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Pobladores inconformes aseguran que sólo se han beneficiado quienes rentan el terreno

Comunidad purépecha, basurero de compañía papelera de Suecia

Prorrogan contrato con la promesa de realizar obras públicas y evitar afectaciones al ambiente

La empresa y subdelegado de Profepa niegan que lodos de celulosa y carbonato sean peligrosos

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La papelera Svenska Cellulosa Aktiebolaget deposita residuos químicos en un predio de 20 hectáreas perteneciente a una comunidad purépecha, con la promesa de obras sociales Diego Espinosa
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 21 de marzo de 2011, p. 28

Uruapan, Mich., 20 de marzo. Con el aval de algunas autoridades indígenas y la promesa de realizar obras en beneficio de la comunidad, la empresa papelera sueca Svenska Cellulosa Aktiebolaget (SCA) deposita sus desechos en un predio de aproximadamente 20 hectáreas en la tenencia purépecha de Caltzontzin, municipio de Uruapan. Mientras, en los alrededores cunde la inconformidad por los casos de envenenamiento que se atribuyen a los residuos de la compañía.

Un terreno ubicado entre la cascada El Salto y El Cerrito –en medio de los núcleos agrarios de Zirimícuaro y Caltzontzin– es el vertedero que los empresarios rentan desde hace más de un decenio.

El contrato se prorrogó recientemente por cinco años, después de que la compañía aseguró que evitaría daños al ambiente y se comprometió a pavimentar algunas calles, dijo Bruno Morales Anguiano, comisario de bienes comunales de Caltzontzin.

La comunidad indígena no quiere problemas con la empresa, que produce, entre otros artículos, toallas femeninas y papel higiénico, porque entre sus 500 empleados hay habitantes de la localidad, y se les advirtió que si se quejaban cerrarían la fábrica, indicó Enrique Gómez Aguilar, otro de los dirigentes.

El activista Juan Hernández Chávez comentó que los representantes indígenas fueron discrecionales al firmar los convenios con la papelera. En el poblado, agregó, hay muchos inconformes que han denunciado la falta de transparencia de los acuerdos y aseguran que sólo un pequeño grupo se ha beneficiado de la renta del predio, que todo el día recibe toneladas de sustancias químicas de color grisáceo.

En uno de los patios de la planta, los camiones de volteo cargan los desechos con un sistema de bandas para trasladarlos al confinamiento, ubicado a unos tres kilómetros, donde cada día se descargan, en fosas de más de 30 metros de diámetro y siete de profundidad, seis metros cúbicos de residuos, los cuales son extendidos y sepultados.

Dicen que son restos inocuos de cloro, celulosa y carbonato, pero la verdad es que son muy corrosivos, porque las cajas de los camiones que los transportan comienzan a picarse en menos de dos años, pese a que son de acero reforzado, comentó Hernández Chávez.

Los químicos envenenan el predio. Se filtran al subsuelo e incluso hay quejas de poblados ubicados en el municipio de Ziracuaretiro por la contaminación de un arroyo cercano, la propagación de enfermedades y la muerte de animales, secundó Gómez Aguilar.

Los representantes de la empresa aseguraron que cumplen la norma oficial mexicana 83 y que tienen permiso del gobierno para confinar de esa forma sus lodos de celulosa y carbonatos, lo cual confirmó Fernando Razo Jasso, subdelegado de auditorías ambientales de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.

Según el funcionario, los desechos no son tóxicos y se pueden depositar a cielo abierto porque provienen de un tratamiento de aguas residuales en el cual se eliminan las fibras no utilizadas. Lo extraño, dicen los comuneros, es que varios regidores de Uruapan visitaron la planta y ofrecieron dar a conoecr el análisis químico del material vertido, pero hasta la fecha eso no ha ocurrido.

Según los afectados, SCA tampoco ha reforestado la zona, como lo ofreció, y sólo realiza parcialmente las obras de beneficio comunitario ofrecidas a la población indígena de Caltzontzin.