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Si fuimos apartadas de ciertas labores no fue por falta de interés: teniente Elsa Cecilia Ortiz

En el Ejército ceden espacio a las mujeres para ingresar al batallón de paracaidistas
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Entrenamiento de la Brigada de Fusileros Paracaidistas, en el Campo Militar numero unoFoto Francisco Olvera
Fernando Camacho Servín
 
Periódico La Jornada
Miércoles 20 de julio de 2011, p. 16

Después de 22 años de ausencia, las mujeres volvieron a ser admitidas como aspirantes a ingresar a la Brigada de Fusileros Paracaidistas del Ejército Mexicano, con el objetivo de promover la equidad de género dentro de las fuerzas armadas.

Durante un recorrido para la prensa organizado ayer por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), se realizó una demostración del entrenamiento que deben cumplir a lo largo de cinco semanas quienes desean pertenecer a dicho grupo.

En las instalaciones del Campo Militar número uno actualmente hay 71 mujeres enroladas en este curso de manera voluntaria –siete oficiales y 64 elementos de tropa–, quienes se encuentran en la cuarta semana del proceso, y a tan sólo siete días de concluir las 233 horas obligatorias para obtener el grado militar de dicha especialidad.

Eduardo Guerrero, comandante del segundo batallón de paracaidistas, explicó que las convocatorias para admitir al personal femenino volvieron a abrirse recientemente, con el propósito de darle oportunidades de desarrollo profesional a las mujeres en el contexto de una política institucional de equidad de género.

Durante la formación, los y las aspirantes deben cubrir 28 días de adiestramiento en tierra y una semana de cinco saltos en la base aérea de Santa Lucía, para dominar los tres tipos básicos de caída de esta variante militar.

Las cuatro etapas en las que se divide el entrenamiento diario, explicó por su parte el teniente de infantería Iván Rafael Romero Jasso, son: el fuselaje, en donde se conocen los detalles técnicos más elementales del paracaidismo; la torre, donde se practica el método de salto desde una altura de 12 metros; los arneses, para conocer todos los componentes de su implemento de trabajo, y la caída, donde los aspirantes se familiarizan con la manera en que deben caer a tierra.

Buena parte de las mujeres aspirantes ya ha hecho una carrera larga en la milicia y tienen licenciaturas terminadas o estudios de posgrado. Todas ellas, cada una a su modo, se ven emocionadas y contentas de incursionar en un terreno que les estuvo vedado por más de dos décadas.

La teniente Elsa Cecilia Ortiz González, con 18 años de servicio en el cuerpo de enfermeras del Ejército, suda copiosamente bajo el casco verde olivo y afirma que si las mujeres habían sido apartadas durante tanto tiempo de ciertas labores castrenses no fue por falta de interés de su parte.

Éste era un curso sólo para hombres, no sé por qué. Estábamos esperando una oportunidad para el personal femenino, y afortunadamente ya nos tuvieron la confianza. Me siento muy satisfecha, aunque al principio sí es difícil entrenar donde hay puros hombres, pero conforme va pasando el tiempo una se siente más cómoda, dice.

En el mismo estado de ánimo se ve la teniente enfermera Diana Selva Valderrama, quien siempre había deseado pertenecer a este batallón. Como mujer militar es muy grato pertenecer a los paracaidistas, y nos exigen igual que a los hombres, porque estamos a la par.

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