Opinión
Ver día anteriorDomingo 11 de septiembre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Polonia: ¿una enseñanza para Europa?
Maciek Wisniewski*
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ientras la política en la mayor parte de la Unión Europea está dominada por la crisis y por un conflicto social, producto de las falsas salidas de ella como la austeridad, el principal conflicto en la política polaca se sigue dando en torno de la catástrofe del avión presidencial el año pasado, o sea en un campo simbólico.

El primer ministro Donald Tusk, que con su liberal-conservadora Plataforma Cívica (PO) enfrentará elecciones parlamentarias este mes de octubre, no deja de subrayar que Polonia ha sido el único país de la UE que no se desplomó. Que gracias a sus políticas correctas era una isla verde en un mar rojo de la crisis.

Piotr Kuczynski, un asesor y analista de mercados financieros comenta: Claro que el gobierno dice que fueron sus medidas. Pero en realidad nos salvamos por un abanico de factores, más bien objetivos.

Las regulaciones estrictas previnieron que los bancos se involucraran en los derivados, quedando relativamente inmunes a la crisis. Ya que las exportaciones representaban sólo 40 por ciento del PIB, un papel importante jugó la demanda interna, suavizando el impacto. Y como el país no entró a la zona euro, preservando su moneda, zloty, quedó fuera del torbellino desatado por las agencias de rating que en búsqueda de la ganancia combaten la moneda común europea. Además la pérdida de valor de zloty aumentó la competitividad. Y por último, Polonia ha sido el mayor beneficiario de los fondos para los nuevos miembros de la UE (unos 67 mil millones de euros), que estimularon a la economía.

Aunque el déficit creció, la situación es mejor que en el resto de la Comunidad: el año pasado fue de 7.9 por ciento; la deuda pública de 55 por ciento respeto del PIB.

Aunque Polonia, al contrario que algunos otros países, se defendió de los ataques especulativos orquestados a través de los Credit Default Swap (un seguro en caso de suspensión o cese de pagos), y estando fuera de la caldera del euro recibe buenos ratings, esto no significa que no hay problemas.

La inflación rebasa 5 por ciento. La especulación de las monedas afecta a millones de familias endeudadas por ejemplo en francos suizos. Las pequeñas y medianas empresas enfrentan serias dificultades. El desempleo alcanza 11.7 por ciento, y es aún más grave entre los jóvenes. Más de un millón y medio de personas están económicamente inactivas. Otros 2 millones que emigraron en busca de trabajo principalmente a Gran Bretaña e Irlanda, si más bien en su mayoría prefirieron no regresar, envían menos remesas.

Sin retornos masivos y sin mayores descontentos de los desempleados, el panorama social se presenta tranquilo. Pero esto puede cambiar. En el horizonte ya se ven indicios de una recesión mundial, consecuencia de las políticas de ajuste.

Mientras tanto, ya que desde el primero de julio Polonia asumió por seis meses la presidencia rotativa de la UE, algunos comentaristas piden que comparta sus recetas y enseñe posibles salidas de la crisis.

No ven que este país se salvó –hasta ahora– no gracias a las decisiones del gobierno, sino más a las circunstancias irrepetibles y no notan, que al mayor problema de la UE –la crisis del euro– no sólo no puede incidir, ya que los 17 países con la moneda común se opusieron a que un país de afuera participe en las reuniones sobre el tema, sino que se beneficia precisamente de esta condición.

Lo más preocupante es, sin embargo, que los políticos polacos no tienen ninguna narración coherente sobre el origen de esta crisis, ni tampoco que podría ser una respuesta a ella.

Según Tusk, la crisis en la eurozona surgió por los egoísmos regionales. El remedio sería entonces más solidaridad.

Es el mismo tipo de explicación cultural que culpaba por la crisis de 2008 a la codicia individual o que convencía que la crisis griega era resultado de una mentalidad sureña.

Esto no dice nada sobre el origen de las enormes deudas públicas, el papel de los bancos privados o agencias de calificación.

Hay sin embargo –subraya Piotr Kuczynski– una muy buena idea que Polonia podría promover durante su presidencia: es la tasa sobre las transacciones financieras (TTF), impuesto de 0.1 por ciento sobre los intercambios en bolsa propuesto por el premio Nobel de Economía James Tobin, reivindicado ahora por algunos economistas gubernamentales polacos.

Mirando al panorama mundial, Kuczynski prevé mucha fluctuación en el sistema: Creo que vivimos en una época de interregnum, pasando de un sistema al otro. El viejo, basado en el neoliberalismo se está muriendo y nace uno nuevo, que aún desconocemos.

¿Un analista de mercados financieros y un asesor de inversión, que aboga por la Tasa Tobin, habla con un lenguaje de Antonio Gramsci (crisis como interregnum) e Immanuel Wallerstein (bifurcación y transición hacia un nuevo sistema)?

Esto es algo que Polonia podría enseñarle no sólo a Europa, sino también al mundo entero.

*Periodista polaco