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Ver día anteriorLunes 7 de marzo de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Los manglares, ¿un peligro para México?
N

uevamente, los poderosos intereses hoteleros amenazan con inundar el Poder Judicial con cientos de amparos a fin de invalidar la norma oficial 059, que cataloga como amenazadas las especies de mangle botoncillo, rojo, blanco y negro. Como hace tres años, proclaman por doquier que dicha medida impide la convivencia armónica entre el desarrollo y la naturaleza, además de no permitir a quienes destruyen manglares compensar el daño estableciéndolos en otras partes, casi como siembras milagrosas. Y lo principal: que, al decretarse dicha protección, se cancelan cientos de multimillonarias inversiones para construir magnos hoteles y condominios, campos de golf, marinas, áreas residenciales y de servicios. Lo anterior cancela la posibilidad de crear los empleos que el país necesita en regiones con una enorme riqueza natural pero sumidas en la pobreza, como la franja costera del Caribe y el Pacífico mexicanos. Y esto ocurre, agregan, cuando el licenciado Felipe Calderón promete que muy pronto seremos una de las cinco potencias turísticas del mundo. Adiós, pues, a millones de visitantes, empleos y divisas. Un vocero de los hoteleros proclamó que la razón estaba del lado de ellos, que no se les daba voz en el tema, cuando la han tenido de sobra, incluyendo a sus cabilderos y a legisladores afines en el Congreso de la Unión. En fin, califica de traidores a los senadores por aprobar la citada norma.

Si nos atenemos a lo que proclaman los grandes intereses hoteleros, los manglares son un peligro para México, cuando son lo contrario. En efecto, constituyen una importante fuente de riqueza pesquera que brinda empleo y alimento a miles de familias; garantizan el buen estado de los arrecifes de coral; son inmejorables barreras naturales contra la erosión del litoral marino; se encargan de aminorar la fuerza destructiva de huracanes y ciclones. También son refugio de aves y otras especies y filtro purificador de agua contaminada, con lo cual se evita el deterioro de los arrecifes, la fauna y la flora costera. En años recientes su importancia se hizo más evidente por contrarrestar los efectos negativos del cambio climático. Por eso mismo la conservación del manglar se califica ya como asunto de seguridad nacional. Y si de negocios se trata, el segmento del turismo que crece con mayor dinamismo se relaciona con el disfrute de la naturaleza, del paisaje, algo que el manglar ofrece en abundancia.

En el último siglo la industria hotelera, la obra pública, las actividades agropecuarias e industriales y la contaminación acabaron con más de la mitad de los manglares del país. Pese a las medidas tomadas recientemente para conservarlos, cada año se destruyen unas 22 mil hectáreas, lo que muestra la necesidad de que las instancias oficiales no sean ya presa de la corrupción y la influencia de poderosos intereses públicos o privados. Esa destrucción reciente se ubica preferentemente en el Pacífico norte y la península de Yucatán, asiento de importantes capitales de origen español que buscan hacer en nuestro país lo que la ley les prohíbe en el suyo, como destruir manglares. Bueno es recordar la arrogancia con que durante la estancia del presidente José Luis Rodríguez Zapatero en Cancún, exigieron al gobierno mexicano garantías para sus inversiones. Los empresarios alegan que pueden compensar los daños al arrasar un manglar plantándolo en otros sitios, hallazgo digno de un Ig Nobel, con el que se reconoce las tonterías científicas. Se sabe bien que el manglar es fruto de un largo proceso que tiene lugar en áreas costeras muy específicas desde el punto de vista natural. Y que tarda mucho tiempo en lograr toda su plenitud y así ofrecer los importantes servicios ambientales que los caracterizan.

Aunque la presión de los intereses hoteleros va de la mano de los gobernadores de los 17 estados costeros del país, la autoridad federal en asuntos ambientales ha dicho que la norma 059 no es negociable, la hará cumplir y sancionará a quienes la infrinjan. Esperemos que ahora sí esté lista para hacer realidad lo que promete pues desde 2009 suman más de 300 las denuncias por destrucción de manglares.