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Revuelta en Magreb y medio oriente

Contradicen las leyes islámicas y los valores sociales, dice el Ministerio del Interior

Prohíbe el gobierno saudita todas las protestas por temor al día de la ira
David Randall
The Independent
Periódico La Jornada
Domingo 6 de marzo de 2011, p. 21

Arabia Saudita, principal productor mundial de petróleo y la ficha del dominó regional cuya caída Occidente teme más, anunció este sábado que prohibirá todas las protestas. Esta decisión –el garrote que acompaña a la zanahoria de beneficios por 37 mil millones de dólares ofrecida recientemente a los ciudadanos, en un esfuerzo por aquietar las turbulencias que han afectado a los estados cercanos– viene después de que los opositores al régimen habían amenazado con lanzar un día de ira el próximo viernes.

El Ministerio del Interior saudita señaló que el reino ha prohibido todas las manifestaciones de protesta porque contradicen las leyes islámicas y los valores sociales. Añadió que algunas personas han tratado de sacar la vuelta a la ley para conseguir propósitos ilegítimos y advirtió que se había autorizado a las fuerzas de seguridad para actuar contra los transgresores.

Para dar énfasis, una declaración transmitida por la televisión saudita dijo que las autoridades recurrirían a todas las medidas para prevenir cualquier intento de perturbar el orden público. Como The Independent informó el pasado viernes, la gobernante casa de Saud ya había enviado fuerzas de seguridad, en número probablemente superior a 10 mil, hacia las provincias del noreste. Esas zonas, donde vive la mayor parte de la minoría chiíta del país, han sido escenario de pequeñas manifestaciones en semanas recientes por inconformes que exigen liberar presos a los que afirman que se retiene sin instruirles proceso. Los chiítas también se quejan de que les resulta mucho más difícil obtener cargos importantes en el gobierno que a otros ciudadanos.

Temor a perturbaciones

Las zonas chiítas no sólo están cerca de Bahrein, escenario de la misma perturbación potencial en semanas recientes, sino que en ellas se encuentran también la mayoría de los campos petroleros. Se cree que viven allí más de 2 millones de chiítas, que en años recientes practican cada vez más sus propios ritos religiosos gracias a las reformas adoptadas por el rey saudita.

Sin embargo, era probable –o quizá lo sigue siendo– que el día de protesta convocado para el viernes atrajera a más ciudadanos aparte de los inquietos chiítas del este. Ha habido crecientes murmullos de descontento en semanas recientes; no sólo los manifestantes han cobrado valor por el éxito de los levantamientos populares en Túnez y Egipto, sino que se han establecido canales de comunicación en línea entre quienes contemplan la rebelión. Algunos cálculos indican que hasta 20 mil personas planeaban protestar el viernes en Riad, así como en el este.

Los temores del régimen saudita se verán al menos igualados en muchas partes del mundo donde la simpatía por los movimientos democráticos es atemperada por la necesidad de gasolina, que la mayoría de las personas –pese a todas las afirmaciones de la industria del transporte en contrario– apenas pueden costearse. Arabia Saudita está asentada sobre la quinta parte de las reservas mundiales de petróleo.

La semana pasada, cuando el conflicto interrumpió la mayor parte de la producción petrolera de Libia, el precio del barril de petróleo Brent trepó a 103 dólares, en tanto en Gran Bretaña los precios de la gasolina subieron con rapidez a 1.30 libras (25.45 pesos) el litro. El aumento en el precio del barril fue causado no solamente por la revuelta en Libia –el país produce apenas 2 por ciento de las necesidades petroleras del planeta–, sino también por la perspectiva de más perturbaciones en la región, aunque no por la amenaza de un colapso total en Arabia Saudita.

Ayer, voces alarmistas se apresuraron a explotar los temores. Alan Duncan, ministro británico de ayuda internacional y ex comerciante en petróleo, planteó en una entrevista con el Times de Londres la perspectiva de que el precio del crudo se podría elevar más allá del récord de 140 dólares por barril alcanzado en 2008, incluso a 200 dólares o más.

¿Quieren pagar cuatro libras (casi 80 pesos) por litro de gasolina?, preguntó. Le he estado diciendo al gobierno durante dos meses que si esto sale mal, el precio actual de 1.30 se vería como un lujo. Esbozó un escenario del peor de los casos en el que una grave perturbación regional podría disparar el precio a 250 dólares por barril, y por tanto los automovilistas británicos pagarían 2.03 libras (40 pesos) por litro. Londres ahora evalúa no aplicar el planeado aumento de un penique (unos dos pesos) al impuesto sobre la gasolina.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya