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En los libros hallé la paz que buscaba en esta etapa de mi vida, dice

Tiene 103 años de edad y está a punto de concluir la primaria en Aguascalientes
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Doña Epifania de Lira Muñoz, a sus 103 años está a punto de concluir la educación primaria en el Instituto para la Educación de las Personas Jóvenes y Adultas de AguascalientesFoto Claudio Bañuelos
Claudio Bañuelos
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 9 de octubre de 2011, p. 29

Aguascalientes, Ags., 8 de octubre. El dicho nunca es demasiado tarde se aplica a Epifania de Lira Muñoz, quien a sus 103 años de edad está a punto de concluir su instrucción primaria en el Instituto para la Educación de las Personas Jóvenes y Adultas del estado (Inepja).

La anciana ingresó en 2006 al sistema básico donde aprendió a leer, escribir y matemáticas. Debido a su salud precaria, el recorrido de los 12 módulos ha sido lento. No obstante, en enero próximo podría alcanzar la primera meta que se fijó: tener la primaria e iniciar la secundaria.

Epifania, quien acude dos o tres veces por semana al punto de encuentro, ubicado en la escuela Club de Leones de la colonia San Felipe, en el centro de esta capital, indicó que su acta de nacimiento está fechada el 7 de abril de 1908 y nació en San José de la Ordeña, comunidad situada al oriente de esta capital.

Después de que se murió mi papá Rafael de Lira, mi mamá y mis seis hermanos (cuatro mujeres y dos hombres), llegamos a la ciudad en busca de mejorar nuestra vida, pues ya no teníamos dinero y debí trabajar desde niña, ayudándole a mi mamá con el aseo en casas. Estudiar era un lujo en esos tiempos, recordó.

Luego me casé con Manuel García López y tuvimos seis hijas. Mi esposo murió en 2006. Allí su hija Guadalupe la metió a la escuela Club de Leones para enseñarla a leer y escribir, y sobre todo para distraerse.

Con la ayuda de mis hijas o mis nietos voy a mis asesorías, ellos me esperan hasta que termina; cuando no me duelen mis piernas nos regresamos caminando a la casa, y en el camino les platico lo que aprendí en mi clase, comenta la alumna del Inepja.

Otra de sus hijas, María Isabel, de 82 años, se contagió del ánimo de su mamá, de sus ganas por aprender y siguió su ejemplo, por lo que ahora también estudia la primaria junto con su progenitora.

La paz y la tranquilidad que buscaba en esta etapa de mi vida la hallé en los libros, afirma.