Opinión
Ver día anteriorDomingo 10 de abril de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Migración centroamericana y México
Ana María Aragonés
L

as tragedias que en estos últimos años han vivido los migrantes centroamericanos en su tránsito por México amerita un breve análisis desde la perspectiva histórica para comprender cuál ha sido el papel que han jugado tanto Estados Unidos como México en el fenómeno migratorio de los centroamericanos.

Los principales países expulsores en Centroamérica son Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras y prácticamente todos ellos, aunque Honduras presentaría rasgos distintos, fueron desde 1960, con algunas diferencias temporales, escenario de diversos movimientos insurgentes que buscaron derrocar a las dictaduras militares y a los gobiernos autocráticos. Gobiernos a los que por cierto Estados Unidos apoyaba pues la región era, para variar, estratégicamente importante para sus intereses. Ante la posibilidad de que los grupos insurgentes lograran su cometido, también apoyó de muy diversas maneras las bestiales represiones que los gobiernos pusieron en marcha, tales como campañas de tierra arrasada en Guatemala, los contras en Nicaragua, la guerra sucia en El Salvador, pero Honduras jugó otro papel y sirvió de base a los contras. La gran justificación de Estados Unidos para intervenir no se llamaba terrorismo sino comunismo.

A partir de la última década del siglo pasado, las guerrillas firmaron diversos acuerdos de paz, pero prácticamente no resolvieron ninguno de los problemas por los que habían luchado.

Con la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos podía cambiar de estrategia pues la justificación del comunismo dejó de tener vigencia y ahora podían entrar al quite los organismos internacionales, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etcétera. Organismos que obligaron a los países a adoptar la política neoliberal y con ella poner en práctica los terribles ajustes estructurales, o de lo contrario se exponían a no recibir apoyos monetarios. Los efectos han sido devastadores, situación que se extendería, por cierto, a prácticamente todos los países de la región. Todo ello daría lugar a un importante éxodo básicamente hacia Estados Unidos, Canadá y México.

Lo interesante a destacar es que México empezaría a recibir fondos del Congreso de Estados Unidos como rembolso por las deportaciones de centroamericanos que se llevaban a cabo a partir de 1990, alcanzando cerca de 130 mil personas al año (Casillas). Es decir que desde entonces, se fue dibujando el papel que México jugaría en la frontera. Podía ser un buen negocio para el gobierno, pero el costo era hacer el trabajo sucio para el vecino del norte.

Esta forma de colaboración siguió, si bien bajo otros nombres y con diversos disfraces. Uno de estos proyectos fue el llamado Plan Sur lanzado por la administración de Vicente Fox en 2001, cuyo eje era utilizar todos los recursos represivos en la frontera empezando con los recursos militares, y el encargado de ponerlos en marcha fue justamente el Instituto Nacional de Migración. (R. Casillas).

Otro proyecto fue el llamado Plan Puebla Panamá, también apoyado por Fox, y si bien no se reconocería implícitamente, se trataba de una nueva estrategia para intentar sellar la frontera. Muchos problemas presentaba ese proyecto y el principal era que México y los países centroamericanos se subordinaban a Estados Unidos, con nula posibilidad para alcanzar el desarrollo en la medida que uno de sus ejes era extender la industria maquiladora, aprovechando la mano de obra barata de la región.

Parecería que el programa se encontraba detenido, seguramente por las dificultades de realizar las inversiones millonarias que requería y que ante una crisis que se veía como inminente se convertía en casi imposible. Algunos autores señalan que en realidad el PPP se convirtió, a partir del 2008 en el Proyecto Mesoamérica durante la Décima Cumbre del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla en la ciudad de Villahermosa, Tabasco, y cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de sus habitantes. La realidad es que se trata de un proyecto que se sostiene en casi los mismos supuestos aunque a partir de 2009 pero ahora se añade el tema de la seguridad que incluye la Iniciativa Mérida.

Todos estos proyectos están lejos de ser los adecuados para superar la pobreza que se ha enseñoreado de nuestros países, con una generación de empleos de mala calidad y bajos salarios, todo lo cual es un obstáculo para superar los niveles de sobrevivencia de la mayoría de los trabajadores y una de las razones por la que el fenómeno migratorio se sigue manteniendo.

México debe reorientar su política con Centroamérica que ha hecho del país el estratega de Estados Unidos tratando de detener la migración de los centroamericanos que pretenden ir hacia el norte. La única actitud decente que le queda es que los diputados ante la Ley Migratoria que se encuentra en sus manos enmienden los artículos que criminalizan a los migrantes y se establezca con toda claridad que migrar es un derecho humano.

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