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Bajo la Lupa

Revuelta juvenil global: el gamberrismo del decadente neoliberalismo británico en llamas

Alfredo Jalife-Rahme
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Agentes policiacos montan guardia ante un edificio en llamas en Tottenham, el domingo 7 de agosto, en el inicio de las revueltas juveniles en InglaterraFoto Reuters
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n medio de la revolución del jazmín del paradigma tunecino, hace siete meses adelantamos: Los totalitarismos globales, en lo económico como en lo político, se han puesto a temblar. ¿Será 2011 el año fatídico de la revuelta de los desempleados universitarios hambrientos (que ya suena a triple pleonasmo) que vaticinó el prospectivista Gerald Celente (Bajo la Lupa, 16/1/11) y que empieza a sacudir a los países totalitarios de la Tierra, sean neoliberales en lo económico o sean autocráticos en lo político?

Hace siete meses, el mismo ex primer británico Gordon Brown (creador junto con Baby Bush del disfuncional G-20) temía ya la revuelta global de estudiantes desempleados y hambrientos de su país hoy en llamas (Bajo la Lupa, 26/1/11).

Siete meses más tarde, mientras media Inglaterra ardía, el primer ministro conservador David Cameron estaba de vacaciones en Italia gozando triplemente el desplome de los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, por sus siglas en inglés), su contagio francés y la balcanización del euro.

Simultáneamente a las llamas urbanas de su país y del incendio financiero de la eurozona, el encargado de las finanzas George Osborne se jactaba de que Gran Bretaña (GB) es un paraíso financiero (The Daily Telegraph, 11/8/11).

¿Está loco Osborne? En absoluto: es de lo más congruente desde el punto de vista del gamberrismo (hooliganism) neoliberal global que ejerce tiránicamente el control financierista de su plutocracia al resto de la sociedad desposeída, en particular, a sus jóvenes desempleados, que le importan un comino.

David Danny Blanchflower, desde las entrañas del Minotauro neoliberal (anterior miembro del banco central de Inglaterra), comentó que el gobierno fracasó en crear empleos a los jóvenes y solicitó cambios políticos (¡súper sic!) inmediatos (sic) para prevenir que se conviertan en una generación perdida (The Daily Telegraph, 11/8/11).

Dejamos de lado la consustancial piratería pre-trans y neocolonial en las finanzas, la economía y la política, en el país exportador de las ideas de Adam Smith (siglo XVIII), del apostador inveterado David Ricardo (siglos XVIII y XIX), del demencial thatcherismo y del tramposo blairismo (con la descarrilada tercera vía de Anthony Giddens y el triunvirato gubernamental de Robert Cooper de predominio trasnacional privado anglosajón (ver Bajo la Lupa, 3/8/11).

En forma sarcástica la prensa persa y árabe se cobran las afrentas propagandísticas de GB durante más de cuatro siglos y se burlan de la brutal represión del gobierno frente a la revuelta juvenil muy similar a la revolución del jazmín.

¿Bombardeará la OTAN a uno de sus dilectos miembros, GB –enfrascada en la guerra atlantista de Afganistán y Libia (hace mucho se retiró humillantemente de Irak)–, para rescatar humanitariamente a los ultrajados jóvenes británicos desempleados?

¿No cabe aquí la Responsabilidad para Proteger (R2P) a los jóvenes británicos, la cual sirvió de coartada a la OTAN en Libia para saquear el dinero de Kadafi (su aliado despachado sin rubor) y llevarse su petróleo y agua?

¿No es acaso el gamberrismo neoliberal invisible quien provoca globalmente la legítima ira de los jóvenes desempleados, incluidos los británicos?

El portal alemán de Der Spiegel (10/9/11) considera que las revueltas revelan la decadencia de la sociedad británica y que reflejan un malestar profundo.

Se trata de una sociedad fracturada sin pacto social. El rotativo Berliner Zeitung (10/8/11) reflexiona que GB “ha perdido su fe en cada autoridad: bancos, políticos, los multimedia y la policía (nota: estamos hablando de GB, no del México neoliberal).

Los jóvenes desempleados aprovecharon la acefalia policiaca –cupularmente decapitada por el escándalo del mafioso oligopolio multimediático Rothschild-Murdoch y sus desinformadores circuitos Sky– e imitaron los medios sociales de sus similares contestatarios de la revolución del jazmín que ya empezó a censurar el gobierno conservador del premier israelí-inglés David Cameron, supermillonario, esposo de una baronesa y sionista consumado.

¿Cuál es la diferencia entre la censura a los medios sociales que tanto criticó GB a Irán y Siria y que hoy ejerce orwellianamente sin rubor contra sus propios jóvenes desempleados?

Exageradamente desigual con su máscara democrática decimonónica, GB se quedó sin discurso pero no sin balas y prepara la intervención de su ejército para aplastar la legítima revuelta de sus jóvenes desempleados (la tercera en un poco más de medio año, más las que faltan).

Además de islamofóbica, la sicopática extrema derecha británica (la Liga de Defensa Inglesa, vinculada al infanticida noruego Anders Behring Breivik, aliado del Partido Likud israelí; ver Bajo la Lupa, 31/7/11) y un sector preponderante del Partido Conservador exigen el uso de la fuerza para someter a los subversivos, “vándalos, enfermos (¡súper sic!) y criminales. Descerebrada reacción clásica de la plutocracia oligárquico-oligopólica –que también controla seudointelectuales y literatos muy bien lubricados– sumergida en sus orgías de las Sodoma y Gomorra financieristas, carente de ideas e incapacitada en ceder siquiera una mínima parte de sus privilegios cleptomaniacos.

Justicia divina: en GB sus propios ciudadanos juveniles desempleados le pagan a sus gobernantes con la sopa de su propio chocolate de desestabilización que exportan globalmente por doquier. ¿Podrá celebrar el año entrante los Juegos Olímpicos?

Entre las causales de la violencia el portal alemán destaca la exclusión social creciente, el desempleo juvenil elevado y la desigualdad, cuando el gobierno conservador acaba de anunciar medidas draconianas de austeridad (que afectan más a los desposeídos para que perviva el parasitismo neoliberal plutocrático).

Mas allá de las complacientes protecciones mentales añejas de la aristocracia plutocrática británica, que se refugia en peregrinas interpretaciones descontextualizadas sobre la violencia recreativa (sic) del Señor de las moscas de William Golding y la Naranja mecánica de Anthony Burgess, existe una sicología peculiar de la hiperviolencia británica.

Amén que el neoliberalismo global –un Frankenstein londinense– sea de lo más patológicamente nihilista en sus devastaciones militares/geopolíticas y sus daños colaterales económicos y financieros, sin contar sus depredaciones ambientales (v.gr. BP en el Golfo de México), pocos países del mundo son tan hiperviolentos en todos los ámbitos como GB, que exporta su legendario gamberrismo a todos lados y, en particular, a los estadios de futbol propios y ajenos, el cual, a mi juicio, dejan hacer y dejan pasar deliberadamente sus gobiernos como catarsis colectiva, al unísono del desenfrenado consumo de estupefacientes duros y de una lascivia desregulada, que en su conjunto permiten el control de las masas desposeídas y excluidas del modelo plutocrático neoliberal con el fin de hacerles evadir su patética realidad, devaluarles ética y estéticamente, degradarles moralmente y aniquilarles a fuego lento.

Hoy más que nunca vale la pena revivir al Hombre rebelde de Albert Camus: la revuelta como legítima herramienta biológica de supervivencia. ¡La salvación está en los jóvenes contestatarios, desempleados o no, de todo el mundo!

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