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Desde los 10 años de edad comenzó a practicar el dibujo, expresa a La Jornada

Abrirán en Colima museo con el nombre de Fernando del Paso

Dibujar no es un pasatiempo, pero escribir es más mi oficio, asevera el autor de Noticias del Imperio

El acervo inicial del recinto se integra con más de dos mil obras gráficas que donó

Foto
Fernando del Paso, en su casa, durante la entrevista con La Jornada Foto Guillermo Sologuren
Ángel Vargas
 
Periódico La Jornada
Miércoles 25 de mayo de 2011, p. 3

Dibujante, que no pintor, Fernando del Paso es enfático para definir la habilidad que posee dentro de las artes visuales, oficio que comenzó a practicar a los 10 años de edad y desde entonces lo acompaña junto con su otra vocación: la de escritor.

Desde esta última se ha erigido en uno de los narradores y ensayistas de Latinoamérica más relevantes, con obras paradigmáticas como José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio.

Y aunque dibujar lo llena de gozo y escribir de angustia, según asegura, a la fecha son ya casi 10 los años que lleva sin realizar siquiera un trazo. La razón es que ha dedicado ese tiempo en preparar una magna obra sobre dos de las principales religiones del mundo.

Bajo la sombra de la historia: ensayos sobre el islam y el judaísmo es el título de ese libro, cuyo primero de tres tomos aparecerá entre agosto y septiembre de este año con el sello del Fondo de Cultura Económica (FCE).

Tengo mucha comezón en la mano izquierda. Soy zurdo, pero, más que enseñarme, me obligaron a la antigua, a comer y a escribir con la derecha. La comezón es porque ya me anda por dibujar, pero ni modo, no hay tiempo para todo y uno debe renunciar a algunas cosas, asume Fernando del Paso, quien recibe a La Jornada en su casa de la ciudad de México para conversar sobre el museo que llevará su nombre.

El nuevo espacio será inaugurado este viernes, en la ciudad de Colima, a iniciativa de la universidad de ese estado, en una antigua y bella casona del siglo XVII, con un acervo inicial de alrededor 2 mil 60 obras, donado en su totalidad por el creador, entre el cual destaca su serie Dos mil caras de cara al dos mil.

Justo esa es la razón por la que accede a hablar sobre su relación con el dibujo, la pintura y, en general, las artes visuales, ámbito en el que ha destacado, debido a varias exposiciones que ha montado en diversas ciudades de México y el extranjero.

Siempre me ha gustado dibujar. Desde niño lo hacía, incluso a los 11 o 12 años pinté al óleo, pero sinceramente es una técnica que nunca se me ha dado, simplemente no me sale. No soy pintor, soy dibujante, como también ocurre con José Luis Cuevas; a mí parecer, un excelente dibujante, pero no pintor, señala.

“Me tuve que resignar a eso. Quiero, por otra parte, dejar muy claro que para mí la pintura, el dibujo no es un pasatiempo; es algo que me tomo muy a pecho. Pero escribir es más mi oficio: a veces he dejado de dibujar o pintar para escribir, pero nunca he dejado de escribir para dibujar.

Como resultado, tengo casi 10 años de no hacer un sólo dibujo. He dedicado todo ese tiempo a un libro, que en breve publicará el FCE . Se convirtió en un trabajo complicado, voluminoso y me ha absorbido mucho tiempo.

Tras adelantar que no dará entrevistas sobre ese libro ni participará en las presentaciones del mismo, por ser un tema delicado, Del Paso comenta que su interés por ahondar en ese par de religiones se debe a diversas experiencias que ha tenido a lo largo de sus 76 años de vida.

Soy agnóstico, todo en esos tres tomos está visto desde el punto de vista de un novelista latinoamericano agnóstico. Hay historia, historia de la historia y ensayos sobre rituales. Es lo más que puedo decir.

Contento por el nuevo museo con su nombre, el también poeta y periodista precisa que además de los dibujos y collages que integran la serie Dos mil caras de cara al dos mil, también donó parte de sus series Castillos en el aire (dibujos geométricos estilo M.C. Escher) y Las mujeres sin cara de Ciudad Juárez (dibujos y fotos intervenidas de calaveras), además de una serie de maquetas arquitectónicas que nunca ha expuesto en la ciudad de México y cajas-arte-objeto.

“La idea de ese museo, con la que estoy absolutamente de acuerdo, es que se inaugura con toda esa obra, pero después se reducirá mi presencia sólo a uno o dos espacios y en los restantes se mostrará la obra de artistas jóvenes, sea de performance, arte conceptual, es decir, arte experimental y más contemporáneo”, resalta.

Me parece muy bien, no sólo porque mi trabajo podrá dialogar con el de personas más jóvenes. También porque será un espacio siempre vital y en movimiento. Un museo que tiene obra de una persona que no es muy conocida en ese aspecto, se puede morir fácilmente. Pero cada exposición que se monté llevará siempre público. Estoy muy optimista, pienso que el proyecto tendrá éxito.

Aunque dentro del dibujo está en permanente cambio de estilo, Fernando del Paso resalta su interés y predilección por las formas geométricas y el surrealismo. Sostiene también que a diferencia de la literatura, el dibujo es más desenfadado y por eso él se siente completamente libre dentro de esa expresión.

Lo he dicho antes: no sé si yo algún día podía haber entrado al mercado del dibujo y la pintura. Nunca he querido y eso me da la libertad de hacer lo que se me da la gana. Pienso que si algún día hubiera pegado una de mis obras, me habría tenido que casar con ese estilo que tuvo éxito, para que siguieran comprando mi trabajo, dice. Algo así como lo que ocurrió con Fernando Botero cuando pintó una Monalisa gorda: gustó tanto que no le quedó sino seguir pintando gordos. Se esclavizó. Ese es el peligro de triunfar en esto.

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