Opinión
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La generación del milenio
Arturo Balderas Rodríguez
D

urante el periodo 1982-2003, en Estados Unidos nacieron 95 millones de niños. Son los que se conocen como la generación del milenio. La característica general de ésta, de acuerdo con un estudio que se publicó de manera reciente en el libro Millenium momentum, es su creciente tendencia a entender y enfrentar socialmente los retos de su vida diaria.

Según el estudio, a diferencia de otras generaciones en que el individualismo ha sido la norma, en la del milenio prevalece la idea social en la mayor parte de sus actividades cotidianas: trabajo, deportes o esparcimiento. Fue la que llevó al poder a Barack Obama, convencida de que representaba un alejamiento del cinismo que caracterizó la política en la década anterior.

Los autores coinciden en que algunos movimientos sociales recientes, como la primavera árabe, son expresión de quienes forman parte de esa generación. Otra característica especial de ésta es su heterogeneidad racial. Asiáticos, afroamericanos, latinos y sajones han dejado atrás la predominancia de una etnia sobre las demás.

Para la generación del milenio la ideología no es determinante, como lo fue para quienes encabezaron en los años 60 las manifestaciones contra el status quo, la guerra de Vietnam, las dictaduras, la represión y la corrupción en los gobiernos de más de una nación.

Lo mismo en Francia que en Estados Unidos, Argentina o México, en esos años la inconformidad y las protestas estuvieron casi siempre matizadas por un marco ideológico de izquierda. Al menos hasta ahora, en la generación del milenio parece haber un sentido más pragmático en sus expresiones de inconformidad. Los jóvenes parecen estar más dispuestos a concertar acuerdos sobre la forma de resolver sus problemas y los de la sociedad en que viven.

Todo ello sucede en momentos en que las desigualdades sociales y económicas crecen dentro y entre países en todo el mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, el 5 por ciento más rico de la población vio crecer sus ingresos aproximadamente 80 por ciento, mientras para el 20 por ciento más pobre disminuyó casi 10.

No está claro cómo responderá la generación del milenio a ese empobrecimiento de la mayoría, pero no sería extraño que también se rebelara contra un sistema social en cuya base descansan esas desigualdades. Por lo pronto, un grupo de jóvenes, cuya composición destaca por su diversidad, ha tomado Wall Street de manera simbólica para protestar por las condiciones que permiten el continuo enriquecimiento de los señores del dinero pertenecientes al selecto grupo que despacha ahí.

En esta feria de enriquecimiento sin límite de unos cuantos, esta protesta es una bocanada de aire fresco y promesa de una sociedad menos desigual y más justa en la distribución de la riqueza a la que, en última instancia, todos contribuyen.

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