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Es símbolo de la modernización porfiriana y considerada por Conaculta patrimonio de México

En ruinas, la histórica estación ferroviaria Irolo, en Hidalgo

La empresa Ferrosur la utiliza como centro de control para el tráfico de trenes y carga

Según vecinos también concentra a indocumentados detenidos por policías y agentes de migración

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La estación de tren Irolo nació hace 140 años y actualmente el edificio principal, la bodega, el muelle de carga y las casas de sección se encuentran en el semiabandonoFoto Armando Cruz
Armando Cruz Sánchez
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 9 de octubre de 2011, p. 28

Irolo, Hgo., 8 de octubre. Considerada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) patrimonio ferroviario de México, la estación Irolo está convertida en ruinas por el abandono de la empresa Ferrosur, que la utiliza como centro de operaciones para el control del tráfico de trenes y carga de la ruta México-Veracruz del antiguo Ferrocarril Mexicano, misma que le fue adjudicada durante la privatización de Ernesto Zedillo entre 1997 y 1999.

El edificio principal, la bodega, el muelle de carga y las casas de sección se encuentran en abandono total, controlados por guardias de seguridad priva- da agresivos que, según testimonios, colaboran con los agentes de migración y las policías municipal y estatal en la persecución de indocumentados.

Ferrosur –representada por Lorenzo Reyes Retana en el consejo de administración de la Asociación Mexicana de Ferrocarriles– es una de las seis empresas dominantes del tráfico ferroviario por las viejas rutas de Ferrocarril Central, el Interoceánico, el Mexicano y los ferrocarriles del Noreste y Noroeste.

La estación Irolo nació en la década de los 70 del siglo XIX con el boom ferrocarrilero del porfiriato y fue un importante punto de donde partían los cargamentos de barras de plata de las minas de Pachuca a Veracruz y a la ciudad de México en los vagones del Ferrocarril Mexicano.

Obregón acampó en Irolo

Álvaro Obregón acampó en Irolo el 23 de enero de 1915 mientras combatía a los zapatistas; Ignacio Manuel Altamirano cita a la estación como parte de su libro Paisajes y Leyendas, y Enrique Canudas Sandoval, en su Historia de la plata en la historia de México, refiere que los trenes de Irolo daban pésimo servicio con asientos de bejuco destruidos, iluminación insuficiente y siempre llevaban sobrecarga de pasajeros.

Para 1884 la ruta México-Irolo-Pachuca, de acuerdo con Canudas Sandoval, formaba parte de los 3 mil kilómetros de vías férreas en operación y de las 21 rutas que corrían por el territorio nacional, entre otras México-Veracruz, Monterrey-Frontera, Tampico-San Luis y México-Cuautla.

Hoy Irolo dista mucho de ser una de las estaciones ferroviarias orgullo de la modernización porfiriana, pues se encuentra reducida a un ruinoso conjunto de inmuebles ocupados por Ferrosur y, eventualmente, por la migra hidalguense durante los operativos que realiza en la zona en busca de indocumentados.

Eusebio Cárdenas Islas, vigilante y controlador de corridas de trenes y carga de Ferrosur, reveló: las instalaciones son arrendadas (por el gobierno federal), todo esto ha sido rentado por Ferrosur, dijo.

En busca de más información, el corresponsal de La Jornada fue agredido verbalmente por el supervisor de los guardias de la empresa de seguridad privada contratada por Ferrosur, quien amenazó con echarle a la policía e intentó arrebatarle la cámara al fotógrafo, aduciendo que estaban en terreno federal.

En su calidad de arrendatario, Ferrosur permite que las instalaciones sean usadas por el Instituto Nacional de Migración como centro de concentración de los indocumentados detenidos para su revisión médica y su posterior traslado a Pachuca y a la ciudad de México, según versiones de vecinos que crecieron y viven en las inmediaciones de las vías del ferrocarril.

Lo anterior, no obstante que Conaculta la considera patrimonio ferrocarrilero, protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia con número de registro 13061912001.

Como consuelo se puede decir que Irolo no es la única estación abandonada a lo largo de la línea concesionada a Ferrosur. Está también la de Fortín, en Veracruz, que eventualmente podría ser restaurada por el ayuntamiento de esta localidad.