Opinión
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Tucrepo: todos unidos contra la reforma política
Marco Rascón
N

o hubo la esperada reforma política. Todos los que tenían voto para aprobarla lo impidieron.

No bastó su consenso ni su voluntad política ni las recriminaciones. Por eso ahora todos se bañan en salud. Lo cierto es que no se aprobó por el Senado, no llegó a los diputados y, por tanto, ya no habrá tiempo para que la mayoría de los 31 congresos locales y la Asamblea Legislativa del Distrito Federal la aprobaran antes de junio de este año.

Esto significa, en pocas palabras, que para el próximo 2012 iremos a la contienda electoral con el mismo sistema político y las mismas formas de elección que en 2006, donde la partidocracia y la debilidad estructural del gobierno mismo han conducido al naufragio nacional que hoy vivimos.

Para no mancharse, el fariseísmo político, es decir la hipocresía sistémica, ató la reforma política a la laboral y la de seguridad, duramente cuestionadas no sólo desde los partidos, sino desde la sociedad, contra las propuestas de mayores poderes discrecionales para el Ejecutivo en el uso de la fuerza militar y la oscuridad de la reforma laboral impugnada por los actores directos. Atando la reforma política, donde existía la posibilidad de la aprobación de las candidaturas independientes, entre otras cosas, la clase política se protegió para mantener su disputa en los actuales términos de manejo de recursos, prerrogativas, uso de medios, para promover su democracia acotada y a sus candidatos. ¡Buena jugada de todos!

¿Quién es el culpable? En este país para frenar no hay culpabilidad, pero lo que surgió fue un amplio consenso de la partidocracia para impedir la postulación directa de los ciudadanos a los puestos de elección popular. De esta manera, el peligro de un bipartidismo es menor frente al secuestro nuevamente de la voluntad popular por los actores actuales de la política, que han sido incapaces, ya sea desde el gobierno o desde el Poder Legislativo, de dar al país las reformas necesarias para enfrentar los agudos problemas que existen.

Llevó a impedir la reforma política la manera en que fue presentada, para que por su forma fuera rechazada; es decir, que Felipe Calderón y su partido no tenían votos suficientes para aprobarla y la mandaron derecho a la impugnación. Posteriormente, el triunfalismo gubernamental de que todo marcha bien constituye una ratificación implícita al actual sistema político, basado en todos los derechos a los partidos y disminución de capacidad de decisión a los ciudadanos.

El factor más importante, sin embargo, fue el miedo de todos los partidos a que la ciudadanía tuviese un acceso directo al proceso electoral, pues esto cambiaría de tajo los términos de la elección de 2012, en la que las tres fuerzas principales y sus aliados se consideran desde ahora ganadores y dispuestos a la confrontación.

Su miedo profundo es enfrentarse a una situación impredecible, con actores nuevos y una circunstancia que cambiara el estado de ánimo por el voto nulo de 2009 en una propuesta de candidatura-movimiento que rebasara a todos los actores actuales que podrían quedar atrapados, en su conjunto, en el descrédito hacia los partidos que ellos representan. Es claro que ni los siete del PAN, ni Manlio Fabio Beltrones, Enrique Peña Nieto o Andrés Manuel López Obrador podrían ser candidatos independientes y, por tanto, han sido ellos mismos, implícita y explícitamente, promotores de que la reforma política no se aprobara en el pasado periodo legislativo.

Fue una especie de TUCAN (Todos Unidos Contra Acción Nacional) de 1994, involucrado en el contexto del asesinato de Luis Donaldo Colosio, o el Tucom, de 2005, contra Madrazo y que acabó en el escándalo de Arturo Montiel Rojas por corrupción. Hoy la víctima del Tucrepo (Todos Unidos Contra la Reforma Política) es la sociedad y las posibilidades de que 2012 se convirtiera en un momento de cambios y transformaciones.

Todo apunta a un mayor desastre de la vida política. La obstrucción de la reforma para sustituir la falta de legitimidad del conjunto de los partidos y los actores actuales del sistema político deja como único camino la ruptura contra esta lógica de arrebato del poder para continuar sin cambios.

Venga de donde venga el próximo gobierno, bajo las reglas actuales de representación y gobernabilidad, nos llevará a una peor administración que la actual, pues el asunto ya no es de hombres buenos o malos, sino de un sistema decadente y podrido, como el actual.

Sin reforma política y del Estado, no hay posibilidades de una reforma laboral basada en el interés nacional y tampoco de otras leyes para insertar al país en un esquema de grandes acuerdos y un verdadero cambio.

Haber enterrado para 2012 los cambios políticos necesarios tendrá graves consecuencias y mayores rupturas: ése es el camino que nos ofrecen las propuestas actuales, al impedir todos, desde la óptica de sus intereses particulares y no del país, una reforma política para un verdadero cambio en México.