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El INAH recordó al autor de Días de guardar en la feria del Palacio de Minería

Sin Monsiváis no se podrían entender las pasadas cinco décadas del país

Evocaron su obra, su compromiso con las causas sociales y su capacidad de abrir caminos en la discusión política y cultural

Participaron Carlos Tello, Francisco Pérez Arce y Lilia Venegas

Ángel Vargas
 
Periódico La Jornada
Domingo 6 de marzo de 2011, p. 3

No es posible entender las pasadas cinco décadas de la realidad mexicana sin la presencia ubicua de Carlos Monsiváis.

En ello coincidieron en señalar los participantes en la mesa redonda con la que ayer se le rindió homenaje póstumo al escritor y periodista, como parte del penúltimo día de actividades de la 32 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM).

El acto fue organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de cuya dirección de Historia fue colaborador el célebre intelectual mexicano, quien falleció el 19 de junio de 2010, a los 72 años.

Primero al habla, el escritor Francisco Pérez Arce destacó que si bien es complejo comprender la magnitud de la obra de Monsiváis, resulta fácil reconocer que es indispensable para entender, tanto como sea posible, la historia de la nación mexicana.

El también historiador sostuvo que al leer al autor de Días de guardar siempre queda la sensación de que nos acercó a la realidad para apreciarla mejor, para descubrir lecturas distintas y lanzar nuevas preguntas.

Su obra literaria tiene la forma de la fábula sin moraleja, agregó, para luego definir al escritor como fundador de un nuevo género literario: la crónica-historia-ensayo, que está emparentado con la novela de no ficción inventada por Truman Capote.

Al respecto, recalcó la influencia que tuvieron en el periodista y escritor la narrativa cinematográfica y las ideas innovadoras del nuevo periodismo. Escribe lo que escucha y sabe escuchar muy bien, como lo observó José Emilio Pacheco.

Según Pérez Arce, pocos escritores han aportado palabras que se quedan para siempre en el habla nacional. Uno de ellos, apuntó, fue Guillermo Bonfil, quien acuñó la frase El México profundo para describir algo que después ya no pudo llamarse de otro modo; otro fue Monsiváis, con la acuñación de sociedad civil.

El escritor e historiador se refirió a la faceta de Carlos Monsiváis como coleccionista y calificó al Museo del Estanquillo como una de las grandes obras de este personaje.

Él supo qué buscar y dónde, prosiguió: En La Lagunilla y los tiraderos, no busca lo marginal, sino lo cotidiano para despertar la sensibilidad popular, para describir una estética que está en todas partes y que sólo se aprecia cuando él la hace evidente.

Para cerrar su intervención, aseguró que el pueblo, la sociedad y la patria vamos a extrañar, ya extrañamos, a Carlos Monsiváis, hombre que puso su inteligencia y agudeza al servicio de los jodidos y alzó su voz irónica para descubrir y censurar la injusticia.

En su turno, el investigador Carlos Tello describió al autor de Amor perdido como testigo y analista mordaz del escenario social, político y cultural del país, además de ser un personaje progresista comprometido con una amplia gama de causas sociales.

En ese sentido, subrayó que los derechos humanos y la lucha contra la impunidad, el reclamo de equidad y respeto, la indefensión de los débiles, la libertad sexual, el cultivo intenso del lenguaje, el sida como enfermedad colectiva, constituyen el gran haz con el que Carlos construyó su portentosa hegemonía cultural, su incisiva e intelectual manera de ser.

A decir del consejero de la Universidad Nacional Autónoma de México, “no es posible entender las pasadas cinco décadas de la realidad mexicana sin la presencia ubicua de Carlos Monsiváis.

“Escritor, periodista, crítico cultural, nada escapa a la inmensa curiosidad de su mirada analítica: movimientos sociales, películas, historia de la ciudad, actores, actrices, cantantes, partidos políticos, pinturas, libros, telenovelas…”

Figura identificada por todos

A ello debe sumarse, dijo, que es quizá el único intelectual cuyos nombre y figura son identificados por la mayoría de la población, incluso por aquella que poco o nada tienen que ver con la cultura.

Lo anterior responde a su amplia presencia social y mediática. Lo mismo asistía a una manifestación ciudadana que al espectáculo de moda; aparecía en la presentación de un libro propio o ajeno; dictaba conferencias y concedía entrevistas a los medios en las que opinaba de casi cualquier tema, asentó.

Carlos Tello hizo hincapié en que la participación de Monsiváis en publicaciones culturales fue fundamental para definir el periodismo cultural en México: Abrió nuevos caminos en la discusión política y cultural en el país, se convirtió en ariete fundamental en la lucha por la libertad de expresión en una época dominada por la censura oficial y el contubernio mediático.

Después señalar que el estilo de este creador ha sido analizado, admirado, criticado, copiado y parodiado infinidad de veces, el investigador opinó que hacer el seguimiento de la obra de Monsiváis es una tarea titánica, ante su vastedad.

El salón Caballito, con un aforo en su mayoría de jóvenes, fue el lugar de este encuentro y homenaje, en el cual intervino asimismo la investigadora Lilia Venegas.