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Se producen por su mecanismo y subducción, dice el experto de la UNAM

México debe considerar que a los sismos los acompañan olas muy grandes: Carlos Valdés
De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Martes 3 de mayo de 2011, p. 3

En México, un país sísmico, debe considerarse que varios de estos fenómenos vienen acompañados de olas muy grandes, especialmente en la costa del Pacífico, advirtió Carlos Valdés González, jefe del Servicio Sismológico Nacional, adscrito al Instituto de Geofísica (IGf) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Después de ver la tragedia de Japón, observamos que el tsunami fue devastador; en una nación altamente preparada no consideraron que podría ser tan potente. Aquí, los temblores en la costa, por su mecanismo y tipo de subducción, también producen grandes olas, señaló Valdés.

Eventualmente, podemos tener un temblor fuerte en México. Enfrentamos movimientos un poco mayores y debemos estar preparados, pues no es factible detenerlos ni predecirlos, consideró.

El terremoto de 1985 en la ciudad de México produjo un tsunami en la costa del Pacífico; mientras uno ocurrido en 1932 provocó uno frente a las costas de Colima y Jalisco. También ocasionó que el agua entrara por la playa para arrasar con lo que encontró a su paso. Colima tuvo otro en 1995, en la zona conocida como La Manzanilla. En el Pacífico han ocurrido varios tsunamis, añadió.

En los litorales mexicanos se han construido complejos turísticos, cuyas estructuras deben ser revisadas; además es necesario aplicar medidas de protección civil. Por ejemplo, recomendó, buscar resguardo en sitios altos o alejados de la ribera.

El efecto del agua es brutal. Si algo aprendimos es que el tsunami no es una ola, sino una lámina de agua, que entra con un paso no muy rápido, pero nada la detiene, explicó Valdés.

El pasado 7 de abril ocurrió en México un sismo que no causó mayores daños, pero se sintió en varias regiones del país. Fue importante, de magnitud 6.7, y profundo para las características del territorio. Típicamente, en el Pacífico hablamos de sismos de 40 kilómetros de profundidad, y el de esa fecha tuvo una profundidad de 167 kilómetros. Su potencial disminuyó por eso, y sus movimientos fueron fuertes, pero de poca duración, indicó.

El epicentro, en Las Choapas, Veracruz, se situó a sólo 12 kilómetros de Oaxaca, cerca de la frontera con Chiapas. Hay un punto en el que se tocan los tres estados, pues Tabasco también está cerca. A ese sitio se le conoce como Zona del Istmo, y ahí son comunes los temblores de este tipo, aunque causó sorpresa que fuera en Veracruz, dijo.

Recordó que el 25 de febrero pasado hubo otro sismo en esa entidad, aunque de menor magnitud, pero se sintió en Villahermosa y Tuxtla Gutiérrez, y en el Distrito Federal apenas se percibió.

Fenómeno natural que no cambia

El evento telúrico de abril es un recordatorio de que nuestro país es sísmico y que eventualmente puede tener un movimiento fuerte, como el de 1957, que provocó la caída del Ángel de la Independencia; el de 1979, que derribó tres edificios de la Universidad Iberoamericana, o el de 1985, denominado de la ciudad de México por los daños que causó en la urbe.

El investigador dijo que aunque el 7 de abril hubo microsismos en varios estados del país y uno fuerte en Japón, no hay indicios científicos de alguna relación entre ellos. El fenómeno natural no cambia, los temblores no son más grandes ni más frecuentes; el desastre lo causa el ser humano con sus industrias, plantas nucleares y sobrepoblación en sitios de riesgo.