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Hemingway era pobre en dólares, yo en moneda peruana; soy más feliz que él, dice en Jalapa

Bryce Echenique escribe ahora con más ironía, la sonrisa de la razón

El escritor peruano es invitado del Hay Festival, que concluye hoy

En entrevista con La Jornada se reconoce como mentiroso, en la medida en que pueda narrar un buen cuento

Ericka Montaño Garfias
Enviada
Periódico La Jornada
Domingo 9 de octubre de 2011, p. 2

Jalapa, Ver., 8 de octubre. Antes de Un mundo para Julius, hubo en Perú un niño terriblemente mentiroso, porque encontraba muy aburrida la realidad, y le contaba cuentos a mis amigos que me oían y se creían cosas bastante inverosímiles. Hoy, 40 años después de su primera novela, Alfredo Bryce Echenique dice: En la medida en que pueda contar un buen cuento, sigo siendo un mentiroso.

Bryce Echenique es otro de los invitados del Hay Festival. Camina tranquilo por los pasillos del hotel, saludando a todo mundo, aunque en realidad dice que nunca ha sido sociable y más bien es tímido.

Soy de las personas que aprecian mucho la sobremesa, porque ahí se intercambian historias, y me encanta escucharlas, no solamente contarlas yo. Hago una distinción radical: una cosa es mentir y otra cosa engañar, la mentira es gratuita, puede ser divertida, no hace daño a nadie, todo lo contrario, puede causar alegría, arreglar una fiesta que no va bien, pero el engaño es estafa, es otra cosa, expresa el escritor peruano en entrevista con La Jornada.

Ya son 44 años de escritor, antes de Un mundo para Julius publicó el libro de cuentos Huerto cerrado, y hoy “vivo uno de los mejores momentos de mi vida. Doy gracias a la vida literaria, y a la vida en general, porque supe hacer las cosas con valentía, a tiempo, al enfrentarme a una familia que se oponía rotunda y violentamente a que yo emprendiera ese camino y a autoexiliarme, porque tuve que irme de Perú para que no se burlaran de mí, porque mis amigos se reían, me decían: ‘no vales nada, no haces más que cuentos, mentiroso del diablo’.

“Lo decían con cariño, pero me hería, me sentía incomprendido, y ahora creo que me respetan bastante, porque ya una vez que te ven en los periódicos creen que eres candidato a la presidencia... gracias a Dios que no me da por ahí.

Los amigos me quieren y me admiran, aunque no lo reconozcan, añade el autor de La vida exagerada de Martín Romaña. No he sido un hombre sociable, soy bastante más tímido de lo que parezco, y miedoso para muchas cosas, con fobias. Estoy escribiendo como siempre, y espero que si vivo varios años más sea con buena salud mental para poder seguir en lo mismo, no trato de ser mejor, lo único que trato es no ser peor.

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Un mundo para Julius y Huerto cerrado son dos de las publicaciones primigenias del escritor peruano, en esta imagen, durante la entrevista con La JornadaFoto Sergio Hernández Vega

Otras cosas han cambiado con el tiempo, “me he vuelto más irónico, ya me río un poco. Siempre he sabido reírme de mí mismo. El humor está presente en todos mis libros, la ironía, no es un humor cruel que se burle del manco, el cojo, el jorobado, el tuerto, del que se cae. El humor que es toda la tradición española que viene desde Quevedo, sino más bien el humor cervantino. La ironía es la sonrisa de la razón, digámoslo así, y creo que con eso, pues, me he sabido reír de mí mismo viéndome como escritor. Me acuerdo que Hemingway solía decir que para ser feliz en París, cuando uno era escritor, había cuatro requisitos: trabajar mucho, estar muy enamorado, ser muy joven y ser muy pobre.

Él era pobre en dólares, yo en moneda peruana, entonces soy mucho más feliz que Hemingway.

Bryce Echenique sigue trabajando en un nuevo proyecto: la historia del ascenso, consolidación y caída de una familia rica (que comenzó justamente con Un mundo para Julius). Para eso he tenido que leer una enorme cantidad de libros de historia de familias ricas en Perú; es un tema muy estudiado por expertos, sociólogos estadunidenses, politólogos, el porque en Perú las fortunas no han durado nunca más de 70 años, tres generaciones.

Seguir escribiendo ficción. Ése es su reto. Y recuerda a Albert Camus, uno de sus escritores favoritos, autor de un libro que parece escrito ayer, en el que analiza desde el terrorismo hasta a los rebeldes metafísicos, como llamaba a los escritores.

“¿Por qué los hombres necesitan escribir novelas?, y además, ¿por qué encuentran lectores, cuando pueden leer y escribir historia real, científicamente escrita, con bases investigación? Porque el ser humano se rebela, es el rebelde contra el destino que le ha dado en nuestro mundo cristiano, de herencia católica.

La rebeldía del escritor consiste en crear personajes que comienzan y llegan a un final. El ser humano no conoce su destino, porque sólo se cumple cuando ya se murió, lo conocen los demás, pero él tiene esta angustia muchas veces, y el escritor hace ficciones que remplazan la realidad, la crean de otra forma, una literaria, y llevan al hombre hasta la desembocadura del río, al mar. Por eso se escribe, por esa angustia e insatisfacción profunda con la realidad y por eso se leen novelas.