Opinión
Ver día anteriorDomingo 11 de septiembre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Leyendo un libro
Jorge Carrillo Olea
E

n búsqueda de ideas, de información, hasta de inspiración, he rastreado y no encontrado un acervo de nuevas perspectivas programáticas que fueran muy mexicanas, muy actuales, prometedoras. Dejé el empeño por estéril hasta hace días en que me obsequiaron una suma de talentosos ensayos coordinados por Jesús Ramírez Cuevas y presentados por López Obrador.

No soy su correligionario, ni mis reflexiones tienen ningún tinte partidista. Sencillamente lo he hojeado, leído y releído en orden y en desorden y he encontrado en él sorprendentes conceptos, claridad absoluta y una agradable ausencia de divagaciones, de pretensiones intelectuales, retóricas o exhibicionismo culterano. Son ensayos simples, claros, puntuales, y se refieren a un proyecto de nación que encuentra sus raíces en los viejos juicios sobre la nación deseada, sobre la nación de todos, la nación que querríamos siempre.

No deja de llamar la atención su riqueza y oportunidad ante la aridez ideológica y propositiva de otras corrientes de pensamiento político. Pareciera que a quienes se les reconoce o tienen el deber de pensar, algo les ha pasado. No han producido nada. Por lo menos nada concreto, propio para el momento actual, que enriqueciera un proyecto.

El contenido de esta obra lleva a asumir que cuando las circunstancias obliguen a otras corrientes a pronunciarse, las de derecha ancestral no encontrarán más que ocasión para montar contradicciones, refutaciones y demás formas de descalificar, ejercicio bastante miserable y casi inútil. Las que niegan ser de derecha y prefieren el columpio ideológico pensarán que ya les robaron el paquete, pues en su retórica ya han usado algunas fórmulas como las externadas, conformadas a su lenguaje y conveniencia y sin consecuencias reales. Resulta, sin ser su propósito, que el estimulante texto los obligará a jugar las cartas y ello los coloca en penosa desventaja.

Alentar la revolución de las conciencias y el pensamiento crítico, promover la vuelta a una ética republicana y el combate a la corrupción en este momento, suena verdaderamente subversivo, dada la asfixia en que vivimos exactamente por todo lo contrario. Plantear un retorno al estado de bienestar corrigiendo desviaciones y pensar que el derecho a la felicidad como aspiración esencial del hombre es justa pero atentatoria contra los intereses monopólicos, será fuertemente criticado por aquellos que siguen pensando que el mercado y sus beneficiados son la solución a todos los problemas.

No conozco a nadie de cualquier clase de necesitados que convenga con tal supuesta razón, pero sí conozco, y me complace el convivir con ellos, aunque sea ocasionalmente, a representantes de aquellos que han surgido de las bocas del Metro, con los que tienen que en más de dos horas de viaje cruzar la ciudad dos veces para ganar escuálidos salarios o trabajar sólo por propinas o que en el campo observan cómo la erosión de la tierra, los intermediarios y los precios se conjugan para abatir los parcos beneficios de su esfuerzo.

¡En qué aprietos estarán los diseñadores de campañas para no parecer que simulan conceptos de este libro, aunque sea para el fingimiento largamente practicado! Es en este sentido que el texto es un alivio para quienes vemos en él, aunque sea por hoy, que los anhelos sociales están plasmados, y qué contrariedad para sus antagonistas el ver con la claridad planteada lo que ellos, a veces por rubor, no han podido ni siquiera impugnar abiertamente.

Bienvenido sea por todo lo anterior, bienvenido el nuevo proyecto de nación, bienvenido porque ratifica convicciones, porque refresca ideas, porque nos hace ver que Eppur si muove.

Para Ariel Rosales