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Han hecho falta a México personas que se orienten al bien común, dice ante la comunidad judía

Critica Calderón a políticos que se han enriquecido al abrigo del poder

Más que guerra contra el narcotráfico prefiero usar el término lucha por la seguridad

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El presidente Felipe Calderón y su esposa, Margarita Zavala, con la comunidad judíaFoto Jesús Villaseca
Alonso Urrutia
 
Periódico La Jornada
Martes 15 de marzo de 2011, p. 9

Al reunirse con la comunidad judía en México y responder a sus inquietudes sobre el país, el presidente Felipe Calderón sostuvo: La política, más allá de ser el arte del poder y del dominio, lo que debe ser es el arte del bien común. Y precisamente lo que le ha hecho falta a este país es una buena política y políticos orientados al bien común, no al bien personal o de partido, o peor aún, a las fortunas inmensas que se han hecho en México al abrigo del poder, y lo sabemos.

Durante su intervención gabló también de la inseguridad, al reivindicar su combate al crimen organizado. No se trata de una guerra contra el narcotráfico, como señalan; prefiero yo usar el término lucha por la seguridad, porque no es un tema de narcotráfico, no pretendemos erradicar el consumo de droga en el mundo, eso será impensable, pero sí tenemos que erradicar la violencia que generan.

La cultura de la tranza

Después, al inaugurar la Convención de la American Chamber, el Presidente describió la pretensión con su lucha en materia de seguridad para hacer del país un estado de derecho, donde se cumplan las leyes. Y predijo: México será en el futuro, no digo que inmediatamente, una verdadera fortaleza en materia de seguridad y legalidad.

Sin embargo, Calderón reconoció ante empresarios estadunidenses que no será fácil, no será rápido, va a costar mucho, porque  México es un país educado en una cultura de la complicidad, de corrupción, de tranza, como decimos los mexicanos, por desgracia, que le hizo un daño enorme al país, pero lo estamos arreglando para consolidar un estado de derecho.

Durante su visita al Centro Deportivo Israelita, Calderón escuchó las inquietudes de la comunidad judía, primero en voz de Elías Mussali, de 13 años de edad, quien planteó sus preocupaciones sobre el futuro. Su intervención se convirtió en una descripción de la situación social, pues habló de lo lamentable que era la existencia de niños pidiendo limosna o jugando al payaso para poder comer, en lugar de ir a la escuela, y de la condenable violación al principio del trabajo de los judíos.

El presidente del Comité Central de la Comunidad Judía, Rafael Zaga Kalach, subrayó tres peticiones: mayor justicia social, acelerar el crecimiento económico mediante reformas estructurales y poner fin a la inseguridad. Ni el crecimiento económico, ni las mejoras en materia de igualdad son posibles en un clima de inseguridad y de violencia, dijo. Subrayó que el reto a vencer es la terrible impunidad delictiva.

Demandó la aprobación de las reformas que se necesitan –fiscal, laboral y de Estado– para  enfrentar los problemas. El país ha cambiado dramáticamente en la última generación y nuestras leyes no se han adaptado con el mismo ritmo. Sin reformas de fondo, sin una democracia efectiva, serán más difíciles el crecimiento, la justicia social y la seguridad, por lo que pidió al Ejecutivo y a los partidos políticos alcanzar acuerdos y dejar el perpetuo estado de competencia partidista.

Zaga revisó el proceso democrático y la coyuntura actual, que ligó a la historia judía: Después de la victoria inicial, cuando se rompen las cadenas, se abren los mares, se ganan las elecciones, llegan los momentos difíciles, los momentos de recorrer el desierto, de desesperación y cuestionamientos, donde la nostalgia de un pasado romantizado contamina las aspiraciones del futuro.

Entonces, dijo, cuando al pueblo de Israel no llegaban los cambios prometidos, se construyó un becerro de oro y se le adoró violando los principios originales, y esta historia ilustra la dificultad de todo proceso de cambio; se dejan atrás pasados indeseables, pero conocidos, cuya atracción permanece latente.

Calderón retomaría la metáfora de cómo se puede comenzar a sentir la nostalgia por el yugo del faraón y adorar al becerro de oro. Tras una larga exposición de las acciones gubernamentales, se refirió a la carencia de políticos con principios que ha habido en México. Sostuvo que la ruta de los políticos con principios es la incomprensión, porque en la política ninguna cosa buena que hagas quedará impune, parafraseó a Carlos Castillo Peraza.

En el discurso desgranó cifras y más cifras para responder a las interrogantes planteadas:  les expuso la estabilidad económica, las buenas finanzas públicas. Dijo haber cumplido el principio de la Tora, con sus acciones en materia educativa para alcanzar la cobertura universal a nivel primaria y aumentar la oferta de educación superior, así como sus obras en el renglón de la salud.

Sólo en materia de seguridad pública el mandatario expuso avances e insuficiencias, aunque en alusión a estas últimas remitió a rezagos en las acciones de los gobiernos locales, en especial en la limpieza de las corporaciones policiacas y la conformación de una nueva institucionalidad.

Posteriormente el presidente Calderón acudió a la inauguración de la décima convención de la American Chamber, acto donde subrayó  la importancia de la relación México-Estados Unidos. Sin la presencia del embajador de ese país, Carlos Pascual –con quien se ha mantenido una relación distante tras la difusión de los cables de Wikileaks–, el Ejecutivo destacó que de los 90 mil millones de dólares de inversión extranjera directa en México, 40 por ciento proviene de empresas estadunidenses.

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks