Sociedad y Justicia
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El Cupido del siglo XXI es cibernético, afirma Gilda Flores, experta de la FES Cuautitlán

La pasión dura entre 4 y 7 años, al agotarse la atracción bioquímica

En el enamoramiento se producen endorfinas y encefalinas, sustancias con los mismos efectos que los analgésicos derivados del opio, señala Gilda Flores Rosales, académica de la UNAM

De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de mayo de 2011, p. 40

En el enamoramiento se producen sustancias como las endorfinas y las encefalinas, las cuales producen los mismos efectos que los analgésicos derivados del opio, explicó Gilda Flores Rosales, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al señalar que la pasión en la pareja tiene caducidad, porque dura entre cuatro y siete años debido a que la atracción bioquímica se agota.

Hoy día, añadió, el Cupido del siglo XXI es cibernético; sin embargo, las relaciones que se establecen a través de Internet no pasan por la etapa biológica. Se requiere una distancia máxima de 50 metros para enamorarse, apuntó la especialista del Departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán.

Recordó que el enamoramiento es un fenómeno humano con bases biológicas y no tiene relación con el corazón. Ése es el mito romántico de los trovadores del siglo XII.

Indicó que los sentidos son la puerta de acceso al sentimiento del amor y una vez adentro, comienza una guerra química, hormonal y eléctrica; toda una alquimia corporal. En lugar de lanzar flechas, el cupido moderno envía feromonas, sustancias que secretamos en axilas y entrepiernas, causantes de ese olor característico que, de manera romántica, se denomina aroma.

“Este proceso originalmente fue conocido como el sexto sentido en las mujeres; sin embargo, ahora se sabe que se basa en lo que los científicos llaman ‘la fórmula de Cupido’”, señaló en un comunicado de la UNAM.

Las citadas sustancias son detectadas por una zona en la nariz denominada órgano vomeronasal. En esta etapa, de inmediato se dispara una señal eléctrica al cerebro, que llega directamente al tálamo, núcleo que participa en dos grupos de sensaciones: discriminativas y afectivas.

Ahí empieza el metabolismo bioquímico y el cerebro libera neurotransmisores, como feniletilamina, directora de orquesta de sustancias liberadas en cascada, que comparten el impulso genético de la reproducción. Una vez que inunda el cerebro, aparecen la dopamina, la norepinefrina y la serotonina, y continúa hasta la oxitocina, precisó.

La dopamina, explicó, se encarga de generar un estado de felicidad; la norepinefrina provoca la sensación de mariposas en el estómago y la dilatación de pupilas; la serotonina produce exaltación y euforia, en tanto la oxitocina se relaciona con los patrones sexuales, la conducta maternal y paternal. Si realizáramos una resonancia magnética del cerebro de una persona durante la primera oleada de amor, observaríamos zonas bloqueadas como la del habla, la de la visión periférica y la del oído. No escuchamos bien, no vemos bien, no hablamos ni caminamos bien, detalló.

Otras sustancias que se producen durante el enamoramiento son las endorfinas y las encefalinas, neurotransmisores opioides que se originan en el sistema nervioso central como moduladores del dolor, temperatura corporal, hambre y funciones reproductivas. Crean los mismos efectos que los analgésicos derivados del opio. Brindan tranquilidad biológica interna, y hacen sentir unas ganas enormes de reír. No podemos ocultar el amor.