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Vivimos la dictadura y lo pasamos mal; insostenible, lo que ocurre ahora: veterano antifranquista

En la Puerta del Sol, los jóvenes españoles han pasado de la indignación a la esperanza

La movilización, porque estábamos hartos de la corrupción y de que nos traten como imbéciles, dicen

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Manifestantes hartos de la situación de injusticia que reina en España e indignados, ayer en Madrid durante el sexto día de protestas contra el régimen y la corrupción imperantesFoto Reuters
Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 21 de mayo de 2011, p. 23

Madrid, 20 de mayo. Esta movilización nació porque estábamos hartos de tanta corrupción y de que los políticos nos traten como menores de edad o como imbéciles. Nació de la indignación ciudadana más profunda. Pero ahora, al ver esta respuesta de la gente, ya no estoy indignada. Ahora estoy esperanzada, relata Alejandra, una de las jóvenes que el pasado 15 de mayo (15-M) salieron a las calles de Madrid para reclamar un futuro con esperanza.

Desde ese domingo Alejandra ha intercalado su vida cotidiana –el trabajo, visitar a sus familiares y amigos o cumplir con los trámites burocráticos de cualquier ciudadano– con la revuelta popular que surgió de la convocatoria de la plataforma Democracia Real Ya. Aquí estamos gente de todo tipo, jóvenes y no tan jóvenes, ancianos, niños, españoles, inmigrantes, universitarios, obreros... Y nadie es más que nadie, explica esta joven universitaria que trabaja de becaria en un centro de investigación, que con 26 años le permite ganar 700 euros al mes.

El caso de Alejandra es un ejemplo del perfil de los jóvenes que iniciaron un movimiento, bautizado como la revolución de los indignados o la “spanish revolution”, que busca refundar un modelo que consideran injusto e inhumano. Y responsabilizan de su atrofia a los políticos, a los banqueros y a los empresarios.

Desde la madrugada del pasado domingo, cuando la gente en Madrid dormía, un reducido grupo de ciudadanos indignados llevaron a cabo lo que fue la primera asamblea del movimiento. Acababan de detener a 18 manifestantes por cortar la céntrica calle Gran Vía de Madrid y acordaron, para exigir su liberación, comenzar un campamento en la Puerta del Sol, frente a la sede del gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid y en uno de los lugares más emblemáticos de España. A partir de ahí el movimiento social empezó a crecer, a multiplicarse y fortalecer su sistema de toma de decisiones.

Ana fue nombrada por la comisión de medios de comunicación como portavoz (vocera) y también se dice emocionada y fortalecida por la respuesta de la gente y porque, por primera vez en sus 22 años, siente que está defendiendo sus derechos con sentido. Desde ayer hemos tenido que avisar a través del megáfono y de las páginas del colectivo que ya no traigan más comida. Tenemos el almacén lleno. La gente de Madrid se ha volcado con nosotros, nos entiende y nos apoya. Y eso te da esperanza...

En tan sólo seis días de revuelta popular, la palabra indignación y rabia ha perdido protagonismo frente a ese otro vocablo que hoy se escucha sin cesar en la Puerta del Sol: esperanza.

También se define esperanzado Víctor Valdés, vocero de la organización Juventud sin Futuro, una de las primeras en movilizarse frente a las consecuencias de la crisis y el aumento del desempleo en España, que en el sector juvenil se ubica en 43 por ciento para una tasa de 23 por ciento para la población rconómicamente activa (unos 4 millones de personas). Algo ha cambiado con todo esto. Ahora cobra sentido y fuerza una de las frases que más hemos gritado estos días: el pueblo unido jamás será vencido. Porque estamos unidos y fuertes.

Es el futuro lo que les preocupa, pero también el presente más inmediato. Por eso desde el centro neurálgico de la movilización en la Puerta del Sol se promueven de forma permanente asambleas parciales y generales para tratar los temas más variopintos. Como la necesidad de regular a las televisoras para que no filmen determinadas áreas, sobre todo en la zona donde hay niños (porque han creado un servicio de guardería para entretener a los más pequeños con actividades lúdicas y para mantenerlos a salvo de las zonas con más concentración de gente).

En las asambleas se decide la estrategia frente a las sistemáticas prohibiciones que han recibido desde las distintas instancias jurídicas del Estado español, como la Junta Electoral Provincial de Madrid o la Junta Electoral Central, que declaró ilegal cualquier tipo de manifestación para respetar el día de reflexión previo a los comicios del próximo domingo.

También son un foro para escuchar los testimonios de la ciudadanía, para aprender, para buscar la empatía: No tengo futuro, ni presente, y, si de verdad existe, está algo difuso. Tampoco sé qué me mueve a ello, pero voy quitándome la venda que el sistema político nos ha puesto y, poco a poco, podré opinar firmemente al respecto, señalaba una joven recién llegada a la plaza.

Más adelante una persona, con el pelo totalmente cano, elogiaba la valentía de los jóvenes y les invitaba a resistir hasta el final. Nosotros vivimos la dictadura y lo pasamos mal. Muy mal. Pero lo que está ocurriendo ahora, con tanta injusticia, con tanta desigualdad, con unos pocos enriqueciéndose a costa de la mayoría, eso es insostenible. Y si tenemos que dar nuestra última batalla la daremos, les dice enfático y vehemente Alberto Arias, un luchador antifranquista que desde que nació el movimiento del 15-M les ha llevado víveres y ha participado activamente en los debates.

La Puerta del Sol, como dijo Alejandra, ha pasado de la indignación a la esperanza, allí donde nadie es más que nadie.