Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 31 de julio de 2011 Num: 856

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Beirut, cultura y gastronomía

Dos poemas
Joumana Haddad

México y Líbano
Hugo Gutiérrez Vega

Líbano: en busca del equilibrio
Naief Yehya

Líbano, el país de la miel y la leche

Georges Schehadé: poeta y dramaturgo
Rodolfo Alonso

Dos poemas
Georges Schéhadé

Breve elogio de Amin Maalouf
Verónica Murguía

Actualidad de Gibrán Jalil Gibrán
Juan Carreón

Dos poemas
Gibrán Jalil Gibrán

Columnas:
Prosa-ismos
Orlando Ortiz

Paso a Retirarme
Ana García Bergua

Bemol Sostenido
Alonso Arreola

Cinexcusas
Luis Tovar

La Jornada Virtual
Naief Yehya

A Lápiz
Enrique López Aguilar

Artes Visuales
Germaine Gómez Haro

Cabezalcubo
Jorge Moch


Directorio
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Dos poemas

Gibrán Jalil Gibrán

Del dolor

Y una mujer suplicó: Háblanos del dolor
Y él dijo:
Vuestro dolor es la irrupción de la envoltura que encierra nuestro entendimiento.
Así como la semilla de la fruta debe romperse para que su corazón se descubra
al sol, así debéis conocer el dolor.
Y si pudiérais guardar el corazón en admiración ante los cotidianos milagros de
vuestra vida, el dolor no os parecería menos maravilloso que la alegría;
Entonces admitirías las estaciones de
vuestro corazón, tal como admitís las estaciones
que pasan sobre los campos.
Y velaríais serenamente a través de los
inviernos de vuestra aflicción.

Muchos de vuestros dolores los escogéis
vosotros mismos.
Son la pócima amarga con la cual
el médico que lleváis dentro cura
vuestras enfermedades.
Por tanto, confiad del médico y bebed
su remedio en silencio y tranquilamente:

Porque su mano, aunque dura y pesada,
es guiada por la tierna mano del Invisible.
Y la copa que ofrece, aunque queme
vuestros labios, ha sido modelada con la
arcilla que el Alfarero humedeció con Sus
propias y sagradas lágrimas.

 

Canción de amor

Una vez, un poeta escribió una hermosa canción de amor de la que hizo muchas copias que obsequió a conocidos y amigos, tanto hombres como mujeres, y también a una joven que vivía al otro lado de la montaña y a la que sólo una vez había visto.
Y al cabo de un día o dos, llegó un mensajero con una carta de la joven que decía: “Permíteme confesarte que estoy profundamente conmovida por la canción de amor que escribiste para mí. Ven pronto a hablar con mis padres y a preparar las nupcias.”
Y el poeta contestó: “Amiga mía, no fue sino un canto de amor del corazón de un poeta , que cada hombre canta para cada mujer.”

Y ella volvió a escribir, injuriándole: “¡Hipócrita y mentiroso en palabras! Desde este día hasta el día que me entierren, odiaré a todos los poetas.”