Opinión
Ver día anteriorDomingo 23 de octubre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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La invasión de Veracruz
U

n problema nacional muy serio a heredar por Calderón, muy serio en verdad, aunque por hoy pase casi desapercibido, es el sordo conflicto entre el Ejército y la Marina. Léase Sedena y Semar. Un conflicto de jurisdicciones y espacios territoriales. Conflicto que no existe en otros países, ni aún en los latinoamericanos. Mismo Estados Unidos lo resolvió en l947 con un acto de firmeza y criterio políticos de Truman, venciendo las lógicas resistencias de la Marina. Calderón en vez de apagar o controlar con equilibrios una complicación latente, la ha avivado con predilecciones evidentes hacia la Armada.

Invariablemente las relaciones entre las dos fuerzas han sido de ejemplo de mutuo respeto y especial aprecio, han sido las de una fraternidad, aunque en el fondo la Marina siempre ha abrigado el temor de que las cosas pudieran regresar al estado de agrupación que se tenía hasta el primer día de 1941 en que desaparece Guerra y Marina. Ese día se crearon dos secretarías y se generó esta sorda situación de tener que aceptar por parte de las dos un status quo enojoso.

Al inicio del gobierno de López Portillo se desincorporaron de Marina todas aquellas funciones y recursos que correspondían a temas vinculados con la mercante, trasladándolos a Comunicaciones y Transportes. Significó un golpe muy duro para su orgullo, pues aquellos espacios eran recursos alternos de poder y de intereses complementarios a los que ofrecía la exigua Armada. López Portillo no dio el paso definitivo que se le recomendaba de unificar a las fuerzas armadas.

Calderón, seducido por ciertas artes que despliega el secretario de Marina, quien conoce sus debilidades, a lo largo de cinco años ha permitido la transformación de la Armada hacia un cuerpo de tierra, rivalizando abiertamente con el Ejército. Prueba de ello es la cantidad de unidades de infantería de marina y de equipos de uso terrestre que se han creado. La Heroica Escuela Naval hoy tiene más alumnos en esta última disciplina que en los dedicados a ciencias del mar. Más preciso, indicar que los aumentos presupuestales entre 2007 a 2010 han sido de 99 por ciento para Semar y de 92 por ciento para Sedena

Atendiendo a la urgencia o a limitaciones del Ejército, que es una discusión distinta, hoy tropas de la Secretaría de Marina operan en espacios que le son tan absurdos como Durango, exaltando un sentimiento triunfalista entre sus elementos y de profunda molestia en los del Ejército. Esto ha planteado un jaque al interés nacional. El posible conflicto es de esa magnitud y Calderón no lo quiere ver.

Se agrega a lo anterior la ambición y el protagonismo del secretario de Marina, que actúa ya en extremos peligrosos incluso en materia de política exterior. Promueve la relación irrestricta, aún oculta a la opinión pública, con los servicios de inteligencia estadunidenses, sin consulta ni coordinación con nadie, y lleva relaciones personales frecuentes con los titulares de comandados unificados estadunidenses que son el brazo armado de potencial terrible del Pentágono, principalmente con el del Comando del Norte, que tiene bajo su égida desde Alaska hasta el Canal de Panamá, obviamente incluyendo a México. Sus vínculos con altos funcionarios del Departamento de Defensa son constantes con una falaz simpatía por parte de ellos.

Esta situación es un peligro de múltiples caras para nuestro país, pues la relación con Estados Unidos habrá de endurecerse en el futuro y está sentado ya un principio de penetración que ellos sabrán explotar. Dos secretarías habrían sido omisas al no advertir a Calderón sobre estos peligros internos y externos: Gobernación y Relaciones Exteriores. Si no lo hubieran hecho sería porque observan cómo pesan los afectos del Presidente en sus decisiones.

La explicación presidencial por autorizar al almirante a actuar como se está viendo fue que Veracruz es un ámbito moral de Marina, otra vez la levedad en el poder. El riesgo indiscutible de heredar una confrontación que pudiera llegar a expresarse en conflictos mayores y peor, incluso en hechos es tan grande que debería dársele la más delicada atención.