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Una de cada mil personas padece el trastorno, es decir, no cumple el ciclo normal de sueño

Crea la UNAM modelo único en el mundo para estudiar la narcolepsia

El estudio, que se publicará en Neuroscience, abre la posibilidad de trasplantar células productoras de orexinas, causantes de la vigilia

Es de origen genético, señala René Drucker Colín, del IFC

Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Viernes 15 de abril de 2011, p. 2

Caer dormido en pleno plato de sopa, mientras se conduce un automóvil o a la mitad de un partido de futbol, son escenas comunes para una persona que padece narcolepsia, trastorno que se caracteriza por sentir sueño mientras se debería estar despierto.

Quienes la padecen caen dormidos profundamente de un momento a otro, aun si están caminando, en una fiesta o sentados, sin importar la hora del día.

Se trata de una enfermedad neurodegenerativa, que se presenta en una de cada mil personas (por cada millón de habitantes, mil la padecen) e impide a los individuos cumplir el ciclo normal del sueño. Su origen está en el cerebro, en el hipotálamo, debido a que no hay producción de orexina, sustancia que ayuda a mantener el estado de vigilia.

Investigadores del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) crearon un modelo animal único en el mundo para estudiar las causas y posibles soluciones de esta enfermedad. Con esto se abre la posibilidad (en etapas posteriores) de trasplantar células productoras de orexinas para contrarrestarla. Las investigaciones se publicarán en la revista Neuroscience.

Dormir es fundamental para los seres vivos. Pese al avance de la ciencia a escala global, los expertos aún no logran definir las razones concretas del porqué dormimos. Sin embargo, es necesario para sobrevivir.

Desde el punto de vista conductual, el sueño se define como un estado en el que los individuos no responden a los estímulos del medio ambiente. Mediante registros eléctricos se ha logrado saber que tiene varias etapas.

Fases

En principio se experimenta un sueño ligero: etapa de la transición de la vigilia al sueño. La siguiente se caracteriza por la disminución del ritmo cardiaco y respiratorio, además de que aparecen movimientos rítmicos que manifiestan estallidos de ondas cerebrales.

El tercer estadio es breve y presenta un mayor bloqueo de los sentidos y el tono muscular se reduce. Ésta es la fase de transición hacia el sueño profundo. En el cuarto periodo, conocido sueño profundo, la actividad cerebral se reduce. Ambas son denominadas como sueño de ondas lentas y en ellas ocurren las funciones restauradoras del dormir.

Posteriormente se pasa al sueño de movimientos oculares rápidos (MOR), donde hay inhibición del tono muscular. Es en esta fase donde se presenta la ensoñación.

Diversos estudios han concluido que a partir de que una persona (que no presenta la enfermedad) cae dormida, tarda aproximadamente 90 minutos en llegar a la fase MOR. Sin embargo, los narcolépticos presentan un trastorno en el ciclo, por lo que pasan de la vigilia al sueño MOR sin atravesar por las otras etapas.

Esta enfermedad tiene origen genético, es decir, es hereditaria. El gen que permite la producción de la orexina está afectado y sin esa sustancia hay sujetos con narcolepsia, sostiene René Drucker Colín, investigador emérito del IFC.

El estudio de este padecimiento se realiza desde hace menos de dos décadas. Desde entonces científicos del mundo han desarrollado diversos modelos para su análisis; en la mayoría se elimina el gen productor de orexina en ratas de laboratorio para provocarles narcolepsia. Sin embargo, en el laboratorio de Drucker Colín se realizó una innovación.

Alberto de la Herrán, estudiante de doctorado en ese laboratorio, descubrió que la falta de orexina en el cerebro está relacionada con un factor de trascripción, al que llamó O/E3, que se encarga de regular el gen que produce esa sustancia.

Propuso entonces que en lugar de eliminar el gen en las ratas se elimine dicho factor O/E3, con lo que se desarrolló un modelo único en el mundo. En las personas que tienen esta enfermedad no está eliminado el gen de orexina, pero no se sabe por qué disminuye. Nosotros encontramos que este factor de trascripción es el que regula a ese gen y permite la producción de orexina, indica De la Herrán.

Este trabajo, que tomó dos años, es el resultado de la tesis doctoral del joven estudiante y en breve será publicado en Neuroscience. Con esto, asegura Drucker, se abre la posibilidad de una segunda etapa de investigación que lleve a la posibilidad de trasplantar células productoras de orexina al cerebro y aliviar el padecimiento.

Hoy día, la única opción terapéutica para los narcolépticos es la ingesta de medicamentos. Sin embargo, éstos contienen sustancias adictivas como anfetaminas o cafeína. De la Herrán explica que una persona enferma que no está sometida a un tratamiento puede presentar hasta seis ataques de narcolepsia al día.

Fuerte estímulo, detonante

La interrupción de la vigilia se puede presentar en cualquier momento. Aunque en la mayoría de las ocasiones el sueño viene después de haber vivido un estímulo emotivo o estresante fuerte (reír mucho, un susto o sorpresa, enojos), incluso muchas personas sienten que sufrirán el ataque.

Un paciente narcoléptico carece de buena calidad de vida debido a que no puede conciliar un sueño normal. Presentar esta enfermedad también implica efectos en la economía y la productividad de las personas, deterioro físico y mental, así como problemas sociales.

Atravesar por todas las etapas del sueño es fundamental para el descanso y la supervivencia. De hecho, se sabe que si una persona no pudiera dormir por ocho días seguidos moriría debido a que presentará problemas de tensión arterial, alteraciones en el sistema nervioso central y físicas que provocarían que su salud decayera. Sin embargo, es prácticamente imposible que un sujeto permanezca tanto tiempo sin conciliar el sueño.

En promedio, los seres humanos duermen ocho horas diarias, lo que significa que al cumplir 60 años de edad una persona habrá dormido 20 años de su vida. Aunque el tiempo que una persona usa para dormir varía con base en la genética y sus actividades cotidianas.