Sociedad y Justicia
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Congreso de exorcistas sobre la sanación y expulsión de demonios

La maldad de los narcos no es obra del diablo, sino ansia de poder: sacerdote
Carolina Gómez Mena
 
Periódico La Jornada
Miércoles 28 de septiembre de 2011, p. 37

Las faltas humanas dan pie a que el mal se manifieste, tanto en vidas individuales como en las sociedades. Para superar esto es primordial el arrepentimiento y clamar a Dios por su poder sanador, señalaron asistentes al quinto Congreso Nacional de Exorcistas, que comenzó ayer en un hotel al sur del Distrito Federal.

El experto en exorcismos, sacerdote Sante Babolin, procedente de Padua, Italia, señaló que es a través de las heridas abiertas del hombre por donde la maldad se infiltra y actúa, y consideró que la violencia es una de las consecuencias del algunas de estas heridas.

Francisco Clavel Gil, obispo auxiliar de la arquidiócesis de México, indicó durante la misa inaugural que los mexicanos deben solicitar el poder sanador de Dios para liberar a esta nación de la corrupción, de la droga, de la ambición, del poco respeto a la vida. Dios, por nuestro medio, por la rectitud de la vida de los agentes cristianos, puede curar a este pueblo al que pertenecemos.

Ante sacerdotes y agentes de pastoral que asisten al encuentro La sanación, liberación y expulsión de demonios, indicó que “la salvación radica en el arrepentimiento y en la conversión a Dios y al evangelio, y agradeció a quienes trabajan en la pastoral de sanación y liberación, pues buscan fortalecer la voluntad de los bautizados para oponerse al mal con la fuerza de Dios.

Pedro Mendoza Pantoja, coordinador general de exorcistas de la arquidiócesis de México, sostuvo que la falta de fe abre puertas a la maldad y endurece el corazón, lo que en parte explicaría por qué en algunas vidas comienza a predominar el mal.

Entrevistado por La Jornada, indicó que en México no se requieren exorcistas, sino que los sacerdotes hagan su trabajo, que evangelicen, reaviven la fe; no se requiere sacar diablos, sino meter a Cristo, y descartó que la maldad que evidencian los cárteles se deba a la influencia del diablo, pues obedece a razones más terrenales, como la desintegración familiar y el “ansia de poder y riqueza, porque ser narco es una enfermedad de poder y riqueza”.

Resaltó que la familia desintegrada no está educando en la fe, y los jóvenes son víctimas fáciles de supersticiones y de la delincuencia. Desde jovencitos matan y van perdiendo el temor, el respeto a la dignidad y al ser humano; lo ven como un trabajo más.

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