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Presidencia debe aprovechar para cambiar el fondo de la relación bilateral: Muñoz Ledo

Sin sorpresa, académicos y legisladores se enteran de la renuncia de Pascual
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Carlos Pascual cuando entregó sus cartas credenciales a Felipe Calderón, el 21 de octubre de 2009Foto María Meléndrez Parada
Andrea Becerril, Alma Muñoz, Roberto Garduño y Emir Olivares
 
Periódico La Jornada
Domingo 20 de marzo de 2011, p. 7

La renuncia del embajador de Estados Unidos, Carlos Pascual, era esperada. Mantenerlo en México representaba costos más altos para la administración de Barack Omaba, aunque no hay que descartar un posible pago de facturas por el gobierno de Felipe Calderón, señalaron académicos universitarios y legisladores.

El profesor y diplomático Víctor Flores Olea indicó que la presencia de Pascual en el país “era ya muy difícil. Porque, además de las críticas hechas por Calderón a los señalamientos de la embajada estadunidense –difundidos por Wikileaks– sobre la incompetencia del Ejército, sumadas a otras peripecias muy desafortunadas y violadoras de la soberanía de México, como la operación Rápido y furioso y, más recientemente, los vuelos de aviones no tripulados sobre territorio nacional, lo habían convertido en un embajador bastante paradigmático de las violaciones a la soberanía de México a que puede llegar Estados Unidos, por lo que resultaba insostenible su posición”.

Sin embargo, acotó, el análisis no debe limitarse. En realidad la mayoría de los actos violatorios a la soberanía fueron consentidos o autorizados expresamente por el gobierno mexicano, como se desprende de la comparecencia de la canciller (Patricia Espinosa) ante el Senado. Tales versiones oficiales del gobierno mexicano resultan una vergüenza y una burla para la ciudadanía; a ese grado de destrucción de nuestra política exterior ha llegado el gobierno de Calderón.

Eduardo Rosales, experto en la relación México-Estados Unidos de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM, dijo que la dimisión del embajador era inminente debido a que las relaciones entre ambos países están en uno de los niveles más bajos de la historia, lo que se sumó a la fallida lucha contra el narcotráfico y a las filtraciones de Wikileaks.

Si bien Pascual venía con currículo impresionante en su condición de especialista en estados fallidos, actuó más como agente de inteligencia que como diplomático.

Destacó que es cierto que en principio este movimiento hace ver débil a Obama frente a México, pero seguramente en breve habrá costos. Una de las monedas de cambio puede ser que el gobierno de Calderón realice las gestiones para permitir aquí la presencia de agentes estadunidenses armados.

El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, restó importancia a esta renuncia, porque “lo relevante del caso es que cambie el fondo de las relaciones diplomáticas entre ambos países; lo que se debe desmontar es el operativo de espionaje e intervención directa de Estados Unidos en México”.

Señaló que esta salida no significa que el gobierno de México haya ganado. Calderón debe aprovechar que se va Pascual para cambiar el fondo de la relación. El tema es la terrible dependencia de México en materia diplomática.

Para el coordinador del grupo parlamentario del PT en la Cámara de Diputados, Pedro Vázquez, el embajador es una persona no grata en el país; las autoridades, el gobierno y los legisladores lo señalaron por su abierta intromisión en asuntos de México. Él se había convertido en un virrey.

El senador perredista Pablo Gómez preguntó qué esperaba Pascual si se había peleado con todo mundo en México. Ya no le era útil ni al gobierno de Calderón ni al de Obama y tenía que salir del país.

El senador Ricardo Monreal (PT) consideró que en realidad Pascual tuvo que irse debido a la irritación que provocó en Calderón que, vía Wikileaks, se hiciera público lo que el gobierno de Estados Unidos opina sobre la fallida guerra contra el crimen organizado.

El senador priísta Carlos Jiménez Macías consideró que debe haber influido finalmente en Pascual la comparecencia reciente en el Senado de la canciller Espinosa, donde todas las fuerzas políticas le exigieron cuentas sobre la actuación del embajador.

El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores para América del Norte del Senado, Luis Alberto Villarreal, consideró que la renuncia viene a aminorar las presiones que se habían acumulado en la relación bilateral debido a la actuación del diplomático y confió en que el próximo representante estadunidense respete a México, a su pueblo y a sus autoridades.

La senadora perredista Yeidckol Polevnsky consideró que la renuncia de Pascual no es más que una cortina de humo para tratar de diluir el asunto de Rápido y furioso, operativo por el que Estados Unidos introdujo miles de armas de alto poder al país. Calderón, opinó, hizo público el enojo y la supuesta furia que ello le provocó como una forma de hacer creer que tiene una postura firme frente a Estados Unidos, aunque “no ha levantado ni una ceja para protestar por el armamento que Estados Unidos le vendió a los narcos mexicanos”.

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks