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Empleo y desempleo

La gran crisis global del trabajo
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Protesta contra la recién aprobada reforma constitucional española, a finales de agosto pasado, en el centro de ValenciaFoto Reuters
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Labores en una fábrica de computadoras en Sriperumbudur Taluk, en el estado indio de Tamil Nadu, en junio pasadoFoto Reuters
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Periódico La Jornada
Martes 20 de septiembre de 2011, p. 24

Con mucho, el mejor premio que ofrece la vida es la oportunidad de trabajar duro en algo que valga la pena, observó Theodore Roosevelt, entonces presidente de EU, en un discurso por el Día del Trabajo, en 1903. Hoy, miles de millones de personas en el mundo que buscan ese premio pueden acabar dándose un festín o padeciendo hambre. Aun en economías desarrolladas que atraviesan por una situación difícil, muchas personas, quizá más que nunca, tienen el empleo de sus sueños, perciben un buen sueldo y tienen la sensación de hacer algo valioso. En países emergentes prósperos, como China e India, muchos al menos tienen un empleo mejor del que alguna vez creían posible. Sin embargo, en buena parte del mundo el desempleo no cede y muchos de los trabajos existentes son mal pagados, pesados e insatisfactorios.

Esta situación tiene graves implicaciones políticas, por ejemplo para el presidente actual de EU, Barack Obama, quien podría perder el empleo de sus sueños por la percepción de que no ha logrado crear trabajos suficientes para sus conciudadanos. Cuando entró en la Casa Blanca, en enero de 2009, la tasa de desocupación en el país estaba por remontar 8%, cuando un año antes fue de 5%. De entonces a la fecha no se ha recuperado y ahora anda alrededor de 9%. Es probable que de aquí a la elección presidencial de noviembre del año próximo Obama sea perseguido por la frase recuperación sin empleos, y eso si la recuperación no recae en una recesión con aún menos empleos.

Por mucho que los estadunidenses se quejen, comparada con otras naciones su economía presenta un cuadro saludable. En las economías más débiles de la zona euro se han sacrificado empleos en nombre de la austeridad, en especial en el sector público, para no dejar de pagar deudas. La cólera ante el desempleo ha causado inquietud y porobablemente contribuyó a los disturbios del mes pasado en Gran Bretaña. En junio, miles de jóvenes desempleados españoles, conocidos como los indignados, luego de protestar en su patria, emprendieron una larga marcha hacia Bruselas para llamar la atención sobre la alarmante tasa de 40% de desempleo en su grupo de edad.

Fuera del mundo rico, la primavera árabe que derrocó los gobiernos de Túnez y Egipto fue desencadenada en parte por falta de empleos decentes para los jóvenes. Aun en las florecientes China e India los políticos se preocupan de cómo asegurar empleos decentes en número suficiente, en especial para jóvenes y personas con estudios superiores. Ambos países tienen aún cientos de millones de personas viviendo en la miseria, en especial en zonas rurales.

Sin embargo, mientras muchas personas enfrentan hambruna de empleos, una minoría se beneficia de una guerra por el talento cada vez más intensa. Esa minoría está en buena posición para demandar empleos interesantes y satisfactorios y fijar sus propios términos y condiciones. Pero, sobre todo, el sueldo de esas personas –desde ejecutivos hasta empleados de banca de inversión e ingenieros de software en Silicon Valley– sube como la espuma. Los más talentosos reciben cada vez más múltiplos del salario promedio, lo cual ha conducido a una creciente desigualdad de ingresos en muchos países que probablemente incremente las tensiones sociales.

Obama puede aducir con razón que fue electo en los días posteriores a una desaceleración económica que amenazaba con producir una nueva gran depresión, con una tasa de desempleo ante la cual la de hoy día parecería un escape afortunado. El estímulo global coordinado aplicado por miembros del G-20 en 2009, aunque lejos de ser perfecto, ayudó a salvar al mundo de algo mucho peor, aunque es probable que eso sea magro consuelo para los 205 millones de habitantes del planeta que hoy carecen de empleo. Tampoco hay mucho espacio para mayores estímulos.

Sin embargo, el actual sufrimiento en materia de trabajo es más que el resultado de la crisis financiera. La globalización y la innovación tecnológica producen cambios a largo plazo en la economía mundial que alteran la estructura del mercado de trabajo. En consecuencia, es probable que el desempleo se mantenga alto en las economías ricas aunque disminuya en las pobres. Edmund Phelps, premio Nobel de Economía, cree que en EU la tasa natural de desempleo (debajo de la cual una mayor demanda haría crecer la inflación) a mediano plazo es ahora de alrededor de 7.5%, significativamente mayor que hace unos años.

Otro premio Nobel, Michael Spence, en un artículo reciente en Foreign Affairs, coincide en que la tecnología lesiona el empleo en EU y otros países ricos, pero sostiene que la globalización es el factor más potente. Un 98% de los 27 millones de empleos netos creados en EU entre 1990 y 2008 fueron en el sector no comercial de la economía, el cual sigue relativamente intacto por la globalización, en especial en el gobierno y en la atención a la salud, de los cuales al menos el primero tiene pocas probabilidades de generar muchos empleos nuevos en el futuro previsible. Al mismo tiempo, añade Spence, la mezcla de empleos disponibles para los estadunidenses en el sector comercial (incluida la manufactura) que sirve a mercados globales varía con rapidez, de modo que un número cada vez mayor de plazas están sólo al alcance de aptitudes sobresalientes y con estudios superiores.

El temor a un persistente desempleo ha convertido en best-seller el libro The great stagnation: how America ate all the low-hanging fruit of modern history, got sick, and will (eventually) feel better –El gran estancamiento: cómo EU se comió todas las frutas de las ramas bajas de la historia moderna, se enfermó y cómo (con el tiempo) se sentirá mejor–, de Tyler Cown. El autor sostiene que durante gran parte de su historia EU (y hasta cierto punto otros países ricos) disfrutó de los beneficios de tierra vacante, mucha mano de obra inmigrante y potentes nuevas tecnologías. Pero en los 40 años pasados estas ventajas se han extinguido y el país se encontró en una meseta tecnológica. Ante la pregunta obvia referente a la Internet, replica que la red ha dado muchas cosas útiles a los usuarios, pero no muchas ganancias… y relativamente pocos empleos nuevos.

Reducir esta nueva tasa natural de desempleo requerirá de reformas estructurales, como cambiar los programas de estudio para que los egresados salgan con las capacidades que buscan las empresas, ajustar el sistema impositivo y modernizar la red de seguridad social, y por encima de ello crear un clima favorable a la innovación y la actividad emprendedora. Ninguna de esas reformas es fácil, y llevará tiempo producir resultados, pero los gobiernos en todo el mundo deben presionar para que se hagan realidad.

Los cambios que ahora se llevan a cabo representarán enormes retos no sólo para los gobiernos, sino también para los patrones y los trabajadores. Para entender por qué son tan emocionantes para algunos y tan preocupantes para otros, podemos empezar por la sección oConomy en el sitio web oDesk, uno de los florecientes sitios de mercado para quienes trabajan por su cuenta. En julio pasado unas 250 mil empresas pagaron a 1.3 millones de contratistas registrados que ofrecen sus servicios allí, por más de 1.8 millones de horas de trabajo, casi lo doble que un año antes.

ODesk, fundado en Silicon Valley en 2003, es un sitio que cambia el juego, según su director, Gary Swart. Este sitio lleva la subcontratación (outsourcing) al nivel del trabajo individual. Según él, el concepto de trabajo como servicio satisface tanto a los empleadores, que pueden tener trabajadores a mano cuando los necesitan, como a los empleados, que pueden ganar dinero sin las dificultades de buscar trabajo en una gran empresa e incluso sin salir de casa.

Aún es pequeño, pero oDesk muestra la forma en que la globalización y la innovación de la tecnología de la información, las dos grandes tendencias del mundo actual, caminan hacia un mercado laboral unificado. Gran parte del trabajo en oDesk proviene de empresas en economías ricas y va hacia personas en países en desarrollo, sobre todo en Filipinas e India. Realizar una tarea por medio de oDesk puede reducir el costo hasta la décima parte de lo normal. Así pues, el traslado del trabajo al extranjero en busca de reducir costos ya no se limita a las manufacturas, sino también incluye ahora labores de oficina, desde la programación de computadoras hasta la redacción de textos y de documentos legales. Es probable que esto tenga gran impacto en los salarios y honorarios en todas partes.

¿Quién se comió mi trabajo?

Esta situación causa alarma entre empleados de oficina de grado medio en el mundo rico, quienes han visto lo que ocurrió con los trabajos fabriles en sus economías. En cambio, trabajadores en mercados emergentes que tienen las aptitudes necesarias están de plácemes. “En una semana en oDesk gano lo que en un mes de maestra de escuela, y tengo más tiempo para estar con la familia”, afirma Ayesha Sadaf Kamal, redactora freelance en Islamabad. A la inversa, Janet Vetter, quien era redactora de tiempo completo en una revista en Nueva York, perdió el empleo y ahora oscila entre trabajos de medio tiempo y por su cuenta. Trabajando por mi cuenta me siento aislada y no tengo seguro social; es demasiado caro, expresa.

Es tentador pensar en la globalización del mercado laboral como un juego de suma cero en el que la trabajadora paquistaní se beneficia a expensas de la estadunidense. Según algunos economistas, esos cálculos adolecen de lo que llaman la falacia del monto total de trabajo, la creencia de que hay una sola cantidad fija de trabajo en el mundo. Sostienen que una mejor explicación es la teoría de la ventaja comparativa, una de las más aceptadas en economía, la cual sugiere que los mercados libres mejoran el mundo porque cada quien puede dedicarse a lo que hace mejor.

Sea como fuere, un mercado laboral global no hará prósperos a todos: habrá perdedores y ganadores, y si las pérdidas son demasiado dolorosas habrá mucha resistencia al cambio. Por ejemplo, el PIB total mundial podría duplicarse si se retiraran todas las barreras al movimiento libre del trabajo, sostiene Michael Clemens en un artículo reciente, Economics and emigration: trillion-dollar bills on the sidewalk? (Economía y emigración: ¿billetes de un billón de dólares en la acera?) Sin embargo, las implicaciones políticas de tal migración en masa harían improbable que los gobiernos, en especial en países ricos, abrieran incondicionalmente sus puertas.

En comparación con brotes previos de integración global y elevación tecnológica, los cambios que hoy día tienen lugar en el mercado laboral podrían producir un número descomunalmente grande de perdedores, en parte porque han coincidido con una recesión particularmente profunda y en parte porque ocurren con excepcional rapidez. La prioridad para los políticos debe ser mantener el número de perdedores lo más bajo posible.

Fuente: EIU

Traducción de textos: Jorge Anaya

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