Opinión
Ver día anteriorSábado 10 de septiembre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Otro Requiem... uno más
Juan Arturo Brennan
L

os últimos tiempos, particularmente lo que va de este infausto 2011, han estado señalados por una triste cadena de muertes y ausencias musicales que mucho nos empobrecen. Ahora, septiembre del 2011 será recordado como el de la muerte del Festival Internacional Música y Escena, que a lo largo de 13 años y bajo la obstinada y comprometida guía de la compositora Ana Lara se convirtió en un importante referente en lo relativo a los innumerables vasos comunicantes que hay entre la música, toda música, y las artes escénicas, todas ellas.

En estos tiempos en que las fronteras entre unas manifestaciones artísticas y otras se van haciendo más tenues y difusas, y en que la explosiva tendencia hacia la interdisciplina y la multimedia ha generado imágenes nunca vistas, sonidos inauditos y toda clase de interfaces tan improbables como fascinantes, Música y Escena fue (y es) en nuestro medio una importante piedra angular en el discurso de las artes colaborativas, y a lo largo de sus 13 ediciones dejó numerosas y profundas huellas, así como polémica y vastos temas de discusión y reflexión sobre la muy saludable cohabitación de la música con el teatro.

Hoy, Música y Escena ha desaparecido por una combinación de razones predecibles (muchas de ellas evitables) entre las cuales el estrangulamiento financiero ocupa un lugar preponderante. Se me ocurre calcular, por ejemplo, que con una fracción minúscula de lo que están despilfarrando (y robando, sin duda) en la infame Estela del Bicentenario, Música y Escena podría asegurar su holgada supervivencia durante una década más. Pero claro, hay prioridades.

Música y Escena concluyó su ciclo de 13 años con el espectáculo LABoratorio, encabezado por el compositor austriaco Karlheinz Essl. La pieza tiene como elementos constitutivos la ejecución musical en vivo (viola y percusiones) sometida al procesamiento electrónico en tiempo real, un poco de danza, y proyecciones de video también manipuladas sobre la marcha, parcialmente controladas por la música. El resultado total de LABoratorio tiene algo de desconcertante, debido en buena parte a que sus distintos elementos se perciben mayoritariamente como disociados entre sí. Hay un momento en que el espectáculo se vuelve claramente auto-referencial, lo que introduce (para bien o para mal) una nueva variable estrictamente narrativa, y un nuevo nivel de complejidad. La parte dancística aporta poco al conjunto del espectáculo, y el video es eficaz como contrapunto visual sólo en momentos aislados. Así, lo destacable de LABoratorio es la parte acústica, en la que importa (e impacta) más el output sonoro de los elementos musicales ya procesados en tiempo real, que la esencia misma de la música para viola y/o percusiones. En este sentido, hay episodios en los que la componente sonora del espectáculo está muy bien lograda y adquiere un valor autónomo.

El fin de semana anterior a la presentación de LABoratorio, Música y Escena ofreció, también en la sala Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, un espectáculo mucho más sólido, completo y satisfactorio. La Compagnie Khroma, de Bélgica, propuso Ismene, sobre un texto de Yannis Ritsos y con música de Georges Aperghis. Se trata de un espectáculo unipersonal, protagonizado por Marianne Pousseur, en el que a través de las palabras de Ritsos se exploran diversos temas políticos, sociales y humanos referidos tangencialmente a la figura de la hermana de Antígona. Si bien los textos son en ocasiones herméticos, su poética fundamental resulta muy atractiva. El extenso monólogo de Marianne Pousseur está anclado en un interesante repertorio de recursos escénicos, algunos de los cuales, en lo individual, ya han sido vistos en otras puestas en escena, pero cuyas combinaciones tienen como resultado un buen número de imágenes realmente potentes y evocadoras. La música de Aperghis, más que una partitura autónoma, se percibe como una extensión de la voz y la declamación de la actriz, lo que da a Ismene solidez y coherencia.

Requiescat in pace Música y Escena. Gracias, Ana, por 13 años de buen teatro musical y buena música teatral.