Opinión
Ver día anteriorMartes 3 de mayo de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Burocracia e impuestos

Austeridad decreciente

Por prestaciones, un billón

Carlos Fernández-Vega
E

n este México lindo y querido en el que prácticamente no crece nada, salvo las fortunas de los barones Forbes y el número de discursos oficiales, a lo largo del primer trimestre de 2011 de los bolsillos de los contribuyentes salieron poco más de 666 millones de pesos cada 24 horas para pagar las prestaciones del sector central de la burocracia, mejor conocida como servidores públicos (¿o es al revés?), para totalizar en el periodo alrededor de 60 mil millones por tal concepto, un nuevo récord en estos menesteres.

Con el dato anterior, firmado por la Secretaría de Hacienda, y lo que falta, los mexicanos deberán preparar tremenda fiesta, porque al cierre de 2011 el calderonato habrá rebasado el billón de pesos por pago de dichas prestaciones (aparte salarios, sueldos, viáticos, guaruras, móviles, casas chicas, y conexos), sin que a la fecha, por los resultados reportados, se justifique un solo centavo de esa voluminosa cantidad de dinero. Por cierto, en dicha cantidad no se incluyen las prestaciones pagadas en organismos como el Banco de México, el Inegi, el IFE, etcétera, etcétera, ni en los poderes Legislativo y Judicial, y mucho menos en los estados y municipios de la República, de tal suerte que la cifra es mucho más abultada.

Pero bueno. Alrededor de 60 mil millones de pesos se embolsaron los angelitos de la dorada burocracia sólo en un trimestre del sexenio de la austeridad (uno de los tantos chistes de Calderón). Con el dato en la mano (y es el oficial), cómo olvidar aquel compromiso del inquilino de Los Pinos hecho público el 3 de diciembre de 2006, tres días después de entrar por la puerta trasera: durante décadas las autoridades han demandado a la ciudadanía ajustarse el cinturón, y la ciudadanía lo ha hecho. Hoy el gobierno tendrá que ser el primero en aportar este esfuerzo; la sociedad reclama de todos los servidores públicos una mayor conciencia sobre el uso de los recursos que son de los mexicanos. Cincuenta y tres meses después, todo apunta a que al final del presente año rebasará el billón de pesos sólo en prestaciones para la burocracia, y todavía le falta 2012.

Millones de mexicanos presentaron su declaración fiscal anual, porque de otra suerte el SAT se pone más grosero de lo normal. De sus bolsillos se pagan caprichos (viaje al mundial de Sudáfrica) y beaterías (viaje al Vaticano), por citar sólo dos gracias, en una república laica. Por ello, a los amenazados pagadores de impuestos les dará muchísimo gusto saber que cada día pagan más para que la burocracia divina viva mejor. Por ejemplo, en el primer trimestre de 2009, el año del catarrito, para cubrir las referidas prestaciones el gobierno federal con dinero de los mexicanos se erogaron alrededor de 45 mil millones de pesos; en igual lapso de 2010, el monto se aproximó a 50 mil millones, y de enero a marzo de 2011 superó los 60 mil millones. Y aún faltan por cubrir nueve trimestres hasta el cambio de gobierno, si es que algo cambia.

Un billón de pesos en prestaciones a los servidores públicos equivale prácticamente a un Fobaproa (falta por sumar 2012), el mecanismo de rescate bancario (como sutilmente le llamaron los tecnócratas de Hacienda) que fue un atraco a la nación. Pues bien, ese monto es el que se habrá gastado en cinco años de gobierno calderonista (insisto: aparte salarios, sueldos, viáticos, guaruras, móviles, casas chicas, y conexos), es decir, otro atraco a la nación. Para dar una idea, sólo en 2011 el pago de prestaciones de la burocracia dorada será mayor (alrededor de 270 mil millones de pesos) al presupuesto aprobado para la Secretaría de Educación Pública (220 mil millones), o si se prefiere 3.4 veces superior al asignado a la Secretaría de Desarrollo Social.

Vale recordar lo que aquí se ha comentado: el candado de austeridad anunciado por Calderón en diciembre de 2006, aparentemente funcionó en 2007 y en el primer trimestre de 2008, pero a partir del segundo trimestre de ese mismo año, con los tambores de la crisis comenzando a retumbar, el gasto por prestaciones a servidores públicos se disparó, aunque el relativo a salarios de altos funcionarios se mantuvo dentro de los lineamientos del decreto. En el primer año de estadía en la residencia oficial, los servidores públicos que allí laboraban obtuvieron prestaciones por un total ligeramente superior a 11 millones de pesos, con una erogación promedio por día de 30 mil 392.28 pesos; en 2009, el año del catarrito y del desplome económico, las erogaciones por tales prestaciones para los mismos servidores públicos sumaron 457 millones 603 mil 190.8 pesos, con un promedio diario de un millón 253 mil 707.37 pesos, un incremento de 41.25 tantos entre una y otra fecha. Ya para 2010 el austero gasto por prestaciones a servidores públicos en la Presidencia de la República acumuló 470 millones de pesos.

En el último trimestre de 2010 las prestaciones de la burocracia central le costaron a los mexicanos la cifra récord (para un periodo igual) de 88 mil 700 millones de pesos (incluye la parte proporcional de aguinaldos), 20 por ciento de incremento con respecto a octubre-diciembre de 2009. El primer trimestre de 2011 también impone récord: más de 60 mil millones de pesos, contra cerca de 50 mil millones en enero-marzo de 2010. Es de esperar que lo mismo suceda con los trimestres por venir.

Así que, mexicanos pagadores, preparen las reservas monetarias del caso, porque la voracidad de la burocracia dorada es infinita, sin olvidar la de la clase política en conjunto. ¿Cómo hacer para enfrentar este creciente gasto por prestaciones? Fácil. No se compliquen la vida, porque la solución la aportó, en plena crisis, el entonces secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero (hoy en Hacienda y con ganas, sólo eso, de habitar en Los Pinos): brínquense una comida al día, y dos, si es necesario.

Las rebanadas del pastel

Diez años despedazando a un país de por sí destrozado, Afganistán, para que al final de cuentas el lerdo aparato estadunidense de inteligencia descubra que el terrorista Osama Bin Laden de tiempo atrás vivía cómodamente en la nación de enfrente, Pakistán. Queda la duda: ¿sus agentes no serán de la inteligencia mexicana? Habrá que esperar el coletazo, pero de cualquier suerte el balance de una década de presencia gringa en aquel desgarrado país asiático es bueno: la producción de opio de nueva cuenta está hasta el tope. Negocio garantizado.