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Revuelta en Magreb y Medio Oriente
Fuerzas de Kadafi bombardean Zawiya en la batalla final

El dictador envía artillería pesada, tanques y aviones contra opositores con escaso armamento

Crece la posibilidad de imponer una zona de exclusión aérea en Libia; el tema llega al Consejo de Seguridad

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Rebeldes libios durante un bombardeo en Ras LanufFoto Reuters
Catrina Stewart y Nigel Morris
The Independent
Periódico La Jornada
Miércoles 9 de marzo de 2011, p. 33

Bengasi, Libia, y Londres, 8 de marzo. Tropas leales al coronel Muammar Kadafi intensificaron este martes sus ataques a las fuerzas de oposición, ejerciendo un nivel de brutalidad que no se había visto en el conflicto.

Las tropas usaron tanques y aviones para bombardear la ciudad de Zawiya, en poder de los rebeldes, a 50 kilómetros de Trípoli, jurando que era la batalla final. Hubo reportes mezclados sobre si la ciudad había caído o no, pero testigos afirmaron que el centro de la ciudad había sido aplastado por la acometida.

“Siguen los combates. Las fuerzas de Kadafi usan tanques y también ataques aéreos esporádicos –relató un residente–. La situación aquí es muy mala. Muchos edificios han sido destruidos, incluso mezquitas. En el bombardeo participan entre 40 y 50 tanques, pero no pudieron llegar al centro, que aún está en poder de los revolucionarios.”

La renovada batalla por Zawiya ocurrió en momentos en que desertores de las fuerzas regulares de Libia por fin parecían disponerse a remplazar a los entusiastas pero inexpertos rebeldes que han librado las batallas diarias con las bien pertrechadas tropas de Kadafi en el este de Libia. En un retén en Brega, apenas al este de la línea frontal, se avistaron soldados entrenados, con uniformes ligeros y equipo de combate, en un lugar normalmente patrullado por combatientes que disparan a la menor provocación, algunos de los cuales portan armas por primera vez.

Cuatro batallones formados por varios miles de soldados han avanzado desde la segunda ciudad de Libia, Bengasi, hacia el frente en los dos días pasados, afirmó el marino Jelel Solimán. “El ejército está a cargo –aseguró, como han repetido varios soldados–. El ejército está al frente y los voluntarios en la retaguardia.”

Las fuerzas opositoras esperan que la decisión de los soldados de movilizarse en su apoyo marque un punto decisivo. Se habían esforzado por defender las ganancias que tanto les costaron en el este de Libia, región que hasta la noche del martes estaba en control insurgente hasta Ras Lanuf, sitio de la mayor refinería petrolera del país.

Entre tanto, los gobiernos británico y francés continuaron promoviendo una zona de exclusión aérea sobre Libia para evitar que el coronel Kadafi lance jets de combate contra civiles en un esfuerzo por aplastar a quienes se oponen a su gobierno de 42 años.

La batalla por Zawiya fue parte de un contrataque contra el movimiento de resistencia que echó al régimen del este del país hace más de dos semanas: una revuelta popular que costó cientos de vidas. En días recientes, Kadafi ha enviado artillería pesada, tanques y aviones de guerra contra los voluntarios inexpertos, algunos de los cuales ni siquiera tienen rifles.

En un principio los rebeldes obtuvieron victorias y avanzaron, impulsados por un ánimo más que bueno. En contraste, se dice que la moral entre las fuerzas del régimen es muy baja. Se sabe que sus comandantes ejecutaron la semana a 20 oficiales en Sirte, ciudad natal de Kadafi, por haberse negado a combatir a los revolucionarios. Pero también el entusiasmo de los rebeldes se vio sacudido cuando sufrieron una fuerte derrota en Bin Jawad, ciudad cercana a Sirte.

Con todo, existe ahora un creciente reconocimiento entre los comandantes de la oposición de que los combatientes tienen urgente necesidad de un mando y una estrategia.

El mayor general Ahmed Ghatrani, desertor del ejército que ahora sirve en la oposición, señaló que sus soldados se aprestan a unirse a la lucha. “Es hora de ir a trabajar –añadió–. Las fuerzas armadas avanzarán ahora para encabezar la batalla de Bin Jawad a Sirte. De allí en adelante, los jóvenes continuarán.”

Luego del levantamiento del mes pasado, soldados de Kadafi en el este depusieron las armas y algunos volvieron a casa, en tanto otros se unieron a los voluntarios para combatir.

Mientras la comunidad internacional observa con creciente alarma, Occidente parece acercarse poco a poco a imponer una zona de exclusión aérea con la esperanza de prevenir ataques por aire a los civiles libios. El secretario británico del exterior, William Hague, afirmó este martes que tal medida sería tanto realista como práctica. Sin embargo, descartó una acción inminente, pues dijo que se requería un claro fundamento legal, una necesidad demostrable y fuerte apoyo internacional, así como amplio respaldo regional, y disposición a participar.

La posibilidad de implantar la exclusión aérea en Libia se discutió este martes en el Consejo de Seguridad de la ONU, confirmó Lynn Pascoe, subsecretario general del organismo mundial.

Tanto China como Rusia, que tienen poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, han expresado oposición a interferir en los asuntos internos de Libia, en tanto Estados Unidos dice estar sopesando opciones militares.

El general James Amos, comandante de la infantería de marina estadunidense, advirtió este martes que los helicópteros de ataque del coronel Kadafi, que son un blanco mucho más difícil que los aviones, representan una amenaza mucho más grave a los civiles que los jets de combate, y que ante ellos una zona de exclusión aérea tendría sólo efectividad parcial.

El líder libio ha mostrado pocos signos de debilidad, pese a reportes en medios árabes de que podría estar dispuesto a ceder el poder a cambio de ciertas garantías. Líderes de oposición con sede en Bengasi negaron haber tenido pláticas con el régimen. Pero Mustafá Abdel Jalil, ex ministro de justicia que encabeza el Consejo Nacional opositor, dijo que si Kadafi deja el poder en el curso de 72 horas, su bando no buscará llevarlo ante la justicia. Otros en la coalición insistieron en que Kadafi debe responder por sus crímenes.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya