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Saqueos, pandillas y cuerpos quemados en la capital marfileña

Cada día es peor que el anterior, dice soldado de la ONU en Abiyán

Fuerzas de autodefensa integradas en su mayoría por niños custodian barrios

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Un miliciano leal a Alassane Ouattara, el presidente reconocido por la comunidad internacional, sostiene en Abiyán un amuleto de la buena suerteFoto Reuters
Daniel Howden
The Independent
Periódico La Jornada
Viernes 8 de abril de 2011, p. 28

Abiyán, 7 de abril. Las filas de bloques de concreto comienzan desde las afueras del aeropuerto. Oxidados tambos y barras metálicas están regados por las calles custodiadas por niños vestidos con sucios chalecos. Estos infantes están armados con poco más que la fuerza que les da el hecho de ser tantos. Los saqueos hacen que parezca que en Abiyán hubo un terremoto. Automóviles quemados yacen volteados en las calles. Las calles desiertas están cubiertas de vidrios rotos. Lo único que queda sobre el pavimento es lo que se rompió mientras era robado.

Puede verse una fila de mobiliario de oficina destruido que termina con un pequeño gabinete destrozado. Después comienzan a verse los cuerpos. Al principio, el fuego parece sólo una hoguera de llantas. Un soldado explica que la gente ha empezado a quemar los cadáveres para evitar que se extiendan enfermedades. Más adelante, una nube de humo negro pestilente proviene de una parada de autobús toscamente pintada. Una pierna calcinada puede verse claramente entre las llamas.

Cerca de ahí, un cartel electoral ha sobrevivido la carnicería. Sus vívidas letras verdes son fanfarrias para el presidente electo, Alassane Outtara y su Alianza por el Cambio. Es un raro vestigio de la elección que se suponía iba a confirmar que Costa de Marfil había salido finalmente de su sangriento conflicto. En lugar de esto, la nación africana se hundió en la guerra civil.

Al observar la destrucción, un sargento de las fuerzas francesas (de Naciones Unidas), Licorne, indicó que cada día es peor que el anterior. Hasta esta mañana (del jueves) algunos sitios no habían sido saqueados aún, dijo al señalar un supermercado asaltado. Ahora no hay nada, apuntó.

Los niños en los bloqueos de los caminos no son una milicia, no son jóvenes patriotas llamados a las calles para mostrar su lealtad al presidente saliente, Laurent Gbagbo, quien rehúsa salir de esta Abiyán en ruinas. Tampoco son simpatizantes de Outtara, el hombre a quien el resto del mundo reconoce como el triunfador de las elecciones de noviembre pasado. Son fuerzas de autodefensa de los barrios, que intentan protegerse, informó el sargento.

La búsqueda frenética de agua

La desesperación ha obligado a que la gente paulatinamente regrese a las calles, pese a que los combates no han terminado. A la orilla del río de la ciudad, zona alguna vez conocida como el París de África, un puñado de personas salió de sus escondites el tiempo necesario para lavarse.

El agua es un elemento que domina el pensamiento de todos. Grupos de mujeres con cubos de hojalata caminan por entre los escombros en busca de una bomba de agua que todavía funcione. En el extremo norte del distrito Zona Cuatro, una multitud anuncia que un grifo aún tiene agua. Las personas se pelean con sus cubetas, se empujan entre todos por obtener unos cuantos litros más en sus recipientes de plástico y metal.

El puente Charles de Gaulle, que cruza el río hasta el distrito Plateau de Abiyán, con sus altas torres ha sido uno de los lugares más peligrosos de la ciudad durante la semana pasada. Hay que pasar el puente a toda velocidad, teniendo en cuenta los francotiradores apostados al otro lado del río.

Hay poco a qué disparar. Convoyes de cuerpos pacificadores a bordo de sus vehículos blindados son lo único que circula. La base francesa en el sur de la ciudad recibe diario hasta 700 llamadas de gente desesperada por ser desalojada. Sólo se atiende a aquellos que tienen pasaporte extranjero.

El punto de reunión para las fuerzas de seguridad es el hotel Novotel, una de las franquicias del occidente africano más populares antes de la crisis. Su lobby lustroso de vidrio y metal parece intacto. Sin embargo, en la noche, los vecinos afirman que ahí se reúnen pandillas de ladrones que amenazan y roban a quien pase.

El restaurante del hotel, a orillas del río, ofrece una magnífica vista del domo cultural que se encuentra en la otra orilla donde permanecen muchas de las fuerzas leales a Gbagbo, en los cuarteles de la Guardia Republicana. La noche del miércoles, una ametralladora pesada fue colocada en la azotea de una de las torres de la zona de Plateau. Helicópteros franceses la destruyeron después, disparándole cohetes.

Este jueves, decenas de familias se ocultaban en el sótano del hotel rodeados de soldados franceses fuertemente armados, y esperaban ser trasladados a bases militares, consideradas más seguras. Pero ellos no son los únicos que tienen miedo. En la acera de enfrente, detrás de una reja metálica, un marfileño no ha sido rescatado. No hemos salido en cuatro días. Ya partimos a la mitad las raciones para que dure la comida, dijo en alusión a otras personas que están con él. El hombre añadió que milicianos armados recorren la calle todos los días, y él ha podido ver como éstas fuerzas obligan a familias enteras a subir a sus vehículos militares. Nos aterra ver que los extranjeros se van y nosotros nos quedaremos aquí solos, añadió.

Una de las familias que logró ser rescatada es la de un maestro de una preparatoria francesa que no se identificó. Puede usted preguntarme si me siento culpable porque otros se quedan abandonados, pero tengo mis propias prioridades que son mi esposa, mi hijo y mi sobrina, dijo el hombre. El maestro solicitó ser desalojado desde el viernes anterior.

Fue el día en que se recrudecieron los combates, explicó. El mismo día que una granada estalló a sólo 30 metros de su casa, por lo que él y su familia se dieron cuenta que debían salir de su departamento en el distrito Plateau. Se prepararon para una larga crisis y llenaron un congelador de comestibles, pero no esperaron que la situación empeorara tanto. Otra familia del vecino distrito Cocody describió una calle llena de cuerpos que los soldados recogían.

Unas 2 mil personas están refugiadas en cuarteles de Licorne. Cientos más llegan y otros tantos huyen a países vecinos a bordo de vehículos militares.

El maestro no estaba seguro dónde lo llevarían a él y su familia. Nos mandarán en avión a alguna parte, dijo. Al llegar a la reja de una base francesa, a sólo unos metros de los improvisados bloqueos de caminos, un militar anuncia en voz alta: Personas francesas, salgan primero de los camiones y después los otros, que serán clasificados más tarde por el Ministerio del Exterior.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca