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El escritor presentó ayer Imbéciles anónimos, ganadora del premio José Rubén Romero 2009

Nihilismo, buena característica de nuestra generación: Mariano Leyva

La obra es un ajuste de cuentas de los nacidos en los años 70, afirmó J.M.Servín

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La obra es coedición de Random House Mondadori, el gobierno de Michoacán y el INBAFoto María Luisa Severiano
Fabiola Palapa Quijas
 
Periódico La Jornada
Lunes 10 de octubre de 2011, p. a11

Sin clichés y los tradicionales elogios hacia el autor que convierten a las presentaciones literarias en penosas y fatigosas –como señaló el narrador J.M. Servín–, se presentó este domingo la novela Imbéciles anónimos, de José Mariano Leyva, ganadora del Premio Bellas Artes José Rubén Romero 2009 y coeditada por Random House Mondadori, el gobierno de Michoacán y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Durante el acto, que se realizó en la sala Manuel M. Ponce del recinto cultural, José Mariano Leyva no sólo se refirió a la trama de la novela, que refleja las preocupaciones de una generación, también habló del presente, del México que ya no existe, del ser humano, a quien ya no le interesa vivir con alguien más porque la realidad lo obliga a estar en un eterno escape.

En una carta dirigida a los personajes principales de Imbéciles anónimos, en una especie de epílogo, Leyva explicó que el ego sometido es también una forma de madurez.

El país se ha despedido de muchas cosas, es otro por completo; tal vez ya no se reconoce... irrumpir con armas en las casas, con la crueldad como la insignia mejor respetada, cifras que en realidad son muertos, ver diferentes Méxicos con tanta violencia. El dolor ha causado depresión y desesperación; una sola muerte es la avalancha de la desesperación y ahora también es la indignación ante el terror. Esta realidad hace que muchos fracasos parezcan normales.

Respecto del vacío existencial que plantea en el libro, el autor comentó: “Busqué que los cuatro personajes principales fueran un poco representativos de una generación, pero no son la generación; creo que las constantes de este grupo se ven también en el volumen El complejo Fitzgerald. La realidad y los jóvenes escritores a finales del siglo XX en México.

En la obra existe vacío, nihilismo y apatía, pero es necesario hacer una clara distinción entre estos estados, porque la apatía es cuando no te interesa leer periódicos ni saber qué pasa con el país; nihilismo puede ser mucho más interesante, puede ser que leas, que te involucres con la política y al mismo tiempo no estar de acuerdo con las opciones, y esto puede ser, más que un defecto, una buena característica de nuestra generación.

En opinión del también historiador, el vacío existencial de la juventud puede ser el empezar de nuevo, sin vicios antiguos, evitando propuestas e ideologías que el día de hoy no nos satisfacen para nada.

El novelista considera la literatura como evocación distante y satisfactoria. Cuando un pasado se contrapone a cierto presente, la literatura se convierte en un recordatorio de calles, de los imponderables (personajes de la historia), reminiscencia pausada y fiel consigo misma.

Para evitar elogios y clichés, que surgen en las presentaciones literarias, el cronista J.M. Servín hizo una aproximación a Imbéciles anónimos como lector, y compartió con el público algunos comentarios sobre la novela.

Aclaró que a diferencia de muchas obras que circulan en el país, Imbéciles anónimos es difícil de leer, lo cual es un logro, porque está de moda escribir la literatura que parece historieta populachera, donde todos los protagonistas hablan como personajes de Chespirito.

Servín también subrayó que el discurso literario de Leyva plantea un vacío existencial donde el consumo de drogas aparece por fin como hábito de clase media, que puede incluirse dentro de sus gastos de diversión o de ocio, y no como algo contracultural que obedece a personajes marginales que viven en las calles.

Se trata de una novela complicada, discursiva, donde se plantean muchas interrogantes y con una especie de ajuste de cuentas generacional de los nacidos en los años 70 o bien de la generación del propio Mariano Leyva, agregó Servín.

La obra narra la historia de cuatro jóvenes con personalidades disímiles: una frustrada aspirante a diyéi con convicciones feministas, un escritor homosexual en crisis de pareja, un gerontofílico fetichista y un adicto a las drogas duras, con la finalidad de mostrar la condición de aislamiento que sufren los jóvenes contemporáneos.

Para el narrador, cronista y ensayista José Joaquín Blanco, la obra de Leyva además de reflejar la ola de crímenes que existen en el país, presenta material verbal ríspido, para satirizar a una decena de personajes de tiempos recientes en México con sus desencantos, adicciones, pretensiones y fracasos.

Imbéciles anónimos es una diatriba ceremoniosa, formal detallista, ácida, a menudo sentenciosa, que no sólo corre a cargo del autor, sino de otro autor-personaje dentro de la novela curiosamente también llamado José Mariano Leyva y de los demás personajes amargos y desencantados”, concluyó Blanco.