la mentira de la idea de que la justicia es mejor ganada por medio de la violencia. Porque en Egipto fue la fuerza moral de la no violencia –no el terrorismo, no la matanza inconsciente– la que una vez más inclinó el arco de la historia hacia la justicia”.

En una sesión ante medios en la Casa Blanca, concluyó recordando que Tahrir (nombre de la plaza que ocupó el movimiento) significa liberación, y que “para siempre ahora nos recordará al pueblo egipcio –de lo que hicieron, de las cosas que defendieron y cómo cambiaron a su país, y con ello al mundo”.

Justo es ese cambio que, mientras hablaba Obama, su equipo de seguridad nacional y de diplomacia están estudiando para tratar de medir sus consecuencias, ya que el fin de Mubarak desbarata una pieza clave de la estrategia estadunidense de las ultimas décadas en la región.

Vale recordar que el régimen derrocado representaba para Washington un eje de su estabilidad en la región, tanto por ser uno de los pocos estados árabes en paz con Israel, por ser el guardián del Canal de Suez, ruta clave entre Medio Oriente y Europa, y por su participación en la llamada guerra contra el terrorismo y las agrupaciones musulmanas fundamentalistas en esa parte del mundo. A cambio de todo ello, Estados Unidos entregaba cada año 1.3 mil millones o más al régimen, el segundo receptor de asistencia estadunidense más grande del mundo.

Washington fue tomado por sorpresa; jamás imaginó que en 18 días desaparecería uno de sus aliados más fieles. Después del primer día de manifestaciones en El Cairo –el 25 de enero–, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, declaró confiada que nuestra evaluación es que el gobierno egipcio es estable y está buscando maneras de responder a las necesidades e intereses legítimos del pueblo.

Ahora, especialmente después de la caída de los regímenes en Túnez y Egipto, los estrategas estadunidenses están evaluando cuál podría ser el siguiente gobierno en enfrentar una insurrección civil, especialmente entre los aliados de Washington en la región.

Hay un número de países en el mundo árabe que reflejan algunas de las mismas preocupaciones, dijo Leon Panetta, director de la CIA, en una audiencia ante el Congreso esta semana. Los gatillos, los factores que desataron lo que ocurrió en Egipto, muy bien podrían impactar otras áreas, advirtió.

Como resumió el Washington Post hoy, lo que funcionarios estadunidenses ven en varios de los reinos son los mismos factores –estancamiento económico, poblaciones jóvenes y frustraciones políticas– que se expresaron en El Cairo y Túnez. Por tanto, el desafío para Washington –señala– es cómo promover la elección de gobiernos que no sólo responden a sus electores, sino a intereses estadunidenses.

Mientras los estrategas buscan cómo lograr eso, las celebraciones del pueblo en Egipto fueron acompañadas por el júbilo de la comunidad egipcia y árabe en varias partes de Estados Unidos. En Queens, Nueva York, en el barrio conocido como Pequeño Egipto, ondearon banderas de Egipto y Túnez, y la gente se abrazaba y besaba, y marchaba cantando su triunfo por las calles.