Opinión
Ver día anteriorJueves 31 de marzo de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Teatro completo de Héctor Mendoza
E

n mi artículo anterior hubo pequeños errores de los que me hago responsable pero el más grave fue atribuir a la Universidad de Michoacán la coedición de estas obras que corresponde a la Universidad de Guanajuato.

Es bien sabido que cuando se decía el maestro sin dar nombre ni apellido los teatristas se estaban refiriendo a Héctor Mendoza. Probablemente por ello los editores eligieron para el tercer tomo de sus obras completas las que tratan de una concepción acerca del arte de actuar que Mendoza fue afinando a lo largo de su quehacer. Aunque muchas apostillas acerca de su teoría fueron intercaladas en muchas de sus obras, en estas cinco que presenta este tomo es en donde se observa la preocupación pedagógica por dar cuerpo a su teoría de manera dramatizada. Con un enjundioso prólogo de Luis de Tavira que hace hincapié en lo que es la ficción frente a la realidad y la realidad frente a la ficción y sobre todo en el actor como centro de la puesta en escena, se inicia este tercer y último tomo de las obras de Mendoza.

En actuar o no un viejo profesor y un joven discípulo que lo visita intempestivamente tienen una larga conversación acerca de lo que es actuar, lo que de acuerdo con la lección del profesor es tener una reacción real ante un estímulo ficticio. Se dan varios ejemplos y después de muchas vueltas y revueltas, y paradojas se queda en la misma definición a falta de una que los complazca más a ambos.

La guerra pedagógica muestra dos caras de la enseñanza de la actuación. Mauricio profesor poco ortodoxo intenta rehacer a su manera las técnicas de Grotowski incluyendo la idea de un triángulo en el vértice del cuerpo que irradia energía a la totalidad corporal (Lo que recuerda la etapa en que Mendoza, según confesión propia, creó un Grotowski a su manera, a falta de respuestas claras del teórico polaco). Adriana en sus lecciones de voz va dando una teoría más apegada a ciertos cánones y a los propios del autor. La contradicción entre ambos métodos da lugar a muchas intrigas pero, sobre todo a una explicación aquí si teórica acerca de la posibilidad de integrar ambos métodos que el autor introduce en una nota de pie de página.

Creator principium resulta una obra llena de complejidades en que Héctor Mendoza mezcla la realidad que viven sus actores con esa otra realidad que son los ensayos. Polémica en principio, lo que incluso llevó a la negativa de una actriz a interpretar un papel en ella, pero la brillantez de los diálogos y situaciones y el humor del que siempre hace gala Mendoza hacen que se disfrute las lecciones de Raúl –el alter ego del autor– acerca de lo que es la actuación vivencial y la actuación formal, que Mendoza llama de representación, y las diferencias entre la actuación teatral y la actuación cinematográfica.

En el Burlador de Tirso se ensaya el burlador de Sevilla de Tirso de Molina y en una reaparición del director Raúl se da la idea del actor como creador del personaje partiendo de muchos puntos que hará confluir finalmente. Marca las diferencias entre papel y personaje, monólogo y soliloquio, actor creativo y de oficio. A partir de que todo está creado, la manera de crear algo es interpretar lo ya anteriormente dado.

En El mejor cazador, Héctor Mendoza hace que el actor que interpreta a Don Friolera de Los cuernos de don Friolera de Don Ramón del Valle Inclán tenga una historia paralela a su personaje. En esta obra se advierte el desprecio de Mendoza por los géneros comerciales del teatro como la comedia musical. Se aclara lo que para el autor es esperpento y lo que es personaje pluridimensional y tipo que es unidimensional. La clave de una buena actuación sería la identificación con el personaje.

La edición de estas obras es de celebrarse porque es material de estudio para los investigadores al mismo tiempo que los textos pueden servir a varios teatristas para ponerlos en escena. Hay que agradecer a ediciones el Milagro, que cuidó muchos de estos textos en ediciones anteriores, a ediciones la Rana del instituto estatal de la cultura de Guanajuato, a la Universidad de Guanajuato estado que vio nacer a Héctor Mendoza y a la Universidad Nacional Autónoma de México en donde el maestro rindió algunos de sus mejores frutos.